¿La nueva hora de los pueblos?

OPINIÓN. El retorno a la democracia en Bolivia trae nuevos aires a la región.

Por Ludmila Toloza y Páris Goyeneche*

“Es aquí donde nos despedimos”. Después de once meses fuera de su país, Evo Morales estrecha la mano de un amigo de otras épocas, el presidente Alberto Fernández, quien lo saluda desde el paso la Quiaca-Villazón para emprender su camino solitario, no solo del que regresa del exilio, sino del que, con paso certero, vuelve al sendero consagrado de un hombre al servicio de su prójimo. Nació en la humildad, creció entre menesterosos, ejerció su ministerio entre los que gritaban en medio del desierto, lo crucificó el imperio, y hoy, más que nunca, resurge de las tinieblas del sepulcro. El triunfo del MAS hizo posible el retorno del gran líder, con una victoria llana en primera vuelta (55%), poniendo a la cabeza la fórmula Arce Catacora-Choquehuanca.

¿Pero qué pasó durante este año en la agitada Bolivia? ¿Qué propició la vuelta de Evo al país después de estos meses de exilio? Para el ojo mal entrenado, para el que mira desde lejos, parecerá un mezquino juego de poderes, pero fue más que eso. Hace un año Evo tuvo que salir de su país con la muerte pisando sus talones. Durante el escrutinio electoral de octubre de 2019 hizo detener el conteo rápido, que aún sin ser el oficial lo marcaba a la cabeza, pero con la posibilidad de no ser suficiente para ganar en primera vuelta –una suspicacia, gentileza de los observadores de la OEA- frente a Carlos Mesa del FRI. El establishment no se lo perdonó, y Evo prefirió irse, entendiendo que ya habría tiempo de contar la verdad. El Tribunal Constitucional Plurinacional designó a Yanine Añez presidenta interina, y el pueblo boliviano tuvo que esperar una vez más. Durante 11 meses de gestión, el PBI descendió un 11 %; se tomó deuda externa por USD 4200 millones, se liquidaron los programas sociales y se deterioró el sistema sanitario, con los consecuentes padecimientos de la población en plena pandemia. El pueblo se encontró, una vez más, dividido en antagonismos: Colla tú, Camba yo; pobre tú, rico yo, blanco yo, indio tú, bárbaro tú, civilizado yo. 


De entrañas ricas pero víctimas del egoísmo, el pueblo boliviano regresó a sus luchas intestinas, sin líder, sin voz, sin destino. Hasta que el momento llegó y el poder volvió a manos de quienes pertenecía. Se hicieron oír y fue mediante la voluntad de sus legítimos portadores que la democracia se recuperó.


¿Qué implica el retorno de Evo para América Latina? En principio es una bocanada de aire fresco para toda la región. Una voz recuperada para resistir la afrenta de quienes se creen los dueños absolutos de la verdad. En segundo lugar, representará un nuevo aliado para Fernández y López Obrador, quienes están desde hoy menos solos en su proyecto progresista. Ahora bien, ¿será esto suficiente para generar un cambio de tendencia regional? Tras el triunfo boliviano se espera que en las próximas elecciones de febrero se imponga en Ecuador el candidato impulsado por el expresidente Rafael Correa, y que en ese marco se relance el gran gigante dormido, la UNASUR.

Y, por último, el regreso de Evo implica una gran pérdida de credibilidad para la Organización de Estados Americanos (OEA), la cual ya estaba en el ojo de la tormenta respecto a su incapacidad de garantizar la democracia en la región, tras el informe falaz que el Secretario General, Luis Almagro, presentó respecto de irregularidades en la elección de noviembre de 2019 y que precipitó la destitución de Evo Morales. Tras quedar expuesta la verdadera voz del pueblo boliviano ante la arrasadora victoria del MAS en el retorno de la democracia, el presidente electo expresó la necesidad de lograr la renuncia de Almagro. Respaldado por las críticas de diversos y prestigiosos especialistas en la temática (informes de la Universidad de Michigan y Harvard, entre otros) a las endebles conclusiones del relevamiento electoral, y por las proclamaciones de los Cancilleres de México y Argentina.

El pequeño gran hombre cruza la frontera, a su llegada su alma se ensancha. Lo visten con poncho de jalq´a, cuentas de vasijas y corona de flores, atuendos propios de cacique aymara. Abraza a sus amigos, la multitud lo aclama. La vista es sobrecogedora, cientos llegan desde el Chapare para acompañar su caravana de mil kilómetros hasta Chimoré, el lugar que lo vio partir, hoy regresando glorioso a buscar su destino.

Solo resta esperar, con anhelo ferviente, que se asienten las tendencias progresistas y que den lugar al resurgimiento de la lucha por la Patria Grande y la libertad de los pueblos, abrazando la democracia, la independencia y los derechos conquistados. Después de un tormentoso período al servicio de grandes intereses foráneos, ¿habrá llegado finalmente la hora de los pueblos?

 

Sobre los autores

Ludmila Toloza es estudiante avanzada de la licenciatura en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Lanús. Miembro del Grupo Jóvenes Investigadores-Instituto de Relaciones Internacionales. Miembro de “Estela Sur”. ludmilartoloza@gmail.com

Páris Goyeneche es estudiante avanzado de la licenciatura en Relaciones Internacionales, Universidad Nacional de Lanús. pggoyeneche@gmail.com



Diarios Argentinos