La inflación, ¿una causa común?

Transcurrió una semana dinámica para la política interna en la que el gobierno logró marcar, de manera clara y minimizando las confrontaciones, su posicionamiento respecto a temas importantes como los intereses en pugna detrás de la dinámica de precios-salarios.

Transcurrió una semana dinámica para la política interna en la que el gobierno logró marcar, de manera clara y minimizando las confrontaciones, su posicionamiento respecto a temas importantes como los intereses en pugna detrás de la dinámica de precios-salarios. Además el ministro, estrella, Martín Guzmán nos regaló una pequeña perla para el archivo en donde discurren debates sobre modelos de acumulación: ¿y para qué se usaron los dólares?, bueno sí, buena parte se fugaron del país.

El domingo pasado en una entrevista al diario Página 12, el presidente Fernández había advertido con aplicar medidas concretas (cupos y/o retenciones) si se aceleraba la suba de precio en alimentos sensibles para la mesa de los argentinos. Las implicancias de las subas del maíz y el trigo están en la mira, mientras que la producción girasol y soja alcanzó un acuerdo a comienzos de año (el fideicomiso aceitero) que impide elevar retenciones hasta fin del 2021. Los representantes de la Mesa de Enlace solicitaron un encuentro con el presidente, que se concretó el día miércoles. Ambas partes se llevaron buenos resultados que mostrar: los rurales obtuvieron el compromiso de Fernández de no aplicar dichas medidas y de conversar en conjunto futuras decisiones. Alberto consiguió (off the record) que acelerasen la liquidación de exportaciones de soja y maíz en la segunda y tercera semana de febrero (cuando es poco habitual contar con esas divisas) y también logró sumarlos al Consejo Económico y Social que actualmente discute la dinámica de precios.

Para no frenar el conocido traslado a los precios internos de las subas internacionales de las commodities, los representantes de la Mesa de Enlace propusieron quitar el IVA a un grupo de alimentos; medida que quedó desterrada pues es reconocido que no tiene un impacto sobre los precios. Una segunda estrategia fue responsabilizar a los demás eslabones de la cadena alimenticia: “Se entendió que nuestra participación en el precio final es baja, por lo que el problema está en el resto de la cadena”, dijo Carlos Achetoni de la Federación Agraria luego de la reunión. Esta posición, reitera desde la Mesa de Enlace, quizás inaugura un nuevo capítulo de confrontación dentro de la clase empresaria argentina que habrá que seguir.

Los encuentros del gabinete económico con todos los representantes sindicales de la CGT, CTA y Camioneros, también el día miércoles, y con todos los secretarios de las cámaras empresarias, el día jueves, también fueron satisfactorios: otorgaron visibilidad al gobierno y permitieron que pregnara el designio de Guzmán, de que los salarios crezcan un 31% o 33%, por encima de la inflación proyectada en 29%. Esto último en miras de la coyuntura actual requerirá que se mantengan este año las regulaciones, como en Precios Cuidados y tarifas, y que se profundice la estrategia del Central de anclar el tipo de cambio, achicando las microdevaluaciones. El acompañamiento de los dirigentes gremiales y la clase empresaria está, de momento, y volverían a encontrarse todos juntos para finales de febrero. Pero sabemos que estos acuerdos son hiper flexibles en Argentina, que ayudan, pero cualquier desbarajuste macroeconómico será razón suficiente para olvidarlos.

En ese sentido, quizás, otra decisión acertada del gobierno fue comunicar la iniciativa de Sergio Massa de enviar un proyecto al Congreso para modificar, ostensiblemente, el piso del Impuesto a las Ganancias: si actualmente es de unos $ 75.000 para trabajadorxs solterxs y sin hijos y de $99.000 para casadxs con cónyuge y dos hijos menores en relación de dependencia, pasará a $ 150.000 mensual para todos los sueldos y a unos ocho haberes mínimos ($ 152.000) en el caso de los jubilados. El costo fiscal estimado es de un asequible 0,14% del PIB y de ser aprobada la medida beneficiará al 63% de los actuales contribuyentes, y representará una mejora automática en sus ingresos sin presionar la nominalidad de los sueldos. En un año electoral e inflacionario, la iniciativa es a todas luces prometedora, además de justa y progresiva. El oficialismo confía poder sancionarla antes de marzo y tendría, con matices, un respaldo casi unánime en Diputados.

Mientras las puertas de la Casa Rosada se abrían y cerraban, recibiendo y despidiendo invitados, también las teclas de los redactores de INDEC se aceleraban para publicar dos importantes informes esta semana. Se difundía la variación de salarios cerrada para 2020 y también el primer dato de la inflación de 2021. No fueron noticias alentadoras.

En 2020 los salarios perdieron contra la inflación por tercer año consecutivo: los primeros subieron 33% mientras el índice de precios aumentó 36,1% en igual período. Claro que algunos trabajadores perdieron más que otros, es el caso de los estatales cuyos sueldos subieron apenas 26,8%,  en tanto los trabajadores en blanco del sector privado consiguieron mejoras del 34,4% promedio y los informales fueron los únicos en ganarle a la inflación, con una suba salarial del 39%. Este desempeño atípico se debió a la suspensión de paritarias en varios gremios (donde el empleo se sostuvo gracias al ATP) mientras los informales se beneficiaron por el repunte de la actividad hacia fines de año, especialmente en el rubro de la construcción. La caída acumulada por el promedio general de salarios desde 2018 fue del 20%, de modo que tomará un tiempo recuperar el poder de compra perdido siguiendo la línea oficial.

En cuanto a la inflación, el dato de enero marcó una suba del 4% mensual que muestra una inercia respecto de diciembre. Los alimentos y bebidas sin alcohol apuntaron la suba más pronunciada: 4,8% mensual, donde sobresalió el impacto de carnes, frutas, verduras y aceites (la mesa de los argentinos). En segundo lugar se sintió el impacto de las subas en telefonía e internet (en torno al 15,1% mensual) y en los combustibles (8%). En febrero se espera una dinámica si no mayor, al menos en línea con el mes de enero, se contabilizarán los aumentos en prepagas y educación, comunicación y además tarifas de subterráneos y taxis. El año arranca con una inercia inflacionaria de 3,8% al mes mientras que debiera ser al menos 1p.p. inferior para acercarse al pronóstico del gobierno en este primer trimestre (y ubicarse en torno a 2% mensual el resto del año). Toda una serie que está por verse.

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