“Mientras yo te mantenga…” - Independencia

Siempre he sido fan, tal vez no tanto como afición de cuando visito una tienda, uno de los departamentos donde me detengo a visualizar separado por una pared de vidrio, constituyen los estantes de relojes.

¿Motivos posibles? Una vez a mi padre le hube de pedir que de obtener buenas notas me regalase un reloj, a modo de estímulo. Concluido el período de evaluación, cumpliendo con mi compromiso, él no pudo cumplir con el suyo: “Hijo, lo siento no poder complacerte, pero el dinero no alcanza, ya que debo velar por la alimentación de todos (4 hermanos), alquiler, vestimenta, uniformes de la escuela, etc.”; Cuando seas adulto y logres tener poder adquisitivo para ello (y para otras cosas mucho más prioritarias), podrás lograr tu deseo.

Por lo visto – siendo consciente de la situación familiar – comprendí que la vida no era tan sencilla, como frotar la lámpara y pedir deseos, aunque hubiese sido uno, pero… nunca apareció el mago-, siendo motivo de aprendizaje, esforzarme, culminar mis estudios y trabajar, entiéndase ser independiente, tener independencia .

Valor que se define como “la capacidad de actuar, hacer y elegir sin intervención o tutela ajena”, donde la persona se desempeña por cuenta propia, pero también implica la toma de decisiones y además asumir la responsabilidad de sus consecuencias, a lo que se suma poseer entereza y firmeza de carácter.

Decisión que no siempre resulta sencilla, ya que se comienza por demarcarse de la protección de sus padres en términos de vivienda, alimentación y por ende su propia manutención, que suele asociarse a la vida adulta, para lo cual deberá de tener al menos un ingreso que le permite pagar sus gastos cotidianos, ahorrar, gastar e invertir, sin que sea necesario solicitar ayuda externa (préstamos, créditos, donaciones, etc.).

En la generalidad de nuestros países – Latinoamérica – los padres solemos “estirar” la dependencia de nuestros descendientes, por muchos factores: 1. Considerar que aún no son lo suficiente maduros; 2, El temor ante los graves problemas sociales (drogas, violencia, etc.), tratando de mantenerlos bajo “la falda”.

Lo contrario, es catalizarlos hacia la independencia, cuando por razones meramente de pobreza, y ante la insostenibilidad económica pasen a trabajar desde edades tempranas, por ejemplo: mis padres emigraron del campo a la ciudad, siendo adolescentes en trabajos sin preparación académica alguna. Hablo de principios del Siglo XX, donde legalmente se estaba lejos de conocer la llamada emancipación , en la cual el menor (16 años de edad legalmente)  solicitaba ser independiente.

No queda dudas que cualquiera sea o fuese el camino para ser independiente o lograr la independencia resulta complejo, pero cuando se convierte en una necesidad para la familia o una decisión personal, la opción para convertir la realidad en lo que se sueña, podría estar más cerca con mucha paciencia y esfuerzo y convertirse la propia persona, estudiante, joven, adulto, en ser tu propio mago y los deseos – posiblemente más de tres se te harán realidad -.


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