La Unión Europea en la búsqueda de autonomía

‘Autonomía estratégica’, ‘soberanía europea’ o simplemente ‘autonomía’ son palabras que desde hace un par de años comenzaron a resonar en varias capitales europeas, generando confusión en algunos actores internacionales e incluso preocupación en otros.


Imagen de Erich Westendarp en Pixabay 

Autonomía estratégica’, ‘soberanía europea’ o simplemente ‘autonomía’ son palabras que desde hace un par de años comenzaron a resonar en varias capitales europeas, generando confusión en algunos actores internacionales e incluso preocupación en otros. No es para menos, ya que se trata de conceptos que se han empleado en el último tiempo para abogar por un mayor desarrollo europeo en áreas como la defensa y la seguridad internacional, como para justificar decisiones como las ambiciones de alcanzar niveles cero de emisiones de carbono para 2050 o la firma de tratados de inversión con China.

Sin embargo, no se trata de una discusión realmente nueva en el espacio de la Unión Europea (UE), sobre todo en su vertiente más cercana a la defensa. En el período de tiempo transcurrido entre la crisis de los Balcanes en los ’90 y los comienzos de la Guerra de Irak a principios de los 2000 el mismo tema ya había surgido en la Cumbre  de Saint Malo (entre Francia y el Reino Unido) con un llamado a la UE a desarrollar mayores capacidades para acciones militares autónomas, llevando a la advertencia desde la administración Clinton de que tal desarrollo no debía conllevar una desvinculación con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Ahora bien, ¿qué quieren decir, exactamente, estos conceptos de autonomía? Ya se ha mencionado que puede hacer referencia a una pluralidad de temas, como comercio o política ambiental, pero suele gravitar en torno al ámbito militar, de la defensa y de la seguridad internacional. De todas formas, poder atar el concepto a dicho espacio temático no es suficiente para comprender del todo sus implicancias, ya que existen muchas maneras en que se puede hablar de autonomía (entendida como capacidades militares) y no todas conllevan lo mismo.

Así, se puede entender la autonomía como mayor “responsabilidad”  por parte de los gobiernos europeos dentro de estructuras y cuestiones de índole militar y de seguridad internacional ya existentes, pero en las que no “aportan” tanto como, podría argumentarse, deberían. Esta concepción remite más que nada a su participación, tanto en términos presupuestarios como de recursos físicos, dentro de los esfuerzos de la OTAN. Por otro lado, otra manera de comprender la autonomía puede ir un paso más allá e incluir el desarrollo de mayores capacidades en la industria militar. A esta conceptualización se la puede entender como buscando “cobertura” (en el sentido financiero, es decir, de reducción de riesgos), manteniendo una buena relación con EEUU en términos económicos y diplomáticos, pero desarrollando capacidad en ciertas áreas específicas de mayor importancia estratégica para la UE.

Estas y otras conceptualizaciones del significado de la autonomía estratégica conllevan acciones muy dispares y por lo tanto, el llamado a que la Unión Europea busque tal autonomía puede ser interpretado de distintas maneras en cada una de las capitales europeas. Detalle no menor, ya que el llamado en cuestión requiere una acción conjunta a nivel europeo. Ciertos Estados miembro favorecen la interpretación sobre ‘responsabilidad’, sin necesidad aumentar las capacidades de la industria defensiva europea, ya que comprar equipamiento a Estados Unidos es una manera fácil de fortalecer sus capacidades al mismo tiempo que mejoran su relación con Washington, OTAN y adquieren tecnología de punta. Otros no quieren olvidar la industria, ya que la primera opción implica que actores extra-UE mantienen un mayor poder de decisión (y posesión) del uso de equipamientos y tecnología estratégica.

Habiendo repasado las ideas que rodean el debate sobre la autonomía estratégica de la UE, podemos concentrarnos en los actores que abogan actualmente por ella. Hoy en día, el avance de este tema pareciera haber surgido de París, pudiéndose citar el empleo del término ‘soberanía europea’ por Emmanuel Macron en un discurso en la Sorbona poco después de haber ganado las elecciones en 2017. Con Trump bien asentado en la Casa Blanca, la relación transatlántica (como se suele conocer a la relación de Estados Unidos con los países europeos, sobre todo de Europa occidental y central) no pasaba por sus mejores momentos y desde Washington aumentaba la insistencia –de larga data, para que los gobiernos europeos adquirieran “mayor responsabilidad” en los aportes a su defensa dentro de la OTAN. Junto a otras decisiones norteamericanas, como la decisión de retirarse del Tratado de 1987 sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, la confianza europea en su socio histórico no hizo más que bajar en los últimos tiempos y que más actores comenzaran a prestar atención a este tema.

Sin embargo, desde su discurso soberanista en la Sorbona, la retórica de Macron se ha moderado, con el término ‘autonomía’ ocupando el lugar de ‘soberanía’. Si bien en los comienzos de la pandemia se podía esperar que los esfuerzos en conjunto europeos para combatir al virus ayudaran a esta visión, esto no sucedió. Además, las palabras del presidente francés no lograron encontrar eco en otros socios europeos, en particular Berlín, cuyo gobierno no sólo no está interesado en el tema per se, sino que además lo vieron como una manera de poner a París en el centro de la escena de la defensa europea.

De esta manera, el principal promotor de la búsqueda de mayor autonomía estratégica europea no ha encontrado muchos actores que se hagan eco de su llamado, de momento. Sin embargo, este es un tema que no hará más que resurgir cada vez más en el espacio de la Unión Europea. El mundo está contemplando un proceso de transición de poder (como máximo, entre actores internacionales, como mínimo, entre regiones geográficas) que llevan el foco de la atención de Estados Unidos hacia el Pacífico. La UE se enfrenta a una serie de desafíos en sus vecindarios al este y al sur y en última instancia sólo la UE puede solucionarlos. Por lo tanto, el debate sobre la búsqueda de ‘autonomía estratégica’ a nivel europeo no desaparecerá por mucho tiempo.


Sobre el autor: 


Agustín Rigui es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Siglo 21, colaborador del CEPI UBA. 



Diarios Argentinos