¿Estamos frente al retorno de las “Esferas de Influencia” en el sistema internacional?

OPINIÓN. La noción "esfera de influencia" no es nueva en las relaciones internacionales. Se trata de una influencia amplia y decisiva que una potencia posee sobre países y regiones circundantes en la historia, la política cultural, la economía, la seguridad y otros campos


Por Li Xing y Javier Vadell


Origen y evolución de las esferas de influencia:

La noción "esfera de influencia" no es nueva en las relaciones internacionales.  Se trata de una influencia amplia y decisiva que una potencia posee sobre países y regiones circundantes en la historia, la política cultural, la economía, la seguridad y otros campos. El concepto continúa siendo uno de los fenómenos más generalizados en la práctica y la historia de las relaciones internacionales. Por ejemplo, durante el apogeo de China como el "Reino del Centro", su sistema tributario era una forma de esfera de influencia, centrada en su entorno geográfico circundante. Históricamente, el colonialismo y el imperialismo de Occidente se expandieron y se mantuvieron sobre la base de las esferas de influencia en la división y administración de las colonias en África, Asia y América Latina y el Caribe (ALC).

Cuando China fue derrotada en las guerras del opio sino-británicas, en la década de 1840, el “Reino del Centro” se repartió en esferas de influencia entre las potencias europeas que controlaban los prósperos puertos y regiones comerciales de China. Desde entonces, la noción de esfera de influencia ha marcado a fuego, con un doloroso recuerdo, la era de la humillación nacional de China. Cuando Estados Unidos de América (EEUU), como potencia emergente, comenzó a involucrarse cada vez más en los asuntos globales, hizo caso omiso de las esferas de influencia preestablecidas en China por las potencias europeas y declaró que todas las naciones deberían tener los mismos derechos para comerciar con China. Esta es la llamada política de “puertas abiertas” creada por EEUU a fines del siglo XIX con el objetivo de establecer una redistribución de la esfera de influencia prexistentes y mantener la igualdad de privilegios para las potencias coloniales occidentales en el comercio con China.

La “Doctrina Monroe” estadounidense del siglo XIX también se fundó sobre el principio de “esferas de influencia”. Según esta doctrina, los EEUU reivindicaban al continente americano, con ALC incluida, como su dominio natural. La potencia naciente hacía explícita la misión de mantener a las potencias europeas, o cualquier otra potencia, fuera del hemisferio norte y, por añadidura, de todo el hemisferio incluyendo a ALC.

El mundo de la Guerra Fría quizás fue el ejemplo más rígido de un mundo dividido en esferas de influencia entre el bloque capitalista, liderado por los EEUa y el bloque del “socialismo real”, liderado por la Unión Soviética. Entre la OTAN por un lado y entre el Pacto de Varsovia por otro, con el horizonte dramático de la mutua autodestrucción nuclear.

El fin de la Guerra Fría vino acompañado de la tesis del "fin de la historia" de Fukuyama que anunciaba al mundo el triunfo de la democracia liberal y del capitalismo de libre mercado, según los moldes estadounidenses. Esta etapa constituiría el punto final de la evolución sociocultural de la humanidad y la forma final de gobierno humano, entendido como un sistema político, económico y social. Desde el final de la Guerra Fría, la política exterior de los EEUU ha venido adoptando una estrategia global de hegemonía liberal para lograr tres objetivos: a) promover globalmente las democracias en los moldes estadounidenses como un conjunto de valores universales; b) integrar a todos los países en el mercado global siguiendo la receta del “Consenso de Washington”, como vía única para el desarrollo, especialmente de las periferias globales y regionales del sistema internacional y; c) establecer órganos supranacionales para regular los asuntos internacionales en los términos estadounidenses. Este “momento liberal”, que se inició en la década de 1990 y que en el mainstream de las relaciones internacionales los denominaron como momento “unipolar”, acentuó las tendencias hacia el unilateralismo global estadounidense y, con ello, tornó obsoleto el concepto de las esferas de influencia, que rápidamente fue abandonado.

¿Estamos frente al retorno de las esferas de influencia?

En 2014 Rusia ocupó Crimea con el objetivo de recuperar el control de un territorio de la “antigua Rusia” y del espacio postsoviético. El posterior fracaso de los Estados Unidos y del G7 para revertir la situación y volver a un status-quo anterior reafirma el restablecimiento del estatus de gran potencia de Rusia, directamente relacionado con la protección de sus esferas de influencia geopolítica. Independientemente del agrado o no de los actores, fue un hecho consumado. Se podría añadir el rol crucial de Rusia evitando la fragmentación de Siria, después de la intervención de la OTAN en Libia, que provocó el derrocamiento y asesinato de Muamar el Gadafi y la posterior descomposición del país.

