Feiling ante la literatura

Reseña. Hablar de una novela de Feiling, Charlie para los amigos, es hablar de como solo se puede aprender a escribir leyendo a los mejores


¿Qué puede aportar uno a la obra de C. E. Feiling si la obra de C. E. Feiling, en una generosidad inmensa, no deja de darle herramientas al que pretende escribir? Hablar de una novela de Feiling, Charlie para los amigos, es hablar de como solo se puede aprender a escribir leyendo a los mejores. El camino de la literatura del escritor anglo-argentino siempre fue esquivo para las generaciones post 90. La editorial Norma rescató en el 2007 su obra completa, pero luego volvió a desaparecer, Piglia lo incluyó en su colección de Recienvenidos para el F.C.E. y sin darnos cuenta, pasó a otro plano. Feiling parece seguir haciendo obra desde el más allá, formando parte de una búsqueda casi policial para conseguir alguna de sus obras o buscar en las cartas del tarot como planeaba su entrada al fantasy. Pero Feiling siempre encuentra sus maneras para volver, y este año volvió de la mano de La Bestia Equilátera, que trae El mal menor (novela de terror puro) a nuestras vidas.

Mucho se ha dicho últimamente sobre el supuesto desprecio a los géneros como el terror o el policial en Argentina. Hasta se usó esa construcción de leyenda urbana para modificar reglas de premios que trafican caprichos por actos de justicia. Desde el temprano fantasý de Lugones, a los cuentos de terror de Cortazar a los coqueteos new weird de Beatriz Guido (aparentemente nadie leyó La mano en la trampa) a la verdadera reina del policial, la querida María Angélica Bosco, la literatura nacional parece contradecir a quienes niegan una realidad absoluta: tenemos historia, tenemos literatura. Feiling puede no ser hijo, heredero o resultado de todos esos autores, su universo se acerca más a Stephen King y Carpenter, que a los autores citados. Pero es importante señalar que en la constelación de la literatura argentina, Charlie puede ser la estrella (del terror puro al menos lo es) pero no está solo.

Inés Gao se fue a vivir sola a un departamento en San Telmo que es feo pero tiene vista al río. Todo en ella es de una maldad sútil, un tipo de mujer que conocemos todos, siempre con facilidad para conseguir novio, cool a su manera, educada pero renegando de sus elecciones, consumo de drogas, mala relación con la madre, desprecio por lo local y fascinación por lo extranajero. Esas perlas que va dejando Feiling sobre un tipo de persona que hoy ocupa el progresista (pero con departamento en Almagro y birrerías varias) son casi artesanales y construyen un personaje muy difícil de querer, aparentemente pedante, pero que termina sacando agallas, valor y determinación en tiempo récord. Inés con sus gestos, su odio al asado y las “papas fritas húmedas”, su desprecio a quienes son sus vecinos como si ella fuera diferente cuando admite no poder pagar algo sobre Libertador, su neurosis, en fin, su rol de mujeres de clase media que resiste a base de cocaína, es un fresco de los 90s que casi todos dejan escapar. Leerla, ver como Feiling construye una ciudad, una manera y una época alrededor de ella, es un ejercicio minucioso de construcción literaria que se toma su tiempo, se arma de paciencia, no aturde pero tampoco pide ayuda. Solo reclama para sí complicidad.  En lo nominal, Feiling brilla; no solo es un acierto Inés Gao, lo es también Nelson Floreal, el tarotista que viene a completar a Inés como amigo y como héroe. Si El Mal Menor se trata sobre un conjunto de personas, los arcontes, que nos separan del mundo onírico para cuidarnos de todo mal y toda locura y en eso basa su acuerdo con el terror, eso es así. Pero Feiling sabe que no hay terror puro sin la historia de una amistad de por medio o de un lazo fraterno que está condenado. Nada queda librado al azar en su literatura. Si entramos de lleno en la presencia de un otro, el famoso Prófugo, al empezar la novela, el camino que transitamos en esta novela es el de un apego por los personajes. Y eso si pasa realmente poco, muy poco, en la literatura Argentina. Feiling te hace quererlos, añorarlos.

Escribir sobre Feiling es tomar conciencia de los límites. Es como leer una entrevista a Chitarroni o leer a Chitarroni sobre Feiling, logran hacerte sentir en falta pero nunca mal. Porque el bombardeo de buena literatura, nombres, referencias, pistas, hace que uno termine buscando como loco El hombre verde, en algún rincón de Mercado Libre o revoleando libros a lo pavo en librería Kafka sobre Corrientes o buscando torrents de películas de terror clase B o esperando que el cine club Nocturna ponga en pantalla el primer cine de San Raimi. Feiling logra una curiosidad muy primaria a su lectura, es parar un poco para pensar no solo alrededor de su escritura, también de su cabeza. Es la cuarta vez que leo El Mal Menor  y sigo sacando cosas, detalles, pistas, como si estuviera caminando por San Telmo, el bajo, Constitución, La Habana, Londres, el centro porteño y el mismísimo cielo.  Nunca se agota, es como estar en el medio del mar, amanecer ahí flotando en una inmensidad enorme, sumergirse y descubrir una ciudad perdida, llena de tesoros, algunos terroríficos, otros brillantes, joyas, arcones llenos de secretos, verdades, fantasías, material.  Cuando no creo en la literatura, pongo el cuerpo en el agua y digo: yo creo en C.E. Feiling.

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