Elecciones: Pruebas de continuidades y retornos

El pasado 11 de abril, Ecuador, Perú y Bolivia fueron a las urnas para decidir sobre su futuro en un contexto de inestabilidad política, emergencia sanitaria por COVID-19 y recesión económica. ¿Qué podemos rescatar?


Ecuador, Perú y Bolivia pusieron a prueba sus democracias el pasado 11 de abril, demostrando cambios y retornos en tres países con escenarios políticos convulsionados en los últimos años. En Ecuador, se decidió en segunda vuelta quién ocuparía la presidencia, abriendo la incógnita acerca del regreso o no del Correísmo. En Perú, se elegiría la presidencia y 130 congresistas, con el interrogante sobre la vuelta de un Fujimori en el poder. En Bolivia, 4 departamentos votaron a sus representantes e iniciaron el debate respecto de la crisis de liderazgos al interior del partido gobernante.

En Ecuador, los ciudadanos decidieron la investidura del banquero conservador Guillermo Lasso del Movimiento Creando Oportunidades (CREO) como presidente -sucesor de Lenín Moreno-, frente al izquierdista Andrés Arauz de Unión por la Esperanza (UNES) -símbolo del regreso del Correismo como actor político en el país-.

De esta manera, Guillermo Lasso obtuvo la victoria con un 52,5% de los votos, representando al sector más radical de la élite bancaria y la financiarización económica, con un perfil autoritario –asociado a la desaparición forzada de personas y la conformación de “escuadrones de la muerte” de los ’80-. Lasso se valió del anticorreismo y de una campaña de articulación de demandas heterogéneas, prometiendo dirigir el gobierno a través de la defensa de un libre mercado que favorezca la inversión y acercando a Ecuador a los intereses estadounidenses en la región. En cambio, su rival, Arauz, había prometido una subida de impuestos y una disputa con el FMI; apoyándose en la base sólida de su alianza con el expresidente Rafael Correa (exiliado en Bélgica, tras la acusación y sentencia por causas de corrupción) que le había permitido ganar en primera vuelta, pero no así en el ballotage.

Un aspecto importante a destacar es que a pesar de no haber obtenido la victoria, el Correismo logró el 47% de los votos; a la vez que permanece como la primera mayoría en la Asamblea Nacional, con 49 de los 137 escaños.

De este modo, el gobierno de Lenín Moreno se retira del poder con las más bajas tasas de aprobación en la historia del país, habiendo aplicado un fuerte programa de ajuste -que desencadenó en los estallidos populares de octubre de 2019-, a lo que se suma una mala gestión de la pandemia. Con el acceso de Lasso a la presidencia, todo indica que Ecuador avanzará hacia una aseveración del neoliberalismo y contra las fuerzas progresistas y populares.

Por otra parte, las elecciones peruanas eran las más significativas, en tanto que debían resolver la crisis político-institucional que padece el país desde que Alberto Fujimori abondonó el poder en los 2000, a raíz de los escándalos de corrupción que lo llevaron a la cárcel. En este sentido, se eligieron 130 congresistas, pero no pudo erigirse un ganador que ocupe la presidencia de entre los 18 candidatos enlistados, dejando abierta la contienda hasta junio, cuando se dé la segunda vuelta electoral.

El escenario político de Perú es caracterizado en las últimas décadas por su inestabilidad, en tanto que puede rastrearse una serie de presidentes –e incluso todo el Congreso- derrocados por escándalos de corrupción. A esta situación se le agrega el aliciente de la fuerte fragmentación tras la renuncia del presidente Pedro Kuczynski en 2018, que ocasionó la sucesión de tres personas en su cargo: Martín Vizcarra, quien fue destituido; Manuel Merino, quien renuncia pocos días después de su ascenso, en medio de acusaciones de formar un complot para derrocar a Vizcarra y de numerosas protestas sociales; y Francisco Sagasti, quien en la actualidad ocupa el cargo de presidente interino.

En este contexto, se fortalecieron los discursos radicalizados, lo que llevó a los votantes a optar por los extremos de la polarización o por una creciente indiferencia –como muestra de ello, se observa que la suma de los votos en blanco y nulos superó a la de cada uno de los candidatos que se presentaron-. Así, las elecciones de abril sirvieron de crisol, dejando a Pedro Castillo de Fuerza Perú y Keiko Fujimori de Fuerza Popular, como los candidatos de segunda vuelta.

Por un lado, Castillo es un dirigente sindical y maestro de primaria, de procedencia campesina, vinculado a la agenda de sectores evangélicos y con un discurso de izquierda marxista, nacionalista y ambiental, quien promete la redacción de una nueva Constitución, incrementar la regulación estatal de la economía y renegociar los contratos de las empresas extractivas, aunque sin sumarse a las propuestas de la izquierda en cuanto al aborto, la perspectiva de género y los derechos de la comunidad LGBTIQ+. El candidato significó una gran sorpresa, pues consiguió el primer puesto –obtenido el 19,01% de los votos-, a pesar de su poca presencia en las redes sociales y de haber sido acusado de simpatías con Sendero Luminoso.

Por otro lado, Keiko Fujimori, hija del expresidente e involucrada en el caso Odebrecht –que originó la renuncia de Kuczynsky-, centró su campaña en el indulto a su padre y en el regreso de la mano dura que caracterizó ese gobierno, fuertemente cuestionado por la violación de derechos humanos.

Si bien las proyecciones ponen sus expectativas en la victoria de Keiko Fujimori –por la posible coalición con otras fuerzas políticas-, la decisión final estará en las urnas de junio. No obstante, cabe destacar que en estas elecciones se renovaron los escaños del Congreso, dejando las bancas con diez minorías, por lo que cualquiera que triunfe en las elecciones, deberá lidiar con la tensión de un Legislativo dividido, perpetuando la inestabilidad del tablero político.

Por último, si bien las elecciones en Bolivia fueron menos significativas para América Latina en comparación de las dos anteriores, no dejan de poner a prueba la situación de cambios que vive la región.

En este país se dieron la segunda ronda de comicios para elegir a los gobernadores de La Paz, Chuquisaca, Pando y Tarija. En la primera vuelta, se eligieron cinco -tres de ellos del Movimiento al Socialismo- mientras que en esta oportunidad el MAS perdió los ballotages en los cuatro departamentos frente a quienes fueron antiguos miembros del partido.

No obstante la derrota en las elecciones, el MAS se perfiló como el único movimiento con representación en todo el país, lo que pone de manifiesto: por un lado, la ausencia de una oposición estructurada y ordenada en Bolivia, y, por el otro, la fuerte crisis de liderazgos al interior del MAS.

El mapa político Latinoamericano frecuentemente se entrelaza con tendencias políticas y dificultades compartidas. En este sentido, las elecciones analizadas testearon continuidades y retornos: del Correismo en Ecuador, del Fujimorismo en Perú y del MAS en Bolivia, denotando que la región permanece inestable y problemáticamente sin virajes. Ahora bien, en el 2021 aún faltan los ballotages y las pruebas democráticas de Chile, Colombia y Brasil, que nos permitirán observar si la región está preparada para las transformaciones que una América Latina descoordinada, fragmentada y castigada en los tiempos de pandemia necesita.


Sobre el Autor

Axel Schwindt es estudiante avanzado de la Lic. en Relaciones Internacionales. Joven Investigador en el Grupo de Estudios sobre India y el Sudeste Asiático de Rosario (GEIRSA) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

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