Los Juegos Olímpicos: economía, política y medallas

(Agradezco los comentarios y sugerencias de Lavih Abraham).


El fin de semana pasado terminaron los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020(+1) y Argentina volvió con una cosecha de medallas relativamente magra si la comparamos con ediciones anteriores o incluso con otros países latinoamericanos. Pero, más allá del exitismo que puede despertar ver al país más arriba en un medallero que solo mide triunfos y que, además, no establece ninguna proporcionalidad de valía entre medallas de distintos metales, el desempeño deportivo -y en particular la política deportiva- pueden complejizarse, y para ello también cabe una discusión económica y política.

El deporte es entendido como un instrumento legítimo y necesario de cohesión, inserción y movilidad social. Más allá de la dimensión competitiva -y mucho más de la competitividad de excelencia mundial- las políticas deportivas amplias tienen muchísimas virtudes. Los clubes barriales y comunales ejercen roles muy importantes en las identidades sociales, y muchas veces su situación económica está lejos de ser la deseable.

Así, si bien medir la política deportiva de un país por la cantidad de medallas olímpicas sería equivalente a medir la política científica por la cantidad de Premios Nobel o la política cultural por los premios Oscar y Grammy obtenidos, por un lado los ganadores olímpicos muchas veces dan cuenta de tradiciones deportivas existentes -los campeones no están aislados de sus contextos- y, por el otro, los éxitos deportivos televisados sirven como estímulo para que más personas, sobre todo jóvenes, se interesen por prácticas deportivas que desconocían. Entonces, si bien el medallero olímpico no es un indicador evidente del desempeño de la política deportiva, sirve para tener una idea del rol que ocupan algunos deportes en la sociedad y permiten trazar algunas líneas de comparación entre países. Sin embargo, el medallero exitista que se publica oficialmente sirve demasiado poco. De esta manera, en esta columna proponemos hacer un análisis de los medalleros olímpicos recientes de los países de América Latina para así discutir la política deportiva y, en particular, los aspectos económicos que de ella se desprenden.

Así, proponemos una comparación del desempeño de los diez países latinoamericanos que han ganado medallas en alguna de las últimas cuatro ediciones (Beijing 2008, Londres 2012, Río de Janeiro 2016 y Tokyo 2020(+1): Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, Guatemala, México, República Dominicana y Venezuela. De ellos, Chile no ganó ninguna en las últimas tres (y solo una plata en tenis en 2008), mientras que la única medalla de la historia de Guatemala fue de plata en atletismo en 2012. El resto de los países de la región queda fuera del análisis, incluso habiendo ganado medallas más atrás en el tiempo (Paraguay tuvo su única presea en fútbol en Atenas 2004, Uruguay tuvo su última medalla en ciclismo en Sidney 2000, Perú en tiro en Barcelona 1992 y Bolivia nunca obtuvo medallas). Se expone primero la suma de los cuatro juegos, distinguiendo tipos de medalla y luego cada juego por separado, pero sin distinguir el metal de cada presea.

Gráfico 1: Medallas por país, por tipo de medalla (2008-2020)


Gráfico 2: Medallas por país, por año (2008-2012)


Argentina totaliza 17 medallas en las últimas cuatro ediciones, claramente por detrás de Brasil (74) y Cuba (71), pero también detrás de Colombia (25) y México (21). Sin embargo, en la medida en que la cuenta de medallas no distingue entre deportes individuales o colectivos -e incluso en los individuales casi siempre existen varias categorías, cada una con su podio-, proponemos aquí un cálculo diferente, que pondera las medallas por la cantidad de jugadores o atletas que compiten (no se mide el plantel completo, sino los jugadores en cancha: por ejemplo, una medalla en fútbol vale 11, en vóley 6, en básket 5, etc.). Así llegamos al segundo gráfico:

Gráfico 3: Medallas por país ponderadas por cantidad de jugadores (2008-2020)


Con esta ponderación Argentina totaliza 85 medallas, segunda detrás de Brasil (173) pero incluso por encima de Cuba (79). De hecho, Colombia tiene las mismos 25 medallas, puesto que todas sus preseas de los últimos cuatro juegos fueron en disciplinas individuales. Argentina, por el contrario, ha obtenido medallas en fútbol, básket, hockey, vóley y rugby. Es decir, ponderando por cantidad de jugadores, lo que de alguna manera es más representativo de la inserción deportiva de la sociedad, Argentina se destaca muchísimo más que en el medallero sin ponderar.

