Israel, Irán y la guerra que nadie quiere

A lo largo de este artículo se profundizarán los pormenores de las tensiones diplomáticas entre Israel e Irán producto de la participación e injerencia de ambos actores en otros conflictos, todos ellos agravados recientemente por la cuestión nuclear.


Desde hace años, el conflicto entre Israel e Irán se ha sostenido de manera indirecta, principalmente a través de tensiones diplomáticas producto de la participación e injerencia de ambos actores en otros conflictos o Estados. Este fenómeno se debe a que para ningún actor involucrado, ya sea para ambos protagonistas o para demás actores regionales e internacionales, un conflicto de estas características sería sostenible. A lo largo de este artículo se profundizarán los pormenores de esta afirmación, desde el involucramiento de Irán e Israel en conflictos regionales, las múltiples aristas de su disputa y el rol de Estados Unidos en la misma, todos ellos agravados recientemente por la cuestión nuclear.

Como se afirmó anteriormente, la tensión entre Israel e Irán se ha manifestado en el plano indirecto desde la Revolución Islámica. Si se analiza el tablero en Medio Oriente, se ve claramente la influencia que ambos proyectan en otros Estados para servir a sus propios intereses. En el último tiempo, se ha podido observar tanto a Israel como a Irán involucrándose en conflictos de demás actores regionales para poder contraponerse a su adversario. Los principales conflictos donde estos dos Estados operan sus influencias es en la lucha de Israel contra Hezbollah en Líbano, el conflicto agravado por la crisis y la guerra civil Siria y la presencia de milicias pro chiitas en Irak.

En primer lugar, cabe mencionar el caso de Líbano, donde la tensión entre estos dos grandes poderes regionales se materializa desde el involucramiento iraní en la guerra civil libanesa, buscando fortalecer a la facción chiita del país. Fue durante ese período que se creó Hezbollah, pieza fundamental para la política iraní en la región. Ésta funciona como catalizador de las demandas de los chiitas en el país y cumple también una importante función social, motivo por el cual Hezbollah es muy fuerte en Líbano, lo que beneficia al Estado persa.

Esta organización puede analizarse desde diversos puntos de vista. Sea cual sea, es innegable el poder que brinda a Irán para proyectar influencia a todo Medio Oriente como organización de habla árabe, en general, y para amenazar a Israel desde el norte, en particular. Utilizar a Hezbollah para atacar a Israel es un movimiento muy osado, especialmente teniendo en cuenta lo cruento de los enfrentamientos entre Israel y Líbano en 2006. Como explica John Raine, experto en terrorismo transnacional del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), para Irán “su mejor socio para atacar a Israel es Hezbollah, pero eso sería un movimiento de escalada que podría involucrar a Hezbollah en la guerra que Irán quiere evitar”. Sin embargo, lo osado de dicho movimiento no quita que la amenaza indirecta de Irán siga latente y alarme a Israel, lo que motiva al país a reforzar y realizar ejercicios militares en su frontera norte.

Otro caso a analizar es el de Siria. Tanto Israel como Irán han intervenido en este país desde el inicio de la guerra civil. El Estado persa ha buscado sostener al gobierno de Bashar Al-Assad, para lo cual, entre otras medidas, movilizó a Hezbollah a territorio sirio. Esto le ha permitido proyectar poder e influencia en la región y acercarse más a Israel. El Estado judío percibe como una gran amenaza la cercanía iraní a su frontera, teme que este actor utilice el territorio sirio para enviar armas a Hezbollah en el Líbano y que fortalezcan su presencia en el lado sirio de los altos del Golán.

Esto ha llevado a Israel a sostener oficialmente una postura neutral ante la guerra civil al tiempo que ha realizado múltiples maniobras para evitar el aumento de influencia iraní. Desde el año 2013, Israel ha intentado frenar la presencia iraní y de Hezbollah en Siria a través de operaciones militares. Se han atacado agentes y posiciones de ambos en territorio sirio. Además, se ha brindado asistencia médica a rebeldes sirios.

Por último, cabe destacar el caso de Irak. Desde la imposición de una democracia en el año 2005, este Estado árabe de mayoría chiita ha afianzado su relación con Irán. Los grandes lazos culturales y religiosos entre Bagdad y Teherán no sólo les permite compartir tradiciones a ambos Estados, sino que también afianza las alianzas políticas entre ellos. Un ejemplo de esto son los cercanos lazos que el ayatolá Ali al-Sistani (nacido en Irán) y el nuevo Primer Ministro Mustafa Al-Kadhimi mantienen con el Estado persa, fomentando la cooperación entre ambos.

Es este acercamiento político el que permitió a Irán desplegar oficiales de la Guardia Revolucionaria como consejeros en Irak, siendo un caso emblemático el del general Qasem Soleimaini, asesinado en un operativo nortemaericano cerca del aeropuerto de Irak. Otra cuestión a tener en cuenta es que, producto de dicho afianzamiento de relaciones, Irak ha hecho caso omiso al constante ataque a posiciones norteamericanas en la frontera entre Siria e Irak por parte de milicias pro chiiitas.

Dicho acercamiento preocupa a Israel, dado que ha permitido a Irán proyectarse cada vez más hacia el oeste en la región, estableciendo así un área de influencia mayor, que contrarresta el peso geográfico y estratégico de Tel Aviv. Además, teme que Irán proyecte en estas milicias pro chiitas la oportunidad de atacarlo en otros frentes, o busque desestabilizar al gobierno irakí en pos de deteriorar las relaciones entre el Estado judio y sus pares árabes.

