Myanmar: Un paso adelante, dos para atrás

Entre la movilización y el ​statu quo del régimen militar en la geoestrategia regional.


El quiebre de la transición de un régimen democrático en Myanmar pone sobre el tapete un juego de influencias y proyectos geopolíticos concretos en la región.

La Historia muchas veces se repite como tragedia descontando la comedia. El instante en que se desplazó el convoy militar para dar el coup d'état en el parlamento de Myanmar colmó las redes sociales, el 1 de febrero de este año 2021. Desde un punto de vista inusual, hasta histriónico por la música, se “viralizó” el golpe en el acto captado por la transmisión de la rutina aeróbica de la Prof. de educación física contratada por el Ministerio de Educación. El mundo, así observó un nuevo “quiebre de la democracia” por parte de las Fuerzas Armadas de un Estado a la vieja escuela, sin medias tintas asumiendo directamente el poder político a través de la fuerza, desconociendo las urnas y por tanto, el principio de la soberanía popular.

El golpe de Estado se consumó a poco de asumir el congreso electo de los comicios de noviembre del año pasado. Los guarismos, en ese entonces, habían arrojado una victoria arrolladora al partido “Liga Nacional para la Democracia” (LND) con el 82% de las bancas y una derrota estrepitosa para la fuerza filo militar “Partido de la Solidaridad y el Desarrollo de la Unión” (USDP), incluso donde antes tenían apoyo. Frente a este resultado, la estrategia

del sector militar y del partido de la oposición fue denunciar fraude electoral ante el Comité Electoral sin que este haya encontrado pruebas de dicho fraude e “irregularidades”.

Con este golpe, la líder política desde los años 80s del LND, Consejera de Estado hasta el presente y Premio Nobel de la Paz (1991), Aung San Suu Kyi , el Presidente Win Myint, todo el gabinete de gobierno, junto a otras figuras políticas fueron destituidos y arrestados. La figura visible del golpe fue el Comandante en Jefe de las FF.AA. el Gral. Min Aung Hlaing, quien planea un ejercicio de un año de “gobierno de emergencia” para reanudar la “normalidad” y nuevas elecciones “libres y justas”. Una de las medidas al tomar el poder de facto fue el control de la información, medios e interrumpir el acceso a Internet y redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram) durante la primera semana, además del control de áreas claves como ayuntamientos y aeropuertos. La ONU, frente al golpe, solicitó al gobierno militar la liberación de los líderes políticos prisioneros, sin mayores efectos; el Papa Francisco llamó a la “coexistencia democrática”. La comunidad internacional reaccionó de manera dispar y sin unidad. La UE y EE.UU. proponen sanciones económicas condenando el golpe militar y la interrupción del proceso democrático, mientras que desde el Consejo de Seguridad de la ONU, China y Rusia se oponen a la condena tomando una actitud de “dejar hacer” y aguardar una estabilización por decantación de las fuerzas, entendiendo que es un “asunto interno”. La región sostiene otro silencio prudencial llamando a las partes a resolver el problema doméstico, mientras que Myanmar registra una de las mayores movilizaciones y huelgas pacíficas de la población desde los grandes centros urbanos (Rangún, Tangû, Mandalay) para expresar el rechazo al golpe del Gral Hlaing y la liberación de los presos políticos, y sobre todo de la líder del LND, Suu Kyi.


Historia y ubicación 

También conocido como Birmania (capital reciente Naipyidó; Rangún, capital histórica) fue una colonia bajo dominio británico de 1824 hasta 1948, cuando logró su independencia. Integraba junto con India, Pakistán y Bangladesh el Raj Británico o gobierno colonial británico con reyes hindúes.



Ubicado en el Sudeste Asiático con 676.578 km2 y una población de casi 55 millones de habitantes es un país rico en minerales preciosos, tierra fértil y un potencial encantador y atractivo turístico de templos y pagodas religiosas de varias centurias junto con la espléndida natura. Es por medio del Océano Índico, la puerta de entrada hacia el sur y centro de Asia, desde el Himalaya al estrecho de Malaca.

