Inflación, crecimiento e impacto distributivo

La dinámica de precios es una de las principales preocupaciones en la economía argentina. El incremento sostenido de los precios impacta sobre la distribución del ingreso y el crecimiento económico.

La dinámica de precios es una de las principales preocupaciones en la economía argentina. El incremento sostenido de los precios impacta sobre la distribución del ingreso y el crecimiento económico. A pesar de haberse observado un período de desaceleración entre los meses de marzo y agosto, la inflación volvió a acelerarse en septiembre y octubre, registrando una variación mensual del 3,5%. Si bien en noviembre la tasa fue del 2,5%, el registro interanual alcanzó el 51,2% y el acumulado fue del 45,4%. En esta nota, analizamos la dimensión cambiaria en la explicación de la dinámica de los precios y consideramos sus consecuencias sobre la distribución del ingreso y la actividad económica.

La aceleración inflacionaria de 2021 tiene lugar en un contexto donde el tipo de cambio oficial se encuentra estable y se ha postergado el aumento de las tarifas de servicios públicos. Es una particularidad que distingue a la dinámica de los precios de este año de los años precedentes, incluso durante el periodo 2012-2015 cuando también existía este tipo de intervención. En diciembre de 2015, el gobierno de Mauricio Macri liberó los controles cambiarios bajo la hipótesis de que la inflación no se aceleraría porque los precios se encontraban ajustados al tipo de cambio paralelo y no al oficial. Asimismo, se esperaba que la desregulación de las tarifas tampoco incidiera sobre el nivel de precios. Sin embargo, entre 2015 y 2019, protagonizamos una aceleración de precios que llegó a duplicar lo observado en los años previos.

Una dimensión que merece ser considerada es la relación entre la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el paralelo y su traslado a precios. Desde el OCEPP, identificamos tres canales a partir de los cuales el tipo de cambio paralelo puede impactar en los precios, a saber: las expectativas de devaluación del tipo de cambio oficial; las importaciones que se efectúan al contado con liquidación (CCL); y las expectativas de devaluación del CCL. El primero de estos mecanismos operaba en el periodo de controles cambiarios entre 2012-2015, mientras que actualmente se habrían sumado los otros dos canales.

Esto se vincula con otro tipo de medidas. Por un lado, las restricciones para acceder a divisas por parte del BCRA, aún con la SIMI aprobada. Por otro lado, la Comunicación “A” 7030 del BCRA que establece que quien accede a divisas vía MEP o el CCL no puede acceder al Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) por 90 días. Por lo tanto, si una empresa realiza importaciones al tipo de cambio oficial, luego no podrá acceder a dólares MEP o CCL ni para dolarizarse ni para financiar importaciones para los que el BCRA no provea las divisas. Este motivo ha llevado a empresas a dejar de operar en el MULC, ya que se asiste a una decisión “binaria”, entre comprar al TC oficial y el financiero. Si a una empresa le autorizan pocas importaciones al MULC es probable que decida cursar todas por el CCL. De esta manera, las importaciones autorizadas por el BCRA y cursadas al TC oficial siguen una dinámica de precios estables, mientras que aquellas realizadas al CCL siguen una dinámica ascendente.

Impacto distributivo sobre el crecimiento

La aceleración de los precios tiene su impacto en una distribución del ingreso que se ha vuelto cada vez más regresiva. A partir de 2018, la economía entró en recesión y la rentabilidad se sostuvo a partir de una caída de la participación del ingreso de los y las trabajadoras en el producto. Esta dinámica se profundiza a partir de la pandemia.

Repasemos algunas variables a partir de 2018, año en que la economía Argentina entró en recesión. Entre enero de 2018 y octubre de 2021, el tipo de cambio oficial (Com. 3500 - BCRA) se incrementó en más del 420% y los precios subieron un 330% (IPC). Según los datos del INDEC disponibles a septiembre de este año, el nivel de actividad cayó un 6,0% (EMAE), el empleo lo hizo en un 6,3% y el índice total de salarios creció un 232% (251%, sólo privados). Las variables seleccionadas están asociadas a la distribución funcional del ingreso. Si los salarios reales crecen por debajo de la productividad (aproximado por el ratio producto-trabajadores), la participación de los y las trabajadoras en el ingreso cae.

La aceleración inflacionaria y la recuperación de los márgenes de ganancia han generado un desfasaje entre la evolución de la actividad económica y la demanda agregada. Por un lado, si bien se observa una recuperación de la inversión privada, todavía se encuentra en niveles relativamente bajos en relación al PIB (14,5%), sobre todo si se la compara con los niveles de mayor crecimiento entre 2006 y 2008 (19/20%, aproximadamente). Por otro lado, mientras el EMAE ya supera niveles previos a la pandemia, la recaudación del IVA interno en términos reales, tomado como indicador de consumo final, todavía no logra recuperarse: en octubre de este año registró una caída del 2,6% interanual. Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa, las compras minoristas registraron en los 10 meses del año un alza de 13,8% frente a iguales meses de 2020. De todas maneras, no logran recuperarse del impacto de la pandemia: a comparación de los primeros 10 meses del 2019, se mantiene 9,1% por debajo. Es decir, medido en términos de consumo, la calidad de vida de las personas en términos agregados y generales es menor que los niveles pre pandemia.

Por lo tanto, de cara al cierre de año y con el 2022 por delante, se mantiene el desafío de consolidar la inversión y el consumo, lo que implica impulsar la demanda agregada a través de la inversión pública y conjugar políticas de ingreso con políticas macroeconómicas tendientes a controlar las tensiones en el frente externo y la aceleración inflacionaria.

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