Me enamoré de mi amante

Por: Walter Ghedin


Las parejas cambian con el tiempo pero la figura del amante dentro del imaginario social siempre está, firme, resistente y con nuevos bríos. Es sorprendente cómo uno de los temas más frecuentes en los vínculos amorosos es la fantasía, la opción o la presencia del amor desleal. Y si bien el sexo es el factor más importante para aventurarse en estas lides, muchas veces el amor o la necesidad de afecto, convierte al vínculo transgresor en una relación paralela.

Ezequiel no sabe explicar bien por qué no puede cortar con la amante; sabe que lo debe hacer en algún momento, pero hace años que se repite lo mismo sin poder concretarlo. “Amo a mi mujer y a mis hijos, pero apenas ella (la otra) me llama tengo una tentación irresistible”.  “Y no es solo que la pasamos muy bien sexualmente, es algo más, una especie de dependencia que me impide cortar”. El testimonio de Maricela es similar al de Ezequiel: se arriesga a irse con él de vacaciones con la excusa de un viaje de trabajo: “sé que no está bien, pero temo que si no lo hago lo voy a perder”. Este tipo de vínculo con el amante: pasional y al límite, provoca en la persona sentimientos encontrados de amor y odio: “te deseo aunque me hagas mal”. Es una relación que funciona en el “aquí y ahora”, no se proyecta en un futuro juntos. Es la intensidad de lo inmediato. Estas personas no se imaginan conviviendo con el/la amante, tampoco dejando a sus parejas e hijos, les atrae con fuerza irrefrenable “la adrenalina” del momento.  Este tipo de relación “adictiva” o dependiente se nutre del otro como si este saciara vacíos personales. Prima la pasión y se impide el uso de la razón para tomar distancia y reflexionar en los pros y los contras. Y en general, mirado desde afuera, tiene más contras que beneficios, pero la persona minimiza los riesgos o ingenuamente cree que los demás no se darán cuenta. Es posible que se desoigan las consejos de personas cercanas, los oídos se cierran a las críticas.

María dice con cierto orgullo “Nos encontramos después de muchos años y empezamos a vernos. Él está casado y yo también, quizá estamos algo aburridos de la vida en matrimonio, pero la llevamos adelante. No reniego del vínculo con mi marido. Es como si fuera dos historias diferentes y hay que saber qué hacer con cada una. Lo amo a mi marido, pero también lo quiero a mi amante. El equilibrio es fundamental: respeto mutuo, no demandas, extremar los recaudos y vernos cuando tengamos ganas. En este tipo de relación la pasión da lugar a un sentimiento más calmo que tranquiliza los ánimos e impide los desbordes. Este tipo de unión con el/la amante puede continuar por años, a diferencia del primer caso (amor dependiente) que, por lo general, es descubierta, provocando la separación o conflictos que se prolongan en el tiempo.


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