Haití: la tierra olvidada y desierta donde las flores aun crecen


Haití es una nación del Caribe, pequeña y densamente poblada, que comparte la isla de La Española con la República Dominicana. 

 

En un área terrestre de menos de 18.000 kilómetros cuadrados viven 11 millones de personas. Su territorio es tan solo un 5 por ciento del territorio de la provincia de Buenos Aires, pero con la misma población, lo que lo constituye en un espacio excesivamente poblado.

Fue el primer país de América Latina y el Caribe en separarse de sus amos coloniales, aunque recién en 1947 terminó de pagar los costos crediticios con Francia acordados durante la independencia. La multimillonaria multa que Haití le pagó a Francia por convertirse en el primer país de América Latina en independizarse dejó secuelas para siempre en su matriz socioeconómica.

Haití ha sido escenario de esclavitud, revolución, deuda, deforestación, corrupción, explotación y violencia.

Sin olvidar la colonización, la ocupación por EE.UU., revueltas, golpes de Estado y dictaduras hasta la llegada en 1957 de François "Papa Doc" Duvalier, quien impuso uno de los regímenes más corruptos y represivos de la historia moderna que duró 28 años y causó muchas atrocidades y malversaciones.

Frente a esa historia, no sorprende que ni la infraestructura, ni la educación, ni la salud, ni ningún otro bien público haya sido prioridad y hoy estos pilares fundamentales sean inexistentes.

A todos estos defectos debe sumársele el infortunio de estar ubicado sobre la falla principal entre las placas tectónicas de Norteamérica y el Caribe y en la pista principal de huracanes de la región, lo que hace que los desastres naturales sean aún más desastrosos en Haití.

Además de todos sus pesares, es también el país con mayor deforestación del mundo.

Lo que hace que cada tormenta tropical, cada huracán, genere movimientos de tierras, aludes, destrucción, hambre, falta de agua y sequía.

Haití, es el lado oscuro de la humanidad. Es justamente aquello que de inmediato te indica que el mundo va por el camino equivocado.     

 Es de alguna manera la Republica de las ONGS, es el país de referencia de la ayuda humanitaria internacional. Por cada ciudad hay decenas de ONGS, muchas de ellas ficticias, creadas tan solo por el afán de obtener beneficios, que lamentablemente nunca llegan a quienes tienen necesidades.

En el marco del terremoto del 2010, el mundo destinó miles de millones de dólares en ayuda humanitaria al país, dinero que una vez mas nunca llegó.

Se calcula que en Haití solo quedan en pie un 2% de los bosques primarios, debido a la tala ilegal de árboles para comercializar el carbón vegetal, ya que no hay más alternativa que el carbón vegetal para cocinar en un lugar donde adquirir cualquier otro tipo de energía es un lujo inaccesible.

   Mientras en 2020 el mundo luchaba contra el COVID-19, en este pedazo de isla caribeña la mitad de su población, de 11 millones de habitantes, se enfrentaba a una grave inseguridad alimentaria.

Anse-à-Pitre es una comuna de Haití, que está situada en el distrito de Belle-Anse, del departamento de Sureste, tiene aproximadamente 30.000 habitantes, es ciudad fronteriza con Republica Dominicana. Un Rio seco y un portón de alambre divide los dos países.  Del lado Haitiano se encuentra Anse-a-Pitre y del lado Dominicano, la ciudad de Pedernales.

Al llegar la plaza principal de Pedernales, Republica Dominicana, decenas de niños haitianos que viven en la calle se aproximan pidiendo comida, acompañando a quien se acerque con un gesto, una sonrisa o un poco de afecto.

Republica Dominicana es la escapatoria inmediata de todo aquel Haitiano que busque sobrevivir. Cruzar la frontera es acceder a un Hospital, es la posibilidad concreta de acceder a un trabajo, es anhelar mas de cerca una vida digna.

Los haitianos indocumentados durarán en Dominicana lo que tarden las fuerzas de seguridad en expatriarlos, y del mismo modo los sistemas de salud se irán restringiendo sin importar la problemática. Recientemente deportaban a embarazadas que estaban a días de dar a luz.

En la plaza principal de Pedernales, los niños huérfanos deambulan por las calles pidiendo comida. Andan en grupo, duermen en la calle, comen lo que la gente les da, no tienen familia, se fueron de Haití buscando sobrevivir, son niños de la calle. Por lo general estos niños nacieron en familias numerosas de 15 o 20 hermanos y sus padres estuvieron ausentes frente a su destino, muchos son entregados al cuidado de patrones ajenos que los hacen laburar y otros emprenden una vida de supervivencia en las calles cruzando la frontera.

Entre los niños, está Donelson, que, con 11 años, vive solo en la calle con sus amigos. Un día se fue a mendigar aquello que en su hogar no le podían dar y nunca mas volvió. Nunca está solo, siempre codo a codo con sus hermanos de la calle, entre todos se cuidan, todo lo comparten y a pesar de estar en el continuo desamparo, nunca dejan de jugar y esbozar una sonrisa.

