La vuelta de Biden al multilateralismo ambiental

El 22 y 23 de abril tendrá lugar la Cumbre de Líderes sobre el Clima, que reunirá de forma virtual a 40 líderes mundiales. Este evento combinará dos objetivos centrales del gobierno de Biden: el multilateralismo y la lucha contra el calentamiento global.

El pasado 20 de enero, la asunción de Joe Biden al frente del Ejecutivo estadounidense permitió que el ambientalismo mundial respire. Con él, se anunció la vuelta del multilateralismo y la protección del ambiente al foco de atención de la principal potencia mundial; dos aspectos no sólo subestimados, sino activamente socavados por su polémico antecesor.

Biden rápidamente utilizó sus poderes constitucionales para emitir una serie de decretos de vital importancia para su proyecto de gobierno, entre los cuales se encontró el anhelado reingreso de Estados Unidos al Acuerdo de París. Este pacto internacional, firmado en el año 2016 y al día de hoy ratificado por 190 países, busca principalmente evitar que la temperatura mundial promedio no aumente por encima de los 1.5 - 2°C en relación a los niveles preindustriales (años 1850-1900).

También creó por decreto el nuevo cargo de Enviado Especial para el Clima, ocupado por el ex Secretario de Estado de Obama, John Kerry, quien fue encomendado con la tarea de coordinar la política ambiental de Estados Unidos con el resto de la comunidad internacional.

Ahora bien, estas acciones no fueron sorpresivas, sino que ya se venían gestando y esperando hace tiempo, especialmente en el ala más progresista del Partido Demócrata. Lo único que faltaba era que se oficializara la firma una vez asumido en la Casa Blanca.

Como anticipo de esto, durante la campaña presidencial de cara al pasado 3 de noviembre, Biden había presentado su ‘’Plan para una Revolución de Energía Limpia y Justicia Ambiental’’, estrechamente relacionado al famoso Green New Deal propuesto por la representante Alexandria Ocasio-Cortez y su colega senador Ed Markey.

El Plan encabezado por la fórmula Biden-Harris plantea cinco objetivos principales, los cuales incluyen lograr una economía alimentada 100% por energías limpias antes de 2050, y congregar al resto del mundo para afrontar la amenaza del cambio climático.

Como evidencia de esto, a finales de enero se anunció el plan de albergar la Cumbre de Líderes sobre el Clima, que se desarrollará de forma virtual los días 22 y 23 de abril. La fecha de apertura tendrá un gran simbolismo porque, además de ser el Día de la Tierra y representar el quinto aniversario de la firma del Acuerdo de París, confirmará nuevamente el regreso de Estados Unidos a la mesa de diálogo internacional en materia de protección ambiental, donde busca tener un rol preponderante.

40 líderes mundiales fueron invitados formalmente por Biden para participar de la cumbre, donde se espera que éstos delineen cómo van a contribuir sus respectivos países en la lucha contra el cambio climático. Se trata de un grupo de representantes que reúne a las principales economías emisoras de gases de efecto invernadero (17 Estados responsables del 80% de las emisiones mundiales), países especialmente vulnerables a los impactos climáticos y/o aquellos que demuestran fuerte liderazgo y proactividad en el tema.

Este importante evento de diplomacia ambiental busca constituir un espacio de encuentro previo a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) que tendrá lugar en Gales, Escocia, en noviembre de este año.

Mediante estas acciones de carácter práctico y simbólico, el par Biden-Harris aspira a que Estados Unidos vuelva a ganar credibilidad a nivel internacional, tanto entre sus aliados tradicionales como de cara al resto de la comunidad internacional, buscando afirmarse como líder mundial en la lucha contra el cambio climático (rol que también pretende la Unión Europea). Esto se resume en la famosa frase del ahora presidente: ‘’Liderar mediante el poder del ejemplo’’.

Un fragmento de la carta de invitación a la cumbre enviada al presidente argentino Alberto Fernández dice: Nuestras discusiones se centrarán tanto en el desafío de descarbonizar la economía global, como en la necesidad apremiante de ayudar a los países vulnerables a adaptarse a los impactos climáticos inevitables. Analizaremos estrategias para movilizar una financiación más sólida de parte de los sectores público y privado, así como las tecnologías transformadoras que pueden marcar el comienzo de las industrias sostenibles del futuro. También pondremos de relieve los beneficios económicos y de generación de empleos como aporte de la acción climática, tanto en nuestros esfuerzos de recuperación a corto plazo como en décadas futuras, y la necesidad de garantizar que estos beneficios sean compartidos ampliamente. En algunas sesiones nos acompañarán líderes empresariales y de la sociedad civil.

