La diáspora china y el covid-19: mitos acerca del “germen” del virus

OPINIÓN. La atribución de parte de esta responsabilidad a las comunidades migrantes chinas ha funcionado como una fuente de estigmatización que se suele añadir a los recurrentes episodios de xenofobia que ya sufren estas minorías en muchas partes del mundo.

En general, el concepto “diáspora china” alude al conjunto de movimientos poblacionales que conforman el creciente fenómeno de radicación de la población china fuera de su país de origen, distribuidos en diferentes lugares del mundo. De acuerdo con algunas estimaciones, este contingente de migrantes chinos, actualmente compuesto por casi 60 millones de personas, seguirá incrementándose en las próximas décadas.

Mucho se ha especulado sobre la influencia que han ejercido estos enormes movimientos poblacionales desde China hacia el resto del mundo en torno a la propagación masiva del Covid-19. Tal ha sido el alcance de estas conjeturas que según alertan los expertos, ha dado lugar a una “nueva ola de racismo contra la diáspora china”, en las cuales la segregación y la discriminación cultural sufridas por las comunidades chinas en el extranjero ha crecido de forma exponencial. Al ser directamente asociados con el origen temprano del virus, los grupos migrantes chinos han sido objeto de graves manifestaciones de xenofobia en sus localidades de residencia.

En España, país en el cual habita una porción importante de la diáspora china, representantes de la comunidad local china y un alto funcionario de la embajada china en Madrid se reunieron con el presidente español para tratar la problemática. El mandatario aprovechó la oportunidad para repudiar toda manifestación de xenofobia hacia los residentes chinos a causa del coronavirus, y afirmó que cuentan con todo el apoyo y la solidaridad del gobierno español. En Francia, la cuestión estuvo en el centro de la opinión pública luego de que el periódico “Le Courier Picard” publicara titulares percibidos por muchos como altamente estigmatizantes debido a expresiones tales como “alerta amarilla” y “peligro amarillo”. Tras reiteradas muestras de repudio, el medio local debió disculparse. También el portal inglés “The Guardian” reportó una serie de experiencias similares, cediendo el espacio para que ciudadanos chinos del Reino Unido relataran en primera persona situaciones vividas en torno a la problemática.

Como respuesta a las expresiones manifestaciones racistas, surgió la campaña “Yo no soy un virus” o “Je ne suis pas un virus”, donde a través de hashtags y palabras clave, ciudadanos de origen chino de toda Europa, principalmente de Francia y España, utilizaron las redes sociales para visibilizar la problemática. Esta campaña también ha sido replicada en el resto del mundo. En el caso de Argentina, académicos y estudiantes locales han mostrado su apoyo a las comunidades chinas a partir de la difusión de imágenes de chinos con la premisa “yo no soy un virus”.

La situación es aún más preocupante en Estados Unidos, donde el número de crímenes de odio no ha dejado de incrementarse desde el inicio de la pandemia. Datos facilitados por agencias estatales, universidades y oficinas de policía de los estados de Nueva York, Nuevo México, Minnesota, Washington, Nueva Jersey, California y Texas muestran innumerables casos de graves agresiones físicas contra miembros locales de la diáspora china desde que trascendió la información sobre la existencia del virus en marzo de 2020, llegando incluso a registrarse episodios de apuñalamientos. En al menos un 70% de estas situaciones se ha identificado como principal móvil de los ataques a sentimientos de temor y/u odio contra los habitantes chinos vinculadas a los brotes de coronavirus.  Lo anterior fue reforzado por la incesante retórica del ex presidente Donald Trump, que se hacía eco de estas concepciones xenófobas al afirmar explícitamente que el COVID-19 era un “virus chino”.

Tanto la prensa internacional como la comunidad académica se ha referido en este sentido a la celebración del Año Nuevo Lunar, ocasión en la cual vastas poblaciones chinas de ultramar acostumbran viajar a su tierra natal para celebrar las festividades con sus familias. Dichos medios han insinuado en reiteradas oportunidades que estos desplazamientos humanos favorecieron los contagios en China a inicios del año 2020. Lo anterior es respaldado también por datos proporcionados por la OAG (Official Aviation Guide of the Airways) de rastreos a teléfonos celulares, según la cual los traslados con motivo de estas fechas fueron la causa de la transmisión temprana del virus.

