Hacia una renovación más igualitaria de la Corte Interamericana de Derechos Humanos

La Convención Americana sobre Derechos Humanos tendrá nuevamente la posibilidad (y responsabilidad) de reducir la histórica subrepresentación de juezas mujeres en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH).

Una de las marcas distintivas de este siglo XXI es la visibilización de las desigualdades de género y el avance de derechos de mujeres y de la diversidad en todo el mundo. En el año 2015, 193 países del mundo convirtieron a la Igualdad de Género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas en el quinto Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) en la Agenda 2030.

Particularmente, América Latina aprobó en la XIII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe de la CEPAL, la Estrategia de Montevideo cuyo objetivo es guiar la implementación de la Agenda Regional de Género y asegurar que se emplee como hoja de ruta transversal con vistas a alcanzar la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible a nivel regional desde la perspectiva de la igualdad de género, la autonomía y los derechos humanos de las mujeres. Sin embargo, pareciera que hasta los mismos organismos protectores de los derechos humanos se olvidan de defender los derechos de las mujeres.

En diciembre de 2021, finalizan los mandatos de cuatro jueces y juezas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, entre los cuales se encuentra el de la actual presidenta, única mujer en la composición actual de la Corte. Es decir que la Organización de los Estados Americanos (OEA) deberá elegir este año a cuatro nuevos miembros de la Judicatura de la Corte para un periodo de seis años. Las elecciones se prevén para mitad de año, aunque aún no hay fecha definida.


Aspiraciones a renovar la Corte Interamericana de Derechos Humanos

La Corte IDH se compone de 7 jueces en total, elegidos en la Asamblea General de la OEA.

Los candidatos y candidatas son propuestos por los Estados partes de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

Por el momento, existen 6 candidaturas propuestas, de las cuales 4 son mujeres, lo cual responde al llamado enfático de la Corte por promover postulaciones de juezas. Argentina propone a Verónica Gómez, actual presidenta de Global Campus of Human Rights, una iniciativa de la Unión Europea, conformada por una extensa red académica, compuesta por universidades y centros de estudios de todo el mundo que defienden los derechos humanos. Costa Rica, Panamá y Paraguay también acompañan a candidatas mujeres: Nancy Hernández López, Ana Matilde Gómez y Miryam Josefina Peña, respectivamente. Por su parte, Brasil y Perú presentaron sus candidatos hombres Rodrigo Bittencourt y César Landa.


¿Por qué son importantes estas elecciones?

En una declaración conjunta realizada por defensoras latinoamericanas de los derechos humanos y de las mujeres, incluida Elizabeth Odio, las expertas sostienen que esta elección presenta una oportunidad única para transformar una desigualdad histórica en la composición del Tribunal, consolidando los principios de igualdad, inclusión, representatividad y pluralismo democrático.

La desigualdad de género existente en la representación de los espacios de poder y toma de decisiones, son alarmantes. Estamos muy lejos de alcanzar una paridad de género en todo el mundo. Según GQUAL, campaña global que busca lograr la paridad de género en la representación internacional, de un total de 79 cargos en los tribunales internacionales, tan sólo 18 son ocupados por mujeres, es decir un 22%. Mientras que el total de mujeres que ocupan un lugar en los organismos creados bajo el marco de las Naciones Unidas, es de 78 sobre 172 posiciones.

Por su parte, la Secretaría General de la OEA nunca ha sido liderada por una mujer. Sin embargo, desde 2016 la paridad de género constituye uno de los requisitos a considerar en la selección de jueces para la CIDH. En este sentido, la única jueza de los siete juristas actuales en la Corte IDH, quien es su Presidenta desde 2019, ha instado a que los Estados Parte nominen y elijan a mujeres idóneas como juezas para integrar la Corte a fin de lograr una composición paritaria.

Desde su creación en 1979, sólo cinco juezas han formado parte de la Corte IDH, de las cuales sólo dos han alcanzado la Presidencia. Los restantes 34 puestos  (de 39 elecciones totales) han sido ocupados por jueces varones.


La igualdad de género es responsabilidad colectiva y estatal

El problema no solo se encuentra en las elecciones sino que debemos mirar un paso más atrás. Argentina es uno de los países con mayor número de nacionales en puestos internacionales, ocupando 7 cargos actualmente. Sin embargo, sólo 2 son funcionarias mujeres. Esto responde principalmente al hecho de que las nominaciones de varones superan más de 5 veces la cantidad de mujeres postuladas a todos los organismos multilaterales.

Los Estados son los encargados de presentar sus candidatos y candidatas ante la Corte. Por lo tanto, debemos comenzar por lograr una mayor cantidad de nominaciones de mujeres por parte de éstos. La Presidenta Elizabeth Odio, al anunciar que no optará por una reelección, se dirigió a los gobiernos de la región para que las próximas candidaturas incluyan mujeres. “Ha llegado el tiempo en que las mujeres seamos la norma y no la excepción”, afirmó en su mensaje ante la Corte.

La presencia de mujeres es imperativa en la toma de decisiones de todas aquellas acciones que afectan nuestras vidas. Los espacios de poder, la democracia, la justicia, deben reflejar una diversidad en la participación y representación, incluyendo a las mujeres. Además de la paridad de género, un órgano que no tiene adecuada representación de género carece de legitimidad al momento de pronunciarse  y decidir sobre temas en los que la dimensión de género es relevante. La presencia de la diversidad y de las mujeres se vuelve fundamental para el impacto y legitimidad de la justicia nacional e internacional, especialmente cuando se trata de un Tribunal de Derechos Humanos.

La lucha por prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres en cualquiera de sus manifestaciones es una responsabilidad colectiva, y un deber del Estado, no sólo hacia dentro sino también hacia afuera.


Caminos hacia una política exterior feminista

Argentina se proyecta como un referente regional y global en la promoción y defensa de los derechos de la mujer y la diversidad de género,  en la medida en que las luchas que se dan al interior del país, se promueven también hacia afuera. Buscar revertir el predominio de varones en las candidaturas y, consecuentemente, en la composición de la Corte IDH, es una decisión política que debe seguir este camino, comenzando por sostener la nominación de juezas mujeres para estas elecciones y las futuras.

La política exterior también forma parte de las políticas públicas llevadas a cabo por los gobiernos y de la estructura de poder y toma de decisiones. La subrepresentación femenina en los puestos directivos, ya sea cargos democráticos, la administración pública, el sector privado o el mundo académico, persiste. Pero además de fomentar medidas encaminadas a incrementar la capacidad de participación de las mujeres, una política exterior feminista debe contemplar un enfoque feminista en todos sus aspectos: asistencia, comercio, defensa y diplomacia[1].

Para lograrlo, se debe priorizar la igualdad de género y consagrar los derechos humanos de la mujer y otros grupos tradicionalmente marginados, buscando derribar estructuras patriarcales a lo largo de todos sus niveles. Fundamentalmente, escuchando las voces de las mismas mujeres: voces de activistas, grupos y movimientos feministas, académicas y funcionarias. Nada sobre nosotras, sin nosotras.


Sobre la autora: Valentina Astudillo Naveda es licenciada en Relaciones Internacionales (UCC). Miembra de Fundación Meridiano.


REFERENCIAS

[1] Thompson, L., and Clement, R. (2019). Defining Feminist Foreign Policy. Washington, DC: International Center for Research on Women.




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