Estados Unidos es el segundo emisor principal de gases de efecto invernadero en términos absolutos, después de China. Por esta razón, el nuevo gobierno demócrata busca reducir drásticamente sus emisiones mediante la necesaria transición energética, prestándole atención al factor social y con una visión amplia respecto de cómo llegar a la neutralidad de carbono para 2050. Por ejemplo, a diferencia de países como Alemania, Biden promueve abiertamente el uso de la energía nuclear como fuente fiable para satisfacer la carga base, a través del desarrollo de reactores modulares pequeños (SMRs, por sus siglas en inglés).

En consonancia con los objetivos expresados y de cara a la cumbre de líderes, Biden presentó a principios de este mes un ambicioso plan de inversión doméstica en infraestructura, calificado por él mismo como ‘’de una vez en una generación’’. Como parte de una serie de paquetes de estímulo orientados al desarrollo socioeconómico y sustentable en la pospandemia, el paquete (que todavía debe ser votado en el Congreso) delinea potenciales inversiones públicas por US$ 2.3 billones, prestando especial atención a la energía y el transporte.

Destinando recursos tanto al sector público como al sector privado, busca financiar la construcción de 500.000 estaciones de carga para vehículos eléctricos, readecuar el transporte público (e.g. electrificando colectivos y la flota de USPS, y expandiendo la red de trenes urbanos), y también propone fijar un estándar que obligaría a los proveedores de electricidad a aumentar de manera anual el % de energía limpia provista a los consumidores -apuntando a lograr una red eléctrica 100% limpia para 2035-, entre otras cosas.

Ahora bien, considerando que la temperatura promedio del planeta ya aumentó cerca de 1°C (en algunas partes del mundo ya sobrepasó 1.5°C), existen muchas voces que consideran que lo que está haciendo Estados Unidos -aplicable a todo el Norte global- no es lo suficientemente ambicioso y se queda corto para la magnitud y rapidez de acción que el planeta realmente necesita.

Una de ellas es nada más y nada menos que Alexandria Ocasio-Cortez, coautora del mencionado Green New Deal, quien calificó al paquete de estímulo en infraestructura de Biden de ‘’no ser suficiente’’, refiriéndose también al aspecto de desarrollo socioeconómico en la pospandemia. Al mismo tiempo, otras voces como la de Jason Hickel* aseguran que Estados Unidos (crítica nuevamente aplicable al Norte global en general) ya sobrepasó en un 40% el límite de emisiones de CO2 per cápita que se le permite legítimamente, y que incluso le debe reparaciones al Sur global, por ser éste el más afectado y porcentualmente menos responsable por el calentamiento global en términos de emisiones generadas.

Estas cuestiones son centrales, especialmente considerando que ya sobrepasamos el nivel récord de CO2 acumulado en la atmósfera en 800.000 años de historia. En efecto, el fin de semana pasado se registró un nivel de más de 421 ppm (partes por millón) de CO2 atmosférico**, cuando el consenso científico internacional estima que el nivel máximo seguro para mitigar los impactos y mantener la temperatura global por debajo de los 2°C es de aproximadamente 350 ppm.

A pesar de estas críticas, ya sean dirigidas al paquete de estímulo o a la situación estructural del país, las cuales merecen artículos enteros para su formulación y debate, está claro que Biden plantea cuatro años de gobierno en los que la cuestión ambiental jugará un rol central, tanto hacia adentro como hacia afuera. Esto responde también a que, frente al pasado reciente de la era Trump y al declive relativo de Estados Unidos en el sistema internacional como producto de una China ascendente, Biden busca renovar el liderazgo multilateral de Estados Unidos; y la diplomacia ambiental es un terreno fértil para lograrlo.

   

* Hickel, J. (2020). Quantifying national responsibility for climate breakdown: an equality-based attribution approach for carbon dioxide emissions in excess of the planetary boundary. The Lancet Planetary Health. Recuperado de: https://www.thelancet.com/action/showPdf?pii=S2542-5196%2820%2930196-0

** Trends in Atmospheric Carbon Dioxide. Global Monitoring Laboratory. Disponible en: https://www.esrl.noaa.gov/gmd/ccgg/trends/monthly.html


Sobre el Autor

Tomás Kirjner Baricco. Es estudiante avanzado de Ciencia Política UBA y miembro del CEPI UBA.

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