La presencialidad, un ministerio y una villa

Desde hace un tiempo que los edificios de la Educación en CABA vienen siendo una cuestión para ponerle la lupa. Antaño, cuando la cuarentena solo pertenecía a la semántica carcelaria y los barbijos los vinculábamos a instrumentos quirúrgicos u odontológicos, el Ministerio de Educación de Ciudad mudó su sede a la recóndita intersección de Calle 10 y Perette. Claro, hasta el taxista más porteño se sorprendería si le entregamos tal destino porque sucede que la calle Perette, además de ser una avenida muy joven, es como un eufemismo que disfraza la nomenclatura otorgada a las calles y pasillos de la villa 31. ¡Qué simbólico fue llevar las oficinas del Ministerio de Educación, una cartera del Estado, al corazón de la pobreza y la miseria! Solo cáscara y hueco. No son escuelas para lxs pibxs del barrio que pretenden materializar el derecho a la Educación, son oficinas a las que acuden trabajadorxs administrativxs y docentes de toda la Ciudad para hacer trámites. Sin embargo, parece atractiva la idea de colocar algo referido a lo educativo en un lugar donde hay pobreza. Quizás también lo sea la idea de forzar presencialidad en este momento epidemiológico en un lugar “donde hay fracaso escolar”.Lógicamente no es una decisión neutral llevar la presencia de lxs trabajadorxs hasta allí, tampoco lo es la de llevar la presencia física de lxs chicxs hasta las escuelas en este momento sanitario. Entonces ¿Por qué tanta obstinación por organizar de este modo las presencias? ¿qué idea política económica organiza los cuerpos de la educación en estos momentos?

Si bien hace tiempo que JxC intenta instalar la idea de que la Educación está en crisis y afronta un problema de calidad, en estos momentos de pandemia se utiliza la misma estrategia de legitimación para la implementación de algunas medidas de ajuste. Es decir, se transmite una sensación de bajo rendimiento escolar por parte de nuestrxs estudiantes argentinxs, con el fin de responsabilizar a lxs que enseñan de tal fracaso y así forzar el cambio de la formación docente, sostener presencialidad a toda costa, gambeteando el principal problema de la conectividad. En efecto, recientemente, Soledad Acuña afirmó que el nivel socio-cultural de lxs docentes es muy bajo y deja leer entre líneas que ese problema de calidad sea una de sus causas. “Son personas cada vez más grandes de edad, que eligen la carrera docente como tercera o cuarta opción luego de haber fracasado en otras carreras" esgrime la ministra. Es decir, no están preparados profesionalmente para afrontar los desafíos de un aula y mucho menos, podríamos inferir, una modalidad escolar a distancia y remota. Por eso, Larreta y Acuña, el nuevo binomio fantástico, nos seguirán demostrando con datos empíricos que la escuela virtual está sostenida por maestrxs que no saben y por chicxs que no estudian.

Construido el panorama de niñxs angustiadxs por el encierro, xadres al borde del colapso  porque no pueden ir a trabajar normalmente o agotadxs de resolver situaciones problemáticas de fracciones que “carecen de significatividad en la vida de lxs estudiantes” queda fertilizado el terreno de la baja calidad educativa de la que ya eran víctimas aquellxs alumnxs que debían caer en la escuela pública. Por lo tanto, si “nuestrxs chicxs que son los adultxs del futuro” (Diría Juana Viale) tienen un bajo rendimiento en el presente, se traduce en un futuro bochornoso, improductivo y subdesarrollado. Vaya omnipotencia tiene la escuela, ¿no?

El objetivo es simple y claro: transmitir la idea de que la educación virtual no sirve y traerá graves problemas en el futuro. Que dicho y sea de paso, el futuro es la tierra soberana donde gobierna la Derecha. Evocarán el 2020 como una mancha negra en la biografía escolar de lxs alumnos y que, de seguir así, la mancha seguirá derramándose sobre el 2021. De este modo se obtiene la legitimidad más valiosa, una que ni siquiera entregan cinco jueces de la Corte Suprema, la aceptación del sentido común. “En este momento estoy conteniendo el llanto de mi hija que la dejan sin colegio presencial y sin cumpleaños por segunda vez” confiesa la diputada Granata. Inclusive, en términos fácticos el amparo presentado por la comunidad de padres ante la justicia de Ciudad tuvo el mismo efecto que el asunto de la competencia por la cual se debía expedir la Corte.

En definitiva, JxC va por todo. Prevé generar esa sensación de fracaso escolar en curso y la única alternativa para defender en este momento la calidad educativa es a través de la presencialidad. Ellxs, tan amantes del consenso y tan reacios de la grieta y lo binario plantearon la dicotomía “presencialidad o suspensión de clases”. Así se develó el gran interés que esconde la medida: seguir garantizando otras presencialidades físicas, la de lxs adultxs en sus puestos de trabajo pero para que ocurra, lxs pibxs tienen que estar en la escuela. En efecto, en los días de aislamiento total, la mayoría de adultxs estuvieron en sus casas y no existió una necesidad imperiosa de que lxs niñxs estén en la escuela. No hubo emociones que contener ni continuidad pedagógica por la que procurar. No hubo nada. Solo espera, suspensión de clases. No obstante, para ellxs la decisión se justifica por sí sola; es una medida sanitaria a la altura del momento epidemiológico y sobre todo al postergar los tres días de clase para diciembre, están salvaguardando la correcta educación de lxs chicxs y de nuestro futuro.

No hay dudas que la presencialidad en las escuelas aumenta la tasa de contagios, descuida a diario a lxs niñxs, familias, docentes y auxiliares. Quizás por eso, a fin de cuentas, la presencialidad en este contexto desastroso de tanta muerte es como un friendly ministerio que encandila la miseria con sus enormes ventanales de edificio majestuoso.


Sobre el autor: Nicolás Levit - Profesor de Educación Primaria.

Docente del programa Socioeducativo -  "Programa de Reorganización de las Trayectorias Escolares de los alumnos con sobreedad en el nivel primario” – (Aceleración - CABA).0

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