Mujer y madre en los tiempos modernos

Las múltiples formas de vincularse y de armar nuevas dinámicas familiares llegaron para quedarse dando la posibilidad a que muchas personas conviertan en realidad deseos dentro de un marco de diversidad y respeto.

En los últimos siglos, las mujeres vienen cosechando ganancias para sí mismas, y en los roles sociales que desempeñan. La imagen de sumisión, dedicada a las tareas del hogar y la crianza de los hijos ha quedado atrás. Hoy pueden elegir entre diferentes alternativas para defender la independencia y cuestionar los condicionantes culturales haciendo valer sus derechos. Las mujeres de hoy pueden optar. Hay que recordar que los cambios logrados se llevaron adelante con mucho esfuerzo, resistencia y lucha. Y que la frase de Simone de Beauvoir “mujer no nace, mujer se hace”, explica claramente cómo los condicionantes sociales modelan las dinámicas de género. 

La sumisión ha sido el imperativo durante siglos; la defensa de los derechos, la fuerza vital liberadora. Las damas modernas necesitan proteger las conquistas logradas durante tantos años por el accionar de luchadoras, enroladas o no en movimientos feministas. Los avances en materia de construcción de la subjetividad femenina han sido enormes, por ejemplo: autonomía, liberación del patriarcado, acceso a trabajos dignos y lugares de poder (ocupados desde siempre por los hombres), decisión sobre la maternidad o el uso de métodos anticonceptivos, movimientos de lucha y denuncia de todo tipo de abuso y violencia, etc. Sostener e incrementar los logros es el desafío que tienen actualmente las mujeres. 

Sin embargo, no es una constante. Muchas están insatisfechas con sus vidas, como si no pudieran conciliar los baluartes rígidos de género con la autonomía conseguida. Las escucho con angustia por no poder conciliar las tareas de hogar con sus trabajos, por no poder delegar o pedir más compromiso a los hombres, por experiencias afectivas frustrantes que se reiteran, etc. Las quejas, la angustia, los reproches, las alejan de sus condiciones personales. Los reclamos van dirigidos hacia el entorno: el trabajo, las demandas del hogar, los hijos, los amigos, los hombres, como si todos ellos tuvieran que responder, atenuar y, por qué no, “modelar” nuevamente sus intereses, sus cuerpos, sus capacidades. Las mujeres deben aceptar que la firmeza de sus acciones se encuentra en el interior de sí, en sus potencialidades, en sus capacidades personales. Sin embargo, los tiempos son diferentes para muchas, y reflexionar o defender un status de vida diferente todavía es motivo de conflicto.


¡Por ahora, no!

Las mujeres que postergan o le dicen no a la maternidad no quieren quedar entrampadas ni en un rol social, ni en una estructura que no tiene muchos matices. No rechazan el deseo, se oponen a ser parte de un sistema de relaciones y circunstancias predecibles que coartan la libertad. Pensemos en las responsabilidades del cuidado de la prole: alimentación, afecto, seguridad, cuidado, atención, educación, adaptación de las actividades y de la vida hogareña a las exigencias de la crianza, etc. No obstante existe un número considerable de mujeres que decide su maternidad tardíamente, luego de haber concretado otros ideales o simplemente porque el tiempo ha pasado y no han encontrado aún una pareja acorde con sus expectativas. En el primer caso, la postergación del deseo se basa en una decisión radical: no puedo ocuparme de ser madre mientras lucho por un lugar laboral o profesional. En el segundo caso la cuestión tiene aspectos más profundos que también se basan en determinantes culturales: un ideal de pareja que debe ser completado, como si la figura del hombre tuviera que encajar con exactitud en el esquema preconcebido, algo así como haría una llave dispuesta a abrir la cerradura del deseo, o bien la idea de que un hijo o hija debe nacer en un medio que reúna las características de una familia. En panorama actual de diversidad los nuevos modelos vinculares brindan la libertad para concretar el deseo de ser madres.

Si las mujeres fueron adelante para concebir hijos o hijas dentro de estos nuevos esquemas de relación, también los hombres lo están haciendo optando por formas dinámicas de ser padres construyendo familias homoparentales, monoparentales u optando por la parentalidad (tener un hijo/hija con una mujer con quien no se convive pero comparte la crianza). Las múltiples formas de vincularse y de armar nuevas dinámicas familiares llegaron para quedarse dando la posibilidad a que muchas personas conviertan en realidad deseos dentro de un marco de diversidad y respeto.

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