“La poesía ayuda a cantar a los que buscan liberarse”

Julián Axat es poeta y coordinador del Programa de Acceso a la Justicia de la Procuraduría General de la Nación. En diálogo con El País Digital, habló sobre cómo conviven en él pasiones en apariencia tan opuestas.

Es posible catalogarte de muchas maneras: abogado, editor, hijo de detenidos desaparecidos, poeta, docente. ¿Con cuál te sentís identificado? ¿O todas se entremezclan para formar a un Julián Axat que cumple con todas las etiquetas?

Creo que soy un poco de todo eso, o me fui haciendo en el trayecto siempre con algunas obsesiones más que otras. También uno es padre, pintor de brocha gorda, jardinero y hasta filatelista… Me siento identificado con el rol de hombre simple que cambia de registro según situación y que puede amar la palabra y a los otros en todo lo que hago. La búsqueda de las palabras ha sido mi principal obsesión, aquellas que me permitan nombrar mis inquietudes. Ser en el mundo. La palabra certera o justa para mí. Desde que la Poesía me atrapó siendo adolescente, no me soltó; y ahora trato de que no se me escape. Por eso la llevo agarrada de la cola como a un cometa. El derecho es otra forma de trabajo de la palabra, algo más instrumental, que busca transformar algo injusto en justo, y poder vivir de eso. Mi condición de víctima de la última dictadura es una identidad que estuvo presente, pero últimamente la he dejado de lado para pensar a otras víctimas, a las más actuales, a las que me interesa ayudar. Por eso elijo un rol de abogado en los barrios humildes, llevando oficinas de la justicia allí donde nunca existieron, brindando asesoramiento jurídico gratuito, que es lo que hace ATAJO en la Argentina de hoy. Claro que todo esto no se podría hacer sin la poesía que está debajo…


¿En qué circunstancias encontraste la poesía como un medio para transmitirte?

Cuando tenía 14 años, un día conocí a un poeta que me regaló su libro. En la Argentina de entonces no se hablaba de los desaparecidos como hoy, había temor. Necesitaba contar lo que me pasaba, a mis viejos los habían hecho desaparecer cuando tenía siete meses y vivía con mi tía. Decidí copiar al poeta y armar mi libro. Siguiendo ese modelo escribí el diario poético de un hijo de desaparecidos que interpela el silencio. Ahí condensé mi historia, ahí comencé un diálogo con los fantasmas, que me persigue hasta hoy, pero de distintas formas.


Dijiste que para vos la poesía es un diálogo con los muertos. ¿A qué te referís?  

Si me pongo a pensar,  la matriz de mi escritura está en la imposibilidad de una sepultura y en el aura que queda más acá, con la que el poeta dialoga en términos de poesía civil. El diálogo es entre generaciones sobre la memoria y los proyectos inconclusos. Es la matriz del Libro egipcio de los Muertos o el diálogo de los sepultureros de Hamlet, el Spoon River de Lee Masters. O yendo más al cine, La sociedad de los poetas muertos. La idea de “legado” es jurídica e implica una donación material, pero también un mensaje, un susurro que los muertos hacen a los vivos. Mi arte poética es la de un médium; escribo en trance, tratando de traducir esas voces que percibo en el aire, y lo hago con versos. Le doy forma a un poema. En el aire que traduce la palabra poética están la queja, la crueldad, la nostalgia, el horror, la belleza, lo justo, el Mal. Están la luz y la noche. La memoria de los vivos sobre los que ya no están.


Juan Gelman dice que la poesía es resistencia. ¿Lo ves de ese modo? ¿Te parece que es posible que los demás resistan a partir de las palabras?

La poesía no es un medio para… Se trata de un fin en sí misma, un recorrido, una manera de estar y sentirse en el mundo. Por lo general, en ese trance, la poesía ha permitido al ser humano ser el chispazo de expresión de los que sufren. Entiendo que Gelman lo dice en ese sentido: la poesía cercana a los vencidos y no a los vencederos de la Historia. La poesía ayuda a cantar a los que buscan liberarse de la opresión, a los proscriptos de palabra. Claro que existen poetas entre los vencedores, poetas de derechas que son muy buenos poetas, exquisitos o de salón, poetas oficiales a veces. No deja de ser poesía en la ofensiva. A mí me gustan, como dice González Tuñón, esos poetas que tienen algo que demandar contra el olvido.


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