En el desfiladero

Por: Ricardo Rouvier


Era previsible que el Gobierno debía caminar por un estrecho sendero, en que lo económico (la deuda) desplegaba sus condicionamientos y urgencias, ordenando la agenda cotidiana del presidente Alberto Fernández. Este es así, y no permite moverse mucho porque hay dos costados amenazantes al borde del abismo: uno, el default, y el otro, la hiperinflación. 

En este punto, la política transita levemente bajo un contexto de presiones. Hasta el momento se puede seguir diciendo que el gobierno está en sus primeros pasos, frente a la negociación y resolución de la deuda con el FMI y con los bonistas particulares. Estos últimos, como se sabe, de mayor complejidad que el primero.

Avanzamos hacia un marzo con sus acechanzas; el aumento a los jubilados durante el mes en curso ratificó el camino de la emergencia para sostener a los que están en la base de la pirámide. Pero esto genera insatisfacción entre quienes se ubican en los segmentos por encima del mínimo, ya que porcentualmente obtendrían una proporción menor a los otros. Este problema, vaya si lo es, por el momento ha generado más intentos que reacciones concretas, pero queda abierto el reclamo judicial con el fantasma del caso Badaro como telón de fondo.  

Por otra parte, la anulación de la cláusula gatillo para los salarios, auspiciado ahora por algunos dirigentes sindicales, supone una resignación realista frente a lo inevitable. Está claro que el gobierno, con buen tino, trata de caminar por un camino peligroso y lo hace en puntas de pie. No quiere aumentar la masa monetaria y quiere, como lo quería y lo hizo Néstor Kirchner, el equilibrio fiscal. Por lo tanto, ajustarse el cinturón es el gesto que cabe cuando el objetivo es bajar la inflación. Diríamos que esa es una prioridad junto con la negociación de la deuda. Si no se baja la inflación, no se normalizará la macroeconomía  ni va a poder mantenerse el susurro de los sindicatos y los movimientos sociales. La sociedad en general desconoce los aspectos técnicos y mecanismos de negociación y pago de la deuda, pero sí tiene una vivencia muy fuerte con el precio de los bienes y servicios. 

Por eso hoy esta armonía tiene más un contenido político que económico. Esa concordia es fruto de la identidad política que posibilita que los docentes comiencen su período lectivo sin paros. 

Pero el tiempo corre y el Gobierno necesita más crédito. Hoy, las encuestas le sonríen y la opinión pública mantiene una expectativa favorable; ha crecido la imagen presidencial y la imagen de CFK. No obstante, se mantiene una porción del electorado como opositor (una porción claramente antiperonista y sobre todo antikichnerista) que reúne  alrededor del 30% .

O sea, que hay un caudal, nada despreciable, que tiene una visión negativa del gobierno desde el momento que ganó las PASO y los pronósticos le fueron favorables.  

Pero, por otro lado, si uno mira los movimientos del presidente desde que asumió, pudo advertir una inteligencia estratégica en movimiento para generar confianza y desarmar los estereotipos previos. La reunión con líderes de Europa y de Israel señalaron claramente un guiño no populista ante el líder mundial del capitalismo, Donald Trump, y una aproximación a los socios del Fondo. Con el principal socio del FMI, en algún momento ambos presidentes se cruzarán. Por ahora, los EE. UU. ofrecen su apoyo al nuevo gobierno mostrando esa capacidad resiliente de en un mismo momento tirar por la borda a Mauricio Macri y abrir  los brazos a Alberto Fernández. Así funcionan las hegemonías mundiales; eso también es inteligencia estratégica.

La reunión con el Papa tuvo otra intención, ponerse al lado de un dirigente mundial con el cual tiene coincidencias. La visita fue para acumular fuerzas; también Bergoglio daba, de este modo, por terminado su largo divorcio con Macri.  

En relación a los flancos político-ideológicos del actual gobierno, hay una oposición de centro-derecha de Cambiemos que está paralizada y con sus propios problemas post Macri. ¿Qué hacer con el expresidente? ¿Cómo reconvertir su herencia? ¿Cómo resolver la sucesión?

Las facciones de la alianza perdedora contragolpean ante una fuerte iniciativa impuesta por el presidente Fernández. También hay una oposición, que se observa en las redes, de quienes corren por izquierda al gobierno. Lo que pasa en realidad es que se considera que las acciones desplegadas por el ejecutivo las acercan a los enemigos: el neoliberalismo y Clarín. El cuasi debate sobre “presos políticos” mostró esas islas controversiales que integran la alianza ganadora. Veremos cómo evolucionan estas diferencias a medida que avancemos por el desfiladero. 

En realidad, estos militantes están enojados manteniendo una pureza ideológica frente a lo que consideran que es el inicio de una capitulación. Mientras AF practica la real politik hay algunos adherentes que prefieren mantenerse aferrados a una ilusión que niega aquello de que “la única verdad es la realidad”. 

 

 

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