En los días de hoy, China y los EEUU están involucrados en una gran competencia por poder económico, una guerra tecnológica y comercial, cuyos resultados impredecibles pueden catalizar el retorno a un mundo dominado por las esferas de influencia. Las tentativas de la administración Trump de desacoplar las dos economías más grandes, que se han vuelto profundamente entrelazadas e interdependientes en el mundo por más de cuatro décadas, refuerza esta tendencia. Si bien ambos países concluyen que la autosuficiencia en tecnologías críticas es una política de seguridad nacional no negociable, China también está acelerando su independencia financiera a través de la digitalización y la internacionalización de su moneda.

La rivalidad entre China y Estados Unidos puede dividir al mundo en dos bloques y los gobiernos pueden verse obligados a tomar partido. Sin embargo, el plano geopolítico se superpone al de la globalización capitalista y la interdependencia económica ‘pluriactoral’. La diferencia fundamental entre la rivalidad existente hoy entre China y EEUU con la era de la Guerra Fría, es el hecho de que, en este momento, mientras la mayoría de los países tienen compromisos de seguridad con los EEUU y reconoce a esta potencia como la más poderosa, la gran mayoría de los Estados tiene a China como su mayor socio económico y comercial. Este representa un dilema dramático para los países de gran porte como Brasil, Australia, India y Argentina, así como también para los países de la Unión Europea.

Al ser una "fábrica mundial", China tiene una posición fundamental en la cadena de suministro y las cadenas de valores mundiales. Más importante aún, China está ocupando una posición de liderazgo en algunas áreas de alta tecnología, como las telecomunicaciones 5G, la industria farmacéutica, la industria automotriz, la industria aeroespacial, los semiconductores, la inteligencia artificial y la robótica. Aunque EEUU sigue siendo el país más poderoso, las naciones de Asia-Pacífico, ALC y la UE no quieren verse obligadas a tomar partido incondicional con los Estados Unidos a costa de pérdidas económicas importantes.

En 2008, con la activación de la Cuarta Flota, los EEUU dieron el puntapié inicial para retomar el control de su esfera de influencia tradicional, ALC, peyorativamente llamada de patio trasero. 2008 fue un momento crucial, primero por la creciente presencia económica china en la región y, luego, por la presencia rusa en Venezuela, que alertó al gobierno Obama. Durante la presidencia de Donald Trump se delinearon mejor los contornos de esa esfera de influencia, que derivó en la desactivación de la UNASUR primero y posteriormente en la “captura” del BID, con la elección de un estadounidense por primera vez en la historia. La ruptura de una tradición, que desde su creación en la década de 1950 era presidida por un latinoamericano, expone el semblante más rígido de las esferas de influencia en el plano institucional.

En lo que respecta a la UE, el bloque parece no está preparado para tomar partido entre las dos grandes potencias, a pesar de la fuerte presión de EEUU. La firme conciencia de un "siglo asiático" como producto del ascenso de China está presionando a la UE a adoptar "una estrategia más sólida” frente a este fenómeno, como expresó el máximo diplomático de la UE, Josep Borell. La UE está actualmente en una encrucijada entre el "unilateralismo estadounidense" y la "asertividad china". La alternativa sería seguir su propio camino, “My Way”, en los términos de una nueva doctrina “Sinatra”, que puede configurarse como como una nueva estrategia del bloque.

El resumen ejecutivo del informe de 2020: “Europa frente a la rivalidad Estados Unidos-China” del European Think-tank Network (ETNC) afirma claramente: “A pesar de las diferencias entre los Estados miembros de la UE, el punto clave es que todos los países analizados están en una posición similar. Todos consideran a Estados Unidos su aliado más importante y todos dependen de su protección militar, pero también quieren hacer la mayor cantidad de negocios posible con China”. El informe reconoce la dificultad que tiene Europa para equilibrar sus vínculos con "Estados Unidos, un socio económico y estratégico, y China, el segundo mercado más importante de la UE y, probablemente, la próxima superpotencia económica". Frente a este escenario, la Canciller alemana, Angela Merkel solicitó la creación de una fuerza de seguridad de la UE, destacando que "los europeos tenemos que tomar el destino en nuestras propias manos". Si bien la UE ha sido históricamente percibida como una fuerza "normativa" mundial, su nueva Comisión, bajo el liderazgo de de Von der Leyen declaró que la nueva Comisión Europea será una "Comisión geopolítica".

  ¿Esta movida implica que la UE va a enfatizar menos el idealismo normativo y más el realismo frente al movimiento de placas tectónicas geopolíticas en curso protagonizadas por un EEUU unilateral y proteccionista, una China en ascenso y una Rusia asertiva? ¿Implica esto también que, al subrayar los aspectos geopolíticos de la política exterior de la UE, la nueva Comisión está preparada para competir con otras potencias en la protección de su "esfera de influencia", no solo entre sus vecinos orientales y regiones circundantes, sino también en otros dominios externos?  Si esa es la tendencia, quizás el mundo está retornando a la era de la esfera de influencia en un ambiente complejo de competición interestatal e interempresarial.


Sobre los autores

Li Xing: Director del Centro de Investigación en Desarrollo y Relaciones Internacionales de la Universidad de Aalborg, Dinamarca

Javier Vadell: Coordinador del Programa de Posgrado en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais (PUC Minas), Brasil


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