En Europa no pasa XI

Europa –y los países ricos de la parte norte de occidente- debaten crear un nuevo impuesto mundial. La iniciativa parte del lugar menos esperado: la presidencia de los Estados Unidos. Joe Biden quiere “matar a los paraísos fiscales”, tan necesarios en las mamushkas contables que crean las grandes multinacionales para maximizar beneficios.

El viernes 4 de junio el italiano Daniele de Franco, la española Nadia Calviño, el francés Bruno Le Maire y el alemán Olaf Sholz firmaron una carta en donde apoyaban este nuevo tipo impositivo. Los cuatro encabezan los ministerios de economía y finanzas de sus países. La misiva deja algunos títulos: “la crisis ha favorecido a las grandes empresas digitales, cuyos beneficios se han disparado hasta niveles no vistos en otros sectores de la economía. Entonces, ¿por qué las empresas más rentables no pagan un porcentaje de impuestos justo?”.

También sostienen que “en la actualidad, las multinacionales pueden evitar el impuesto de sociedades desplazando sus beneficios a otros países, y eso es algo que la opinión pública no va a seguir aceptando. El dumping fiscal no puede ser una opción en Europa ni en ningún país del mundo”.

Veremos si el cambio es tan grande como se propone y si tiene apoyo total de los 27 miembros de la Unión Europea. Esos paraísos fiscales también existen en el viejo continente.



España entre la migración y el indulto

Ceuta y Melilla son dos ciudades autónomas que España tiene en África. Las dos están bañadas por el mediterráneo y abrazadas en sus fronteras terrestres por Marruecos. Hace unas semanas miles de marroquíes cruzaron la frontera a nado -por tierra hay una fuerte presencia militar-.



Las fuerzas de seguridad de Marruecos, que cuidan la frontera, no hicieron nada para detener a sus compatriotas. Había una decisión de Rabat, la capital, de que esto fuera así. Lo que sucedió después fue una tragedia humanitaria. Familias separadas, personas deportadas y menores sin tutela que serán acogidos por algunas comunidades autónomas de España.




El cruce fronterizo fue presentado por los ultraderechistas de Vox como una invasión. La crisis humanitaria fue una oportunidad para colar un discurso de odio en la sociedad. Clichés típicos cómo “vienen a robar el trabajo de los españoles” se repitieron como un mantra.

Migrar no es algo sencillo -este cronista escribe desde el lugar de un migrante- sino todo lo contrario: es un proceso duro. Quienes cruzan la frontera entre Marruecos y España lo hacen por un sólo motivo: tener una vida mejor.

Pero ¿porqué se produjo esta vista gorda del país africano? Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, es un nombre clave para entender el conflicto. El Frente Polisario es un movimiento de liberación del Sahara Occidental. Reclaman la autodeterminación de su pueblo y argumentan que su territorio ha sido ocupado por Marruecos. La región ha sufrido numerosos conflictos armados.

Brahim Ghali había sido internado de manera secreta en Logroño, en España. El líder del Frente Polisario ha sido acusado por la justicia española por violaciones a los derechos humanos pero fue recibido en a sanidad ibérica por “razones humanitarias”.

Cuando el conflicto con Marruecos empezó a calmarse, el presidente español Pedro Sánchez planteó una idea audaz: indultar a los catalanes que participaron del “proces” que buscó independizar a Cataluña del resto de la península. El capital político está para gastarlo. Sánchez quiere solucionar el denominado “problema catalán” que ha marcado la política española en los últimos diez años.

El debate por el indulto se instaló en la opinión pública, corriendo al problema migratorio. El Partido Popular -principal grupo opositor- se opone a la medida. Desde el entorno de Sánchez hacen cálculos. Saben que la medida no cuenta con la aceptación general pero creen que la historia los emancipará y que la decisión será entendida con el tiempo por la ciudadanía. Su espejo es el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero -también del PSOE- que dialogó con la ETA (terroristas vascos) para lograr un proceso de paz.

El independentismo catalán no se puede comparar con la ETA, una organización terrorista que cometió tres mil atentados donde murieron más de 800 personas. Lo positivo es la voluntad de diálogo, tan imprescindible para la vida en sociedad.

Paz en Italia

"Pax Draghiana" es el termino que acuñó Enrico Letta, ex presidente del Concejo de Ministros de Italia y secretario general del Partido Democrático, para describir el clima que vive la península itálica desde que Mario Draghi es primer ministro. Italia estaba acostumbrada a los vaivenes, a los juegos de espadas a sangre fría en su Parlamento.

Draghi se impone como el hombre del gasto a tal punto que uno de sus ministros insinuó que se podría cobrar un mayor impuesto sobre la sucesiones y el primo ministro lo cortó en seco: es tiempo de dar dinero a la gente y no de sacárselo, dijo. Pero, algunas veces, la paz es como el amor: dura poco. Italia debe elegir presidente en los próximos meses y Mario Draghi tiene todos los números para ocupar ese cargo. Veremos si “Súper Mario” pasa del Palacio Quirinal al Chigi el próximo año.

Alemania: entre las elecciones, un perdón cien años después y corrupción

Heiko Maas, ministro alemán de Exteriores, fue el responsable de dar a conocer que su país había cometido un genocidio en Namibia a principio de siglo XX. "A la luz de la responsabilidad histórica y moral de Alemania, pediremos perdón a Namibia y los descendientes de las víctimas", dijo el funcionario.




Entre 1904 y 1908 las tropas del emperador Guillermo II asesinaron a 65 mil herero de un total de 80 mil. Además, mataron 10 mil Nama -la población total era 20 mil-. Fue la primera de las limpiezas étnicas del siglo pasado.

El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, viajará a Namibia para formalizar el pedido de perdón. Alemania se comprometió también a financiar al país en infraestructura para el desarrollo. En Namibia uno de los idiomas más hablados es el alemán.

Sajonia-Anhalt es un Land -cómo una provincia para los argentinos- que se ubica entre la capital Berlín y Hannover, ciudad vinculada a la industria automotriz donde nació Hannah Arendt. Allí se celebró el último test electoral regional antes de las elecciones legislativas de septiembre donde conoceremos al sucesor de Ángela Merkel.

La CDU, el partido de la canciller, se impuso por 37% de los votos. Cada cual hace la lectura política que le conviene. Los verdes, que venían muy bien en las encuestas, crecieron un punto pero no estuvieron en competencia. El oficialismo se ilusiona a partir de esos resultados. Un dato alentador es la caía de los ultraderechistas Alternativa por Alemania, que tuvieron una magra elección en un land en el que eran fuertes.

El final es abierto, tal vez Alemania tenga el primer canciller ecologista de su historia.

Pero para la CDU la victoria no es una alegría. En último año ha sido golpeada por algunos casos de corrupción. El último saltó semanas atrás en Renania del Norte-Westfalia. En Alemania fue obligatorio hasta hace unos pocos días portar con un test negativo para ir a una tienda o a un bar. Una investigación realizada por tres medios alemanes reveló que una empresa cobraba por tests que no había realizado. Según se explicó el estado alemán paga 18 euros por cada test realizado. Los test tienen un costo mucho menor, que podría oscilar entre los 4 y los 8 euros.

El fraude contable provocó un fuego cruzado entre los distintos niveles de la administración. Los gobiernos locales argumentaron que no tienen poder de policía para hacer ese tipo de controles. El gobierno federal dijo que no puede estar en todas partes. Cuando la papa está caliente nadie la quiere.

Dinge, die passieren (cosas que pasan) diría el cantante José Larralde si supiera cantar en alemán.

Diarios Argentinos