Ahora bien, ¿qué explica que un país tenga más medallas que otro? Desde ya hay aspectos de la tradición y la cultura, que podrían distinguir deportes (México tiene un excelente desempeño en saltos ornamentales, Cuba en boxeo y lucha, Colombia en ciclismo, Brasil en voley de playa, vela, judo, etc.), pero naturalmente se esperaría que los países más poblados tengan más medallas. Si el deporte fuera solo una cuestión de talento natural, la probabilidad de encontrar a alguien talentoso en un país pequeño es mucho menor que la de hacerlo en un país más poblado. Veamos entonces qué sucede si calculamos la cantidad de medallas obtenidas por millón de habitantes[1]. Para facilitar la lectura y por motivos de espacio, excluimos aquí a Cuba, que se desprende muy claramente del resto, dado que con sus poco más de 11 millones de habitantes acumula en cuatro juegos olímpicos un total de 6,3 medallas por millón de personas.

  

Gráfico 4: Medallas por millón de habitantes -sin Cuba-, por tipo de medalla (2008-2020)


En primer lugar -segundo si contamos a Cuba- aparece República Dominicana con 0,98 medallas por millón de habitantes. Argentina totaliza 0,4 medallas por millón de habitantes (o, lo que es lo mismo, una medalla cada 2,5 millones de habitantes), apenas por encima de Brasil (0,37) y un poco por debajo de Colombia (0,53). Como era de esperar, en este cálculo los medalleros tienden a emparejarse bastante. ¿Pero qué sucede ahora si volvemos a ponderar a las medallas por la cantidad de jugadores de cada disciplina?

Gráfico 5: Medallas por millón de habitantes -sin Cuba- ponderadas por cantidad de jugadores, por tipo de medalla (2008-2020)


Aquí de repente Argentina aparece en el primer lugar -de nuevo, detrás de Cuba-, con 1,99 medallas ponderadas por millón de habitantes, frente a 0,85 de Brasil y 0,53 de Colombia. Es decir, si medimos las medallas olímpicas en función de la cantidad de jugadores de cada disciplina y lo mensuramos con relación a la población, Argentina está primero en Sudamérica con más del doble de medallas que todos los demás, solo superado en América Latina por Cuba y cerca de República Dominicana, dos países con un cuarto de la población argentina.


Así visto, el resultado argentino no estaría tan mal. Pero pasemos ahora a otra variable: la economía. Podríamos pensar que de alguna manera las medallas deberían tener correlaciones con el PBI de los países. Tener economías más poderosas permite no solo gastar más recursos públicos en el financiamiento del deporte, sino que da cuenta de mayor capacidad de canalización de recursos privados hacia el sostén del deporte, sea bajo publicidad o bajo contratos de televisión, entre otras formas. Técnicamente, un país es más rico si tiene un mayor PBI per cápita y no un PBI a secas, pero entendemos que en este caso tiene más sentido comparar por el PBI total, pues da una idea de la capacidad de movilizar recursos totales. Sin embargo, a diferencia de la población, el PBI es una variable muy volátil (sin ir más lejos, en 2020 cayó en todo el mundo), con lo que un análisis agregado de las cuatro ediciones conjuntamente podría ser engañoso. En este sentido es que exponemos la evolución de las medallas por país y año -como hiciéramos en el gráfico 2- distinguiendo nuevamente entre medallas totales y medallas ponderadas por cantidad de jugadores[2].

 

Al igual que en el caso anterior, Cuba supera ampliamente al resto. Con un PBI de 70.000 millones de dólares de 2010 en el año 2020, posee casi tantas medallas como Brasil, con un PBI 33 veces mayor. Por ello, volvemos a sacar a la isla del gráfico.

