Festejos responsables: "sin romper los huevos"

Por: Federico Saravia

Desde hace años, una costumbre se afianzó en universidades y centros educativos a lo largo y a lo ancho del país. Casi como una obligación ritualista, amigos y familiares de los graduados les arrojan alimentos, perecederos o no, a modo de “festejo” por el pasaje a la vida profesional.

Se trata de un hábito que no sólo se ha legitimado socialmente, sino que además en muchos casos se ha institucionalizado. Como respuesta a éste hábito, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires inauguró un espacio denominado “Huevodromo” o “Recibódromo” en la plaza Houssay que es el centro de esa suerte de campus que integran las facultades de Económicas, Ciencias Sociales, Farmacia y Bioquímica y Odontología y Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Allí un cartel rezaba hasta hace poco: "Éste es tu espacio para que puedas festejar después de tanto estudio, de la manera tradicional y cuidando lo que es de todos. Ubícate en el centro de la tarima y prepárate para recibir el festejo por tu recibida".

Estos rituales, que hoy ya son un clásico, especialmente en los meses de julio y diciembre en cualquier universidad de la ciudad, tienen visibles consecuencias negativas para la infraestructura urbana y el espacio público, y son objeto de quejas recurrentes de los vecinos.

Lamentablemente, el Gobierno ha decidido avanzar por la vía de limitar espacialmente este práctica, corriendo el problema hacia zonas habilitadas y supuestamente acondicionadas a tal efecto, como la ya mencionada en la Plaza Houssay (específicamente en la zona entre Av. Córdoba y Uriburu), o en la calle Paraguay frente a la Facultad de Medicina, por mencionar sólo algunas.

Huevos, harina, yerba, aceto, aceites (¡de maíz, de girasol y de oliva!), aderezos como kétchup, mayonesa o mostaza, y otros alimentos, ensucian y tornan a menudo intransitables las veredas y plazas, generando cantidades enormes de basura, olores nauseabundos, y hasta potenciales riesgos para los sorprendidos transeúntes ajenos a la “celebración”.

A ello se le suma el derroche de alimentos, algo intolerable en un país con un 35% de la población en situación de pobreza (13 millones de personas), y casi un 7% en la indigencia (2,3 millones de personas), según las últimas mediciones del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).

Si tenemos en cuenta que anualmente se reciben unos 40 mil nuevos profesionales, y que en cada festejo alumno se tiran como mínimo 2 kg de comida, estamos hablando de un total de 80 toneladas de alimentos que se desperdician por año.

Frente a esta situación, en 2015 la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, desde su Secretaría de Bienestar, y en conjunto con el Centro de Estudiantes (CECE), lanzó el proyecto “Festejos Responsables”, con el objetivo de provocar un verdadero “cambio cultural” en esta materia.

La idea del programa fue apelar a la “responsabilidad social” de las familias y amigos que se acercan a la facultad a festejar, ofreciéndoles a través de voluntarios (alumnos de la propia Facultad) intercambiar sus alimentos por un kit de cotillón (espuma, serpentina, papel picado, una remera, etc.) provisto por la empresa “Rey Momo”. Y, al mismo tiempo, lo recolectado es entregado a Red Solidaria, quien dona los alimentos a diferentes comedores del país. De esta forma, se intenta que los familiares y amigos también se sumen en carácter de voluntarios, ya que ellos a su vez pasan a formar parte del cambio cultural.

Los datos relevados por los organizadores mostraron que el ambicioso programa tuvo una excelente y rápida acogida en la comunidad educativa. Con un total de aproximadamente 3500 egresados de la Facultad durante el año pasado, se recolectaron unas 4 toneladas de alimentos que fueron distribuidas por la organización presidida por Juan Carr.

Fue tan positiva la repercusión de la iniciativa, que diversas altas casas de estudios de todo el país, como las Universidades de La Plata y del Litoral -por citar sólo algunas-, comenzaron a implementar acciones similares.

No debemos “esconder” esta práctica -¡celebramos que los estudiantes se gradúen!-, sino debatirla y transformarla en algo positivo para la sociedad. El problema no es el “festejo”, sino la inmoralidad de tirar comida y el hecho de haberlo naturalizado.

Conscientes de esta situación, y del potencial del programa implementado por la Facultad de Ciencias Económicas, desde el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CESBA) presentamos -en uso de la facultad de iniciativa legislativa que nos asigna la Constitución porteña- un proyecto de declaración de interés ante la Legislatura, con la expectativa de que la iniciativa sea replicada en otras instituciones educativas de la Ciudad.

La idea es simple, pero no por ello menos importante. No tiene por objeto prohibir los festejos (que por otro lado, podemos cuestionarnos si es que ésta es la única manera: ahí apelamos a la creatividad de los propios estudiantes para reinventar los modos de festejar), sino transformar un patrón cultural muy arraigado, y tomar consciencia a través de valores como la solidaridad y la responsabilidad social de los estudiantes, sus familias y amigos, aportando de esta forma a la mejora de la calidad de vida de la comunidad de la Ciudad.


*Presidente del Consejo Económico y Social de la CABA e integrante de ECO

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