¿Los talibanes son un arma de doble filo para el gobierno de Irán?

La decisión de Biden de retirarse de una guerra de más de 20 años, terminó de dilapidar un gobierno y una deficiente gestión por parte de Afganistán con respecto a repeler los avances militares de los talibanes.


Posterior al asedio a Kabul, la huida del presidente Ashraf Ghani a Emiratos Árabes Unidos y la toma del poder por parte de los talibanes el tablero internacional y en especial en Medio Oriente comenzó a reacomodarse a los sucesos que más temprano que tarde iban a acontecer.

La decisión de Biden de retirarse de una guerra de más de 20 años, coherente con la reconversión de los ejes de la política exterior norteamericana y la necesidad imperiosa de retener y contrarrestar el avance chino en sus zonas de influencia, terminó de dilapidar un gobierno y una deficiente gestión por parte de Afganistán con respecto a repeler los avances militares de los talibanes.

Este escenario de debilidad donde se congregó la de las fuerzas afganas y en paralelo de las veloces victorias en el territorio por parte de los talibanes estaban siendo analizadas no solo por los Estados Unidos y sus aliados occidentales, sino que desde “oriente” se prestó y se presta mucha atención a los sucesos y por ende es importante comprender que los movimientos y las rupturas en un Estado afectan directa e indirectamente a sus vecinos.

En este punto es fundamental comprender que Irán y Afganistán comparten una frontera y una relación histórica en términos de procesos de acercamiento como ruptura en el plano gubernamental y en paralelo manera difusa con los talibanes, que afecta, moldea y condiciona el posicionamiento en el futuro de un Estado con otro posterior al asedio y caída de Kabul.

Si bien los lazos culturales religiosos pueden acercar a Teherán y Kabul, en la práctica y revisando la historia, cuando en 1979 se establece la República Islámica de Irán posterior a la revolución, en paralelo Afganistán estaba siendo asediada por la entonces Unión Soviética. Los ciclos de conflicto del Estado afgano dificultaron y obstruyeron el establecimiento de lazos y la preservación de los intereses de Irán en la región. Pero a pesar de esto, Afganistán continúa siendo uno de los países vecinos más importantes para la política exterior de Teherán.

En los últimos años Irán está desarrollando una doble política con Afganistán, en lo formal y visible ayudó a consolidar el gobierno recientemente derrocado, fortaleció sus lazos económicos y políticos con Kabul, apoyó y contribuyó con la misión de los Estados Unidos para derrocar el anterior régimen talibán. En el pasado en términos ideológicos religiosos los talibanes se establecieron como enemigos acérrimos para Teherán por el peligro que presuponían para las minorías afganas que Irán representa por la rama chiita del Islam.

Pero a pesar de estas diferencias y las percepciones compartidas, en los últimos años bajo la tutela de la Guardia Revolucionaria Iraní se ha podido comprobar lazos y apoyo del gobierno iraní hacia los talibanes en esta lógica antiestadounidense y de complacencia del gobierno de Ghani ante la ocupación por parte de las tropas de los Estados Unidos en el país. 

En este punto, la victoria de los talibanes para Raisi, nuevo presidente de Irán, presupone un juego de equilibrio entre los beneficios, dudas y amenazas que puede representar una nueva administración en Afganistán. La embajada de Irán en Kabul, así como su consulado en Herat, controlado por los talibanes, permanecieron "totalmente abiertos y operativos", dijo Saeed Khatibzadeh, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, el 16 de agosto. Pero cuando los funcionarios iraníes se jactaban de que la embajada en Kabul y el consulado en Herat seguirán abiertos, el Ministerio de Asuntos Exteriores reveló que el 15 de agosto se habían cerrado discretamente las misiones en Jalalabad, Kandahar y Mazar-e Sharif.

La postura relativamente optimista de Irán respecto a la toma de posesión de los talibanes en Afganistán demuestra, sobre todo, los avances que ha hecho Teherán en la mejora de sus relaciones con la red insurgente armada que en su día fue considerada un enemigo mortal de la República Islámica.