Otra cuestión angular en la relación entre Israel e Irán es el status nuclear de la República Islámica. Desde que en 2011 la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) alertó sobre el Programa Nuclear iraní y su posible uso dual, Tel Aviv se dispuso política y diplomáticamente a no permitir el desarrollo de un arma nuclear iraní. En realidad, Israel cuenta con una historia compartida en la región, en la cual sabotea cualquier intento de sus homólogos de desarrollar armas nucleares. Un ejemplo de esto fueron los bombardeos israelíes a las infraestrcuturas iraquíes en la epoca de Saddam Hussein, cuando se alertó de la producción misilistica de Irak.

Israel, en su status de único poseedor de armas nucleares en la región, no puede permitir que Irán tenga o desarrolle un arma nuclear. El cambio de este equilibrio de la seguridad de Medio Oriente no solo imprime una amenaza a Tel Aviv, sino también a toda la región, ya que una proliferación en términos horizontales desencadenaría una carrera armamentística entre los Estados prominentes en la misma.

Israel ha llevado a cabo una campaña de sabotaje a las instalaciones nucleares iraníes, principalmente en la planta de enriquecimiento de uranio Natanz, donde Irán ha llevado a cabo grandes avances nucleares en los últimos años, que van en contra del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés). Irán acusa a  Israel de ser responsable de dos ataques a la corriente eléctrica de dicha instalación, afectando así la producción de uranio.

En ese sentido, se toma noción de una guerra cibernética entre estos Estados, no solo en la cuestión nuclear, sino en los ciberejercicios que ambos Estados han desplegado en pos de desestabilizar y afectar mutuamente sus estructuras críticas. Israel, como potencia tecnológica, supo demostrar tener las herramientas para afectar estructuras militares y esenciales para Irán. Lo que los analistas destacan es que Irán tampoco se queda atrás con su poderío en el ciberespacio, ya que se toma dimensión de grandes operaciones en las elecciones de Israel y Estados Unidos, o ataques directos a infraestructuras como el sistema energético o de distribución de agua en ciudades del Estado judio.

Otro ámbito donde se ve un despliegue directo entre los lados es la cuestión marítima. Aquí toman relevancia los incidentes acontecidos tanto en buques israelíes como iraníes. En el caso de Israel, el gobierno afirma que el buque comercial Helios Ray y el portacontenedores Lori fueron atacados recientemente, y se acusa de estos hechos al Estado persa. En el caso de Irán, desde hace ya más de un año han recibido ataques a buques que navegaban en el Mediterráneo y el Mar Rojo. En este caso, se acusa a la Armada israelí de perpetrar los ataques. A pesar de no haber respondido a los ataques en el pasado, la actitud iraní ha cambiado recientemente. Incluso el gobierno ha afirmado que se esforzará en garantizar la seguridad en los mares abiertos, una clara advertencia a Israel de que sus ataques no serán ignorados.

En los últimos años, Israel e Irán endurecieron sus posiciones contrarias entre el uno y el otro. Motivados por una política de enfrentamiento y sabotaje constante, la disputa por sus status en la región y sus áreas de influencia fueron mutando. Si bien las amenazas son constantes entre las cúpulas políticas militares, en este último tiempo se vio un despliegue constante de distintas estrategias para desestabilizar al otro.

En este contexto, la disputa por el poder regional estuvo condicionada por el proceso de la administración Trump. El ex presidente norteamericano, con la disposición de retirarse del JCPOA y la campaña de máxima presión a la República Islámica, allanó el camino a Israel para confrontar de forma directa a Teherán. Ahora bien, los acercamientos políticos y la posibilidad de revivir el acuerdo nuclear implicó una nueva retórica de Washington hacia la región. En particular, que Estados Unidos se acerque a Irán no es bien recibido por Israel, lo que implica un nuevo proceso de reacomodamiento de la política exterior de Netanyahu con respecto a su guerra silenciosa con Irán.

Claro está que a Israel no le sirve que Irán se siente en la misma mesa que los Estados Unidos, menos si el acuerdo nuclear puede salir revitalizado, lo que implicaría una nueva dinámica en la región. Igualmente, a pesar del cambio de administración, los objetivos de Israel son claros con respecto a Irán. Tel Aviv no puede permitirse que un Estado dispute ni se expanda, menos en la cuestión nuclear que tanto alerta a la cúpula dirigencial del Estado judio.

Lo claro es que en un contexto convulsionado, donde Irán e Israel operan y se enfrentan en tantos frentes, los límites de acción se tornan difusos. Esto conlleva el peligro de cometer errores de cálculo en cuanto se derive en un enfrentamiento directo entre ambos Estados, lo que implicaría un cambio total en la dinámica de los conflictos como se conocen en Medio Oriente. El esclarecimiento de esta guerra silenciosa no beneficiaria a ningún Estado, ya que no solo influye en la relación bilateral entre éstos sino en el orden regional e internacional tal como se lo conoce.



Sobre los Autores


Alejo Sanchez Piccat: Alejo Sánchez Piccat es licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE), maestrando en Defensa Nacional (UNDEF), especializado en cuestiones nucleares y Medio Oriente, fundador y director de Politólogos al Whisky. Coordinador del Observatorio de Defensa y Seguridad y Lider del área de Medio Oriente del CEPI-UBA. (redes: @alejosp1)

Victoria Enríquez: Victoria Enríquez es estudiante de la Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE), interesada en la política internacional y los asuntos polares. Redes: @vickyenriquezz (Twitter)/ @viickyenriquez (Instagram).

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