Inevitablemente uno se pregunta que estará haciendo un niño de su misma edad en Suiza, en Dinamarca o en Noruega. Por momentos consuela pensar que el desconocer otra realidad posible los torna mas optimistas y luchadores, aunque al instante se reconoce la imposibilidad misma de naturalizar la calle como un lugar donde encontrar amor y cariño. Ellos miran las casas desde afuera, ven las luces, ven familias reunidas, hablan con los extranjeros y saben que existe otra realidad, saben que otro mundo es posible. Se criaron en la calle por necesidad, no por elección, y a pesar de adoptar esa vida con naturalidad en el fondo saben que tarde o temprano la calle misma no se resiste.

Así como él, decenas de niños, deambulan, se han ido creando generaciones de marginados del sistema.

Haití es claramente el lado olvidado del planeta, es la miseria humana en su máxima expresión, es corrupción y es olvido.

Sin embargo, algunos seres demuestran que en esas latitudes también hay esperanza, hay sueños y hay nobleza.

Hay quienes frente a tanta desesperanza decidieron emprender un camino muy noble para comenzar a transformar esta realidad.

Hace 6 años, surgió Flores de Kiskeya, un proyecto con base en Anse-a-Pitre, Haití, destinado a mujeres y niños en situación de vulnerabilidad.

En una humilde casa en el corazón de Anse-a-Pitre, se fundó esta organización no gubernamental con el objetivo de ayudar a mujeres y niños.

 El proyecto buscó el empoderamiento de las mujeres mediante la generación de oficios y su formación integral, así como la formación y alimentación de niños. En el día a día reciben desayuno, almuerzo y merienda alrededor de 20 mujeres y 40 niños.

Los niños reciben talleres educativos y formaciones, al tiempo que las mujeres confeccionan productos de costura y se capacitan en expresión, danza y arte.

Cada mujer es una flor y detrás de cada una de ellas hay una familia.          

El proyecto de Flores es la prueba de que aun en las condiciones mas hostiles, los sueños pueden hacerse realidad.


Todo avanza y se mantiene con la ayuda de voluntarios y socios. 

Este pequeño universo de mujeres y niños, desayuna, almuerza y merienda día a día gracias a la ayuda de socios y voluntarios que colaboran.

Romina Pérez Caballero, fue por primera vez a Haití a los 26 años y al conocer la realidad que atravesaban niños y mujeres, decidió renunciar a su trabajo y a una vida de confort en Europa para emprender este pequeño sueño que hoy comenzó a florecer. Nada fue fácil, todo fue cuesta arriba, todo a pulmón, cada paso costó meses de trabajo, pero poco a poco los resultados comenzaron a visualizarse.

Facundo Cabral decía...:" si tienes un gran sueño debes estar dispuesto a un gran esfuerzo para concretarlo porque solo lo grande alcanza lo grande".

 El recorrido ha sido largo y el esfuerzo muy duro, pero finalmente las flores han crecido.

La creación de un pequeño espacio para el empoderamiento de la mujer, en un país con una cultura patriarcal muy fuerte, son hechos concretos que demuestran que aun es posible perseguir sueños y cambiar la realidad, frente a condiciones adversas.

Hace 6 meses, Mario, licenciado en administración de empresas, decidió dejar Madrid y su trabajo en el mundo empresarial para comprometerse con el desarrollo del proyecto en Haití y hoy coordina varios proyectos sociales en el territorio.

Durante el mes de noviembre dos enfermeras de España, Iris y Elena, se instalaron en Anse a Pitre para colaborar con servicios de salud, realizando curaciones y capacitaciones en mujeres y niños.



“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo". Eduardo Galeano.

En diciembre, una estudiante de medicina brasilera y una enfermera de España, Isabela y Ángela, llegaron como voluntarias para seguir brindando asistencia sanitaria y educativa.

El voluntariado es una luz de nobleza y solidaridad en una tierra donde la miseria humana arrasa con toda posibilidad de progreso.

En el mundo muchas cosas andan mal, eso nadie lo discute, pero frente a tanta desidia también se pueden ver pequeños grandes gestos que son indicios de esperanza para que el mundo cambie. Así, un voluntario de España gasta todos sus ahorros para colaborar durante un mes en una comunidad de Haití, una señora de Argentina se asocia a una ONG y dona fondos para que los niños puedan comer durante un año, un pensionado italiano apadrina 3 niños para que puedan terminar el colegio. No todo es oscuro y gris en el universo, también hay gestos nobles y personas solidarias.


 

“El amor es la fuerza más humilde, pero la más poderosa de la que dispone el ser humano” Mahatma Gandhi.
A pesar de todo el contexto, el pueblo haitiano es resiliente, es noble y es respetuoso.
La sociedad claramente está apaciguada porque ser los olvidados del sistema los ha trasformado en un pueblo que yace en la quietud, que no toma iniciativa, que no tiene grandes aspiraciones, que se exhibe conformista. No obstante, en la quietud y en el desamparo de la tierra hostil, hay proyectos y sueños que florecen porque con amor y por amor todo es posible.


 Flores de Kiskeya es un pequeño refugio de amor en esta tierra abandonada del planeta, donde todo parecía inviable, hasta los sueños, que de a poco comienzan a cumplirse.

 

Documental Flores de Kiskeya:

 


 

Hacete socio: https://floresdekiskeya.org/hazte-socio/

 Sobre el autor: Licenciado en Relaciones Internacionales. Máster en Políticas de Desarrollo




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