Los acercamientos diplomáticos entre estos actores implicaron una revisión en términos de la opinión pública y varias figuras predominantes de la política iraní que se mantienen escépticos de convencerse de que ahora los talibanes han cambiado y no van a perseguir ni atacar a las minorías chiitas como aconteció en años anteriores. Los hazaras, en su mayoría musulmanes chiítas, son el tercer grupo étnico en Afganistán, de mayoría suní. En el pasado, los talibanes los persiguieron. El punto de mayor conflictividad fue en 1998 cuando los talibanes asesinaron a once diplomáticos y un periodista en la misión de Teherán en Mazar-i-Sharaf, lo que estuvo a punto de desencadenar una guerra entre ambos países.

Hay varios indicios de una “racionalización” del comportamiento talibán con respecto a los chiitas y a respetar a la población de Afganistán. Estos hicieron una gran demostración al nombrar a un clérigo chiíta de la comunidad hazara como gobernador en el norte de Afganistán. También han condenado periódicamente los atentados contra mezquitas y distritos chiíes llevados a cabo por la rama local del Estado Islámico de Irak y al-Sham (ISIS). Recientemente, los talibanes han negado enérgicamente cualquier relación con un horrible ataque a una escuela de niñas en un distrito mayoritariamente chiíta del oeste de Kabul. El grupo también permitió a los chiíes conmemorar la Ashura, una fiesta sagrada, en Mazar-i-Sharaf.

En este punto de comprender y presuponer cómo se comportarán los talibanes en un nuevo periodo de dominio Irán teme por el escenario donde en el cual los talibanes se vuelven un paria en el Sistema Internacional radicado en lo fundamentalista de la versión de su interpretación de la Sharia y comienzan nuevamente una campaña en contra las minorías afganas respaldadas y representadas por Irán en territorio afgano. Por otro lado, esta campaña implicaría un problema para Irán, ya que una inestabilidad y una incipiente ola de refugiados para un Estado que acarrea años de desgaste económico representaría un problema para la administración Raisi con respecto a contener la situación con Afganistán.

Según las estimaciones de la ONU, el número de ciudadanos afganos registrados en Irán es de un millón, pero el gobierno cree que el total es mucho más alto: alrededor de 2,5 millones de inmigrantes afganos, tanto legales como ilegales.

Por otro lado, se debe mantener relaciones básicas de entendimiento porque la frontera compartida también implica una relación económica entre Kabul y Teherán que es importante para ambos en términos de poder mantener el flujo de comercio y poder seguir invirtiendo uno en otro.

En términos positivos Teherán ve con buenos ojos la retirada de los Estados Unidos de su frontera, en el puto de vista geopolítico se festejó ver la retirada de las tropas norteamericanas y en su ambición regional de influencia Irán lograría avances en términos de poder capitalizar sus redes en territorio afgano. En palabras del presidente Raisi "La derrota militar y la retirada de Estados Unidos de Afganistán debería ofrecer la posibilidad de restaurar la vida, la seguridad y una paz duradera en el país".

En este punto es importante preguntarse si este eje iraní talibán es una alianza oportunista que ven ambos para conseguir el cumplimiento de objetivos propios y al momento de establecerse y que la tormenta y la niebla se disipe se verán las verdaderas intenciones y se volverá a un estadio de enfrentamiento entre ambos actores. En este punto y en concordancia con el título de esta entrega, Irán debería interpretar la caída de Kabul por parte de los talibanes como un arma de doble filo que si bien es funcional para el objetivo iraní de contrarrestar a los Estados Unidos en la región y extender su influencia con los países vecinos, pueden generarse efectos colaterales por parte de los talibanes que pueden afectar a la integridad estatal de los iraníes y amenazar con el surgimiento de nuevos conflictos en la frontera compartida entre estos Estados.



Sobre el autor

Alejo Sanchez Piccat es Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE) - Maestrando en Defensa Nacional (UNDEF) - Fundador y Director de Politólogos al Whisky - Coordinador del Observatorio de Defensa y Seguridad, área de Medio Oriente del CEPI-UBA - Coordinador editorial en Escenario Mundial - Colaborador en Zona Militar. 


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