Gráfico 6: Medallas por país sobre PBI (en billones de dólares de 2010), por año (2008-2012)


Gráfico 7: Medallas por país ponderadas por cantidad de jugadores sobre PBI (en billones de dólares de 2010), por año (2008-2020)


En estos gráficos se destaca Venezuela (sobre todo en el último año, dado que su PBI viene sufriendo una caída estrepitosa), en tanto República Dominicana y Colombia tienen buenos desempeños en el primero -sin ponderación por cantidad de jugadores- y Argentina en el segundo -con ponderación-. Curiosamente, el desempeño argentino en 2020 mejora sustancialmente en relación con el de 2016, en parte por las medallas en deportes colectivos (tres en 2020 versus solo una en 2016) y en parte por la caída del producto, que en el caso argentino suma el 2020 de la pandemia a los últimos años del gobierno de Macri.

Como vemos, el caso de Cuba es excepcional, en tanto el deporte es política de Estado desde los inicios de la revolución, con un desempeño similar al que tuvieran en el pasado los países del Este europeo. En el resto de los países latinoamericanos, sin embargo, el desempeño está más bien de acuerdo con el lugar que ocupan en los ránkings de población y PBI. Si extendiéramos este análisis a más países, seguramente encontraríamos una correlación fuerte entre medallas y población y medallas y PBI, con algunos casos excepcionales como Cuba (o India e Indonesia en el extremo opuesto).

Respecto al caso argentino, en el año 2009 se creó el ENARD, encargado de financiar al deporte argentino, asignándosele el 1% de las facturas de telefonía celular como financiamiento autónomo. Hasta el año 2015 su presupuesto creció en términos reales y siguió creciendo en 2016, pero luego empezó a caer, llegando en 2019 a la mitad del presupuesto real que el que tuvo en 2016. En términos normativos, durante el gobierno de Macri se desarticuló el ENARD, se convirtió a la Secretaría de Deportes en Agencia -con facultad para conseguir recursos propios- y se eliminaron los financiamientos específicos.

El discurso oficial de aquella reforma, encabezada por Diógenes de Urquiza, era que el sistema público debía premiar solo a los mejores y que la posibilidad de conseguir financiamiento propio iba a incentivar una mayor competitividad de los deportistas, que pasarían a pelear no solo por sus trofeos sino también por sus financiamientos, bajo un esquema rigurosamente meritocrático. En los hechos, esta lógica premió a algunos deportistas de élite y a algunos equipos, pero desarticuló los fondos para los clubes de barrio y los deportistas menos competitivos.

Si bien con el nuevo gobierno se reinstaló el Ministerio de Deportes, las condiciones de las cuarentenas dificultaron la correcta preparación, en tanto no se reinstalaron los mecanismos de financiamiento propio del sistema deportivo que existían hasta antes del gobierno de Macri.

Más allá de esto, los resultados de la política deportiva integral en términos de medallas nunca son visibles en el corto plazo (mejor dicho, los negativos puede que sí, pero los positivos no). ¿Fue más exitoso el modelo de aumento del financiamiento deportivo del kirchnerismo o el de apuesta por la meritocracia del macrismo? Lo cierto es que en términos de medallas olímpicas no tenemos mucho para decir aún.

En cualquier caso, la visibilidad de los Juegos Olímpicos nos sirve, también desde las ciencias sociales, para pensar y repensar el rol del deporte en la sociedad y, en el caso específico de la economía, la importancia de su financiamiento. Un país cuya economía crece es un país que puede destinar más recursos al deporte. Pero, a la vez, saliendo de la ortodoxia económica podemos decir que destinar recursos al deporte es un medio para que la economía crezca. En esta retroalimentación, esperamos, pueda basarse el éxito deportivo en los próximos años: no tanto por las medallas en sí, sino por lo que puedan representar en términos del deporte socialmente practicado en el país, con todas sus virtudes a cuestas.



   

 

[1]     Datos de población de cada país en cada año del Banco Mundial. Se hizo el promedio entre las cantidades de habitantes de los años 2008, 2012, 2016 y 2020.

[2]     Datos de producto bruto interno de cada país en dólares constantes de 2010. Fuente: CEPAL. Los datos del Banco Mundial no incluyen información económica actualizada para Cuba y Venezuela.

 

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