Mujeres rurales, mujeres reales

El rol de la mujer rural es todavía una sucesión de estereotipos e incógnitas planteadas para muchas personas, en especial en las grandes urbes. Las mujeres han tomado la posta y se están organizando de distintas formas, ocupando espacios en la opinión pública y la agenda política.


El final de la tarde es buena hora para unos mates, que acompañen la charla con dos mujeres del campo: Patricia Gorza (43) productora ganadera de 9 de Julio, provincia de Buenos Aires y  Alicia Ciciliani (65) ex ministra de Producción y ex legisladora de la Provincia de Santa Fe. Ambas, junto unas de 440 mujeres de todo el país, integran Mujeres Rurales Argentinas, una organización que nace hace dos años, por iniciativa de un grupo de mujeres de la ruralidad bonaerense, que suma a otras mujeres de todo el país, en la búsqueda de un espacio común donde se sintieran representadas.

 

Pato Gorza,  empuje y convocatoria

Cuando se habla del agro hay una comunicación hegemónica. Se habla del agronegocio, de la pampa húmeda, no mucho más. Nosotras venimos a romper con esa hegemonía cultural y comunicacional. Es por eso que hacemos tanto ruido: hablamos de otra cosa. Así logramos imponernos en agendas que no son del agro. De hecho, en el mundo del agro muchas veces nos dan espacios “por compromiso”. Nosotras no andamos llorando miserias, lamentando nuestra situación ni mostrándonos como víctimas, ni pidiendo entrevistas. Todos los espacios que se han abierto, es porque nos los han ofrecido.

Este grupo tiene una enorme diversidad, tanto en orientación política partidaria como en profesiones, edades, lugares geográficos, roles laborales. No es fácil superar la grieta política e integrar a todas: que más de 400 mujeres dialoguen y participen a través de encuentros virtuales, participación en redes sociales y grupos de whatsapp.

Todas estas mujeres estamos vinculadas a la comunidad rural. No hace falta ser propietaria de un establecimiento o ser productora rural para participar. En el grupo se visibiliza a la mujer rural real, la que vive en territorio, la que está en la “diaria” de la ruralidad. Estamos todas: la ingeniera agrónoma, la veterinaria, la docente, la huertera o la compañera de un peón rural, cuyo trabajo no está reconocido por nadie. También hay productoras ganaderas, contratistas rurales, economistas, profesionales independientes vinculadas al campo, emprendedoras de turismo rural, periodistas de agro, trabadoras del INTA, ex funcionarias. Cada una, de alguna manera, aporta y pone su granito de arena. En el grupo nos respetamos por lo que somos como personas, no por los cargos que tengamos. Mujeres muy importantes se han destacado para que otros recién puedan entender el rol de la mujer rural y aceptarlo. Es una construcción de años.

Trabajamos para apoyarnos y también por la inclusión financiera de la mujer rural, un tema tiene una gran demanda dentro del espacio, ya que somos conscientes que no hay autonomía posible sin independencia y solvencia económica para las mujeres.

 

Alicia Ciciliani, experiencia y compromiso

En el medio de la pandemia, Mujeres Rurales surgió con fuerza y tomó vuelo, no nos quedamos encerradas. Lo pudimos hacer. Destaco de este grupo la heterogeneidad y el concepto amplio de ruralidad. Somos mujeres que no vivimos en el campo pero vivimos del campo y/o entendemos el campo. En las últimas décadas, con la migración rural, ese nexo se fue perdiendo y muchas personas desconoce absolutamente la realidad diaria de las familias productoras: no saben cómo se produce, los problemas que afrontan, la lucha contra sequía e inundaciones, las plagas, las enfermedades de los cultivos y los animales. 

Que un grupo de mujeres pueda entender, ayuda mucho a otras mujeres y este es un grupo diferentes, disruptivo, donde todas somos distintas. Eso lo vimos en la pandemia, donde nos reuníamos vía zoom  los sábados a la tarde en las “mateadas” haciendo una pausa para compartir con mujeres que trabajan toda la semana, que tienen más que doble jornada. Todavía existen mujeres que dedican absolutamente todo el día al trabajo, y que lo hacen desde niñas a la par de los padres. Mujeres Rurales Argentinas detecta eso, las busca, les abre un espacio de participación, representación y superación personal. El concepto de feminismo es amplio y lo estamos construyendo juntas, nos hemos ganado el respeto. 

Hace poco suscribimos un Convenio junto a la Fundación Banco de La Pampa para lanzar un Programa de Capacitaciones para el colectivo femenino. Se trata de una plataforma de cursos y formaciones gratuitas virtuales. Lo que distingue a la capacitación es que pueden acceder mujeres sin estudios secundarios completos. 

En la presentación a través del Canal de Youtube de MRA participaron cientos de mujeres de todo el país. En el Curso de Costos con la Fundación Banco de La Pampa se inscribieron 93 mujeres.

 

Las dificultades y los desafíos

Ambas coinciden en que el aislamiento de la mujer rural representa una dificultad en todo sentido. La mujer aún lucha con su grupo familiar, sostiene como puede la doble o triple jornada, no percibe sus derechos. Comprender que ser feminista es estar en un pie de igualdad, todavía cuesta.

“La conectividad es la herramienta de equidad del presente y del futuro. Pero hasta que lleguemos a eso, hay otras cosas que podemos hacer. Tenemos que fortalecer los nexos entre nosotras, ya que estar conectadas no es solamente tener internet. Ahora muchas veces tenemos conectividad y no estamos conectados” dice Pato Gorza.

“Visibilizar a las mujeres es también rescatar el valor cultural del campo y de la familia campesina, que estaban degradados, vinculando a que estar en el campo era sinónimo de atraso. Todas las que vivimos en el campo de niñas, sentimos eso: la presión de demostrar que estás preparada, cuando llegas a la ciudad” dice Alicia Ciciliani.

 

La vuelta al campo

Es momento de valorar a las personas en el entramado social. Crear oportunidades y acceso al crédito para las mujeres que están iniciando o fortaleciendo su emprendimiento rural.

Si bien hay una “vuelta al campo”, revalorizando la calidad de vida de la ruralidad y los pueblos pequeños en comparación con la ciudad, tampoco irse al campo a instalar un emprendimiento turístico o gastronómico, es comprender de repente a la ruralidad.

La visión de la ruralidad también está cambiando. Las personas le están dando un nuevo valor al campo, a partir de la pandemia. Vivir con otro ritmo, menos traslados y estrés, más en contacto con el mundo natural, en una sociedad menos presionada por el consumo y el éxito individual es el deseo de muchos.

Pero no está bueno romantizar las cosas, el trabajo y la vida del campo requieren de mucha constancia, resistencia a la frustración, a manejar situaciones imprevisibles, a las dificultades de comunicación y de acceso a lo que para otros es “normal”.

Las desigualdades de género en la ruralidad desafían el rol de las mujeres en el sector agropecuario y agroalimentario, su participación en los ámbitos sindicales y su incidencia en las políticas públicas. Si bien hay más mujeres gestionando el campo, también aparece una feminización de la pobreza rural que preocupa. Estas mujeres están abriendo espacios, tanto individualmente como para tantas otras mujeres que quieran sumarse y conectarse.

Porque como bien dijo Patricia Gorza, estar conectadas es mucho más que tener acceso a internet.

Diarios Argentinos