Por otro lado, la difusión de conclusiones de investigaciones destinados a rastrear los orígenes tempranos del virus, ha dado lugar a noticias en portales internacionales en las cuales se muestra a los murciélagos de regiones chinas como principales implicados en la infección de los humanos. Dichos estudios vinculan el surgimiento del virus a un área crítica que comprende parte de China, Laos, Myanmar y Vietnam donde se han encontrado trazos del virus Covid-19 en animales.

La comunidad científica ha desestimado incansablemente ya los dichos y suposiciones referidos a que el virus haya sido liberado por un laboratorio chino por considerarla muy poco probable. La mayoría de los estudios genéticos apunta a un surgimiento natural de la enfermedad. En este contexto, en agosto pasado asistimos al escándalo internacional desatado cuando el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió la realización de nuevas investigaciones en los laboratorios activos en la región donde se identificaron los primeros casos en diciembre de 2019. Los principales defensores de la teoría del surgimiento del virus en un laboratorio apuntan en particular al Instituto de virología de Wuhan. Ante el pedido de la OMS, China se negó rotundamente a permitir que autoridades de la OMS realizaran estas actividades en su territorio y rechazó públicamente la teoría de un escape de laboratorio. A propósito de esto, la Casa Blanca no dejó pasar la oportunidad para reiterar su apoyo al organismo internacional en la investigación que éste deseaba emprender.

Más allá de la veracidad o no de estas suposiciones, y de las opiniones cruzadas que existen acerca del papel desempeñado por el fenómeno de la diáspora en los contagios a nivel mundial, es innegable que una vez terminadas las vacaciones anuales con motivo del Año Nuevo y tras el retorno a sus hogares en diversos lugares del mundo, las comunidades migrantes chinas ya estaban preparadas para afrontar el impacto de la pandemia en sus “segundos hogares”. Percibieron rápidamente la gravedad de la situación y concentraron sus esfuerzos tanto en enviar asistencia a sus compatriotas como en evitar la proliferación de contagio en sus lugares de enclave.

En Checoslovaquia, las asociaciones Qingtian Hometown y Czech Chinese Youth organizaron el envío de más de 800.000 mascarillas y otros suplementos médicos hacia China para enfrentar la emergencia sanitaria. La comunidad china en Eslovaquia formó un “grupo de trabajo anti-epidémico” para la difundir información relevante sobre medidas preventivas y de cuidado dentro de ese país. También establecieron un servicio especial de automóviles individuales para trasladar a los viajeros de forma segura desde el aeropuerto hacia sus casas, además de coordinar alojamientos provisorios hasta pasados los 15 días desde su arribo al país. En Polonia, la Cámara de Comercio de Zheijang coordinó una donación de casi un millón de suplementos médicos a China.

Los ejemplos citados son sólo una pequeña muestra de cómo los “chinos de ultramar” han desempeñado una función esencial en la prevención temprana, el combate, y la erradicación del virus, tanto en los lugares en los que residen como en China. Se suele ignorar el hecho de que pese a encontrarse a kilómetros de distancia, las comunidades chinas en el exterior mantienen vínculos activos con su país de origen, los países de residencia y el resto de las comunidades migrantes chinas ubicadas en todas partes del mundo. Los grupos nacionales chinos suelen desempeñar un rol muy activo en las sociedades donde viven, estableciendo vínculos con los locales, integrándose en instancias de participación ciudadana y, consecuentemente, contribuyendo notablemente al bienestar social. También se relacionan asiduamente con su país de origen, con el que están en permanente contacto a nivel gubernamental y con el que sostienen fuertes lazos culturales y sanguíneos.

 Por lo tanto, la imagen de “catalizador” o “germen” de contagios que se le ha asignado erróneamente a las comunidades de chinos migrantes proviene esencialmente de la ignorancia, la difusión de informaciones falsas y de preconcepciones xenofóbicas arraigadas en el imaginario social -y a veces utilizada políticamente- que refuerzan el estigma con el que cargan estas poblaciones.


Sobre la autora

María Sol Ybañez es miembro del GECHINA – Grupo de Estudios sobre China y Argentina- de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Rosario.

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