¿Hacia dónde va el boicot y la censura a Rusia? Una hipótesis de trabajo

El 24 de febrero de 2022 Rusia invade Ucrania, e inmediatamente gobiernos y empresas occidentales sancionaron política y económicamente al país agresor, buscando aislarlo del mundo.

Por Daniel Blinder-Investigador del Conicet


El 24 de febrero de 2022 Rusia invade Ucrania, e inmediatamente gobiernos y empresas occidentales sancionaron política y económicamente al país agresor, buscando aislarlo del mundo, lo que redundaría en el agotamiento de sus recursos para el soporte interno de sus capacidades bélicas, estrangulando su margen de acción militar. Puesto de manera muy simple -y reduccionista-, la estrategia detrás de todo esto sería afectar el día a día de los ciudadanos rusos para obliterar el apoyo a su gobierno, y de esta manera, terminar con una guerra injusta. Sin embargo, como hipótesis de trabajo, podemos pensar que todo esto podría estar reconfigurando un nuevo orden global en el cual Rusia no quedaría necesariamente aislada, sino que simplemente podría fortalecer sus capacidades y capitalismo autónomo en un mundo que la globalización y trasnacionalización podría ver acotado su economía a distintas geografías, un mundo más cerrado, una nueva geopolítica.

Hace no muchos años atrás, nos encontrábamos con algunas noticias que conmovían a parte de la opinión pública global: China censuraba plataformas tecnológicas. El argumento esgrimido era básicamente qué buscaba silenciar voces disidentes en su territorio, producto del descontento social y la represión, partiendo de una contextualización en la cual los ciudadanos de ese país buscaban tener más libertades. Había un contexto global para llegar a ese tipo de conclusiones lineales. Unos años atrás se habían producido masivas movilizaciones en distintos países, que se denominaron en la prensa la Primavera Árabe, en la cual miles de ciudadanos salían a reclamar a las calles masivamente por derechos políticos y libertades. Supuestamente esas espontáneas y masivas concentraciones se dieron gracias a la conexión que proporcionó la internet, y las distintas redes sociales para juntar aquello que estaba disperso, en una sola voz. Internet se convertía así en un símbolo de la libertad de expresión.

¿Pero la limitación de redes sociales occidentales como Facebook, Twitter, WhatsApp u otras, y la suplantación por el chino WeChat, constituían un “master plan” censurador o guardaban otro propósito? Las redes sociales, como plataforma tecnológica, no son neutrales pues por ellas circulan miles de datos que pueden ser utilizados con fines comerciales, o de inteligencia. Quizás podríamos mirar sin inocencia ciertas decisiones: una perspectiva realista de la política internacional casi siempre implica una mirada liberal del mundo, y eso nos impide observar el poder real detrás de la tecnología. El mismo poder que quizás ve Vladimir Putin en Rusia, y que nos permite arrojar luz acerca de algunas de las consecuencias, conjeturar, y mirar escenarios que podrían darse en una eventual posguerra. ¿Qué se podría estar configurando? ¿Esto no es lo que quiere el gobierno ruso?

Un principio básico del liberalismo es la libertad de expresión y de mercado, que por cierto al imponer sanciones a la Federación de Rusia, se están vulnerando (en nombre de un bien mayor, el auxilio a Ucrania). Al igual qué el chino WeChat, Rusia tiene su propia versión alternativa a WhatsApp, el Telegramm. Al igual que Facebook, Vkontakte. Y como CNN, está RT. Estos son apenas algunos ejemplos. Ante la retirada masiva de empresas que suspendieron sus negocios en Rusia, o que colaboran directamente con el esfuerzo de guerra ucraniano, ¿no podría China estar leyendo posibles consecuencias en acciones revisionistas del orden global? ¿No podría esto impulsar nuevos negocios y relaciones entre Rusia y China para suplantar varios de los mercados que dejan vacantes el boicot occidental? ¿No estará esto en los cálculos de la élite política y económica rusa?

Después de todo, Estados Unidos y Europa al retirar operaciones económicas, buscando aislar a los rusos, también están aislándose de una parte del mundo. La geoeconomía de sus mercados se hace sentir, presiona, se relocaliza, configura nuevos espacios de acción. No sólo aíslan a Rusia, también se aíslan un poco ellos. Claro, Rusia sigue siendo una potencia hidrocarburífera y de producción alimenticia. Tras la guerra, si esto no escalera a niveles nucleares y de destrucción mutua masiva, o si Rusia fuera torcer el brazo, es de esperar que el principal heredero de la Unión Soviética tenga un mercado a quién venderle sus productos y plataformas tecnológicas con las cuales se comunicarán sus ciudadanos. El orden internacional de posguerra y la globalización neoliberal, que se está hundiendo en el barro de la historia desde hace algunos años, podría performar un nuevo orden en el cual no solo Rusia queda aislado de occidente, sino que occidente de otras partes del mundo. El poder militar y nuclear rusos son una realidad, tanto como algunas de sus potencialidades económicas. Tanto también como el ascenso de China como principal potencia mundial. Tanto como que el capitalismo no terminó, sino que va a hacia otra cosa distinta.

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