Italia confirma el avance de la extrema derecha en Europa

Con un discurso ultranacionalista, Matteo Salvini fue uno de los grandes ganadores del domingo. Las fuerzas xenófobas crecen en todo el continente y desafían la estabilidad de la Unión Europea.

Las elecciones del pasado domingo en Italia confirman el avance de una Europa cada vez más xenófoba, derechista y crítica con el proceso de integración regional. Matteo Salvini, que elogió al fascismo de Mussolini y prometió expulsar a medio millón de inmigrantes clandestinos, fue uno de los grandes ganadores de la jornada. Mientras los retazos de la crisis financiera internacional se siguen sintiendo, crecen en Europa las fuerzas que promueven el ultranacionalismo, la intolerancia y el autoritarismo.

“Italianos primero” fue el lema de campaña de la Liga del Norte, el partido encabezado por Salvini que resultó la formación más votada dentro de la coalición de derecha que integra también Silvio Berlusconi. La consigna replica el “America first” (Norteamérica primero) de Donald Trump, y resume la visión de liderazgos xenófobos en ascenso.

Salvini, un milanés de 44 años, ha llegado a pedir que se destruyeran los campamentos de gitanos y no tuvo complejos en señalar que la dictadura de Benito Mussolini tuvo “aspectos positivos”. El frente que ahora lidera quedó en primera posición, con el 37% de los votos, y lo dejó con chances concretas de conducir al próximo gobierno italiano.

El crecimiento de la extrema derecha no es aislado: es un fenómeno que se extiende por toda Europa. La profundidad de la crisis económica, el descrédito de la Unión Europea, el avance del islam y la cuestión migratoria le ofrecen a los ultranacionalistas un caldo de cultivo ideal para la expansión de sus plataformas. Así, como nunca antes desde la Segunda Guerra Mundial, candidatos y partidos extremistas ganan espacio en las instituciones de representación tradicionales.

En las últimas elecciones presidenciales de Francia, el Frente Nacional de Marine Le Pen accedió al ballotage frente a Emannuel Macron. El partido tiene una retórica fuertemente antiinmigrante, anti Unión Europea e islamofóbica. “Estamos viviendo el fin de una era y el comienzo de otra”, advirtió Le Pen hace un año.

Alternativa por Alemania (AfD) fue el año pasado la tercera fuerza más votada en las elecciones generales de la principal economía de Europa. Con un programa anti-establishment, antiliberalización y antiinmigración, logró el 12,5% de los votos y consiguió 90 legisladores en el Bundestag. Con la reedición de la coalición entre conservadores y socialdemócratas, AfD quedó como el principal partido de oposición.

El Partido de la Libertad de Austria (FPO), una formación que hizo de la antiinmigración su seña de identidad, pasó a integrar la coalición de gobierno en diciembre del año pasado. Heinz-Christian Stache, del FPO, es el viceprimer ministro.

En Holanda, Gert Wilder, del Partido de la Libertad, quedó en los comicios del 2017 en segundo lugar. En la previa, todas las encuestas lo daban como probable ganador. Wilders llegó a afirmar que prohibiría el Corán y las escuelas islámicas.

Viktor Orban gobierna Hungría desde 2010. Promueve un discurso xenófobo, persigue ONG opositoras, demoniza a los refugiados y condiciona la libertad de prensa. No se puede relajar: su principal opositor es Jobbik, un partido aún más a la derecha que denuncia “los esfuerzos del estado sionista de Israel por dominar Hungría y el mundo”.

Las fuerzas de extrema derecha también integran la coalición de gobierno en Noruega, Finlandia, Suiza y Eslovaquia, y han tenido un protagonismo inédito en Gran Bretaña durante el Brexit. Con un discurso antiglobalizador, xenófobo e intolerante, estas formaciones amenazan no solo el proyecto de la Unión Europea, sino también la estabilidad del orden democrático.

El lápiz verde