Limita con India y Bangladesh al oeste, Tailandia y Laos al este, China al norte y noreste, y con la bahía de Bengala y el mar de Andamán al sur. Este país presenta un carácter multiétnico y multilingüístico con más de 135 comunidades, la mayoría de ellas profesan el budismo (un 89%) y la etnia bamar es la principal representando el 69%.

En los años de la Segunda Guerra Mundial sufrió la ocupación del Imperio de Japón cuando se expandió velozmente sobre el área continental asiática, disputando el dominio al Imperio Británico en la puja de poder mundial “Aliados-Eje”. En estos años se fermentaron movimientos y grupos étnicos de liberación armados e independentistas que consumaron la obra en 1948. Luego, se celebraron varias elecciones en una democracia multipartidista de corta duración. En 1962, el ex ministro Ne Win realizó un golpe militar a la naciente democracia parlamentaria e instauró un régimen de gobierno de partido único llamado Partido del Programa Socialista de Birmania (PPBS), desarrollando la “vía birmana al socialismo”. En el marco de la Guerra Fría entre EE.UU. y la URSS tomó distancia de ambos, incluso de China, acentuando su hermetismo en un sincretismo entre marxismo y budismo. Este gobierno de fuerza se extendió hasta 2011, cuando se inició un lento relajamiento y apertura económico-política y social del régimen tras 49 años.



Idas y siempre vueltas 

Se pueden enumerar varios momentos de movilización masiva en contra del gobierno en estos años hasta las elecciones de 2015, que ganó el LND bajo el liderazgo de Suu Kyi; una de ellas fueron las protestas estudiantiles en 1987, en un contexto de crisis económica que al año siguiente devinieron en el “levantamiento 8888”. Tras estos acontecimientos, en 1989 surgió un recambio de gobierno dentro del mismo Partido, por medio de otro golpe militar, esta vez encabezado por el generalísimo Saw Maung, a través de una Junta Militar denominada “Consejo de Estado para la Restauración de la Ley y el Orden” (SLORC) posteriormente conocida como “Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo” (SPDC). Bajo este clima se destacó la figura y símbolo de Suu Kyi, hija de Aung San, emblema militar de la independencia de los años 40s. Ella se constituyó como referente de la lucha por los DD.HH. y democratización en oposición al régimen militar. La Junta organizó las elecciones de 1990 que fueron ganadas por el partido fundado por Suu Kyi, pero las elecciones fueron anuladas y ella puesta en prisión domiciliaria. La Junta del SPDC se renovó con Than Shwe en 1997. Otro hecho masivo de protestas aconteció en 2007 con la llamada “revolución azafrán”, por el color de las túnicas de los monjes budistas que la lideraban. Ambos pedidos de cambios políticos por protestas pacíficas fueron ahogados con una represión sangrienta. Pasado el tiempo, la Junta prometió elecciones sin antes dejar de confeccionarse un traje a medida: la Constitución de 2008 que les confiere el 25% de representación en el parlamento y 3 ministerios (Defensa, Interior y Asuntos Fronterizos), la prerrogativa de las FF.AA. de no estar supervisadas por civiles y la garantía de ocupar un lugar prominente en la definición de la política estatal. Llegado el 2011, en unas elecciones oportunamente amañadas por el régimen, ganó el partido aliado de los militares, el antes mencionado USDP.

En 2015 se produjo el cambio de gobierno con nuevas elecciones y triunfó el partido la “Liga Nacional para la Democracia”, que era liderado por la mencionada Premio Nobel de la

Paz que consiguió la victoria a pesar de no poder ocupar la presidencia por disposición de la constitución de 2008, por tener ciudadanía e hijos británicos.


Los mayores perjudicados: la minoría étnica musulmana rohingya

La etnia musulmana rohingya representa el 1,8% de la población de Birmania. En 2016/17 sufrió una migración forzada que sumó de 750 mil a 1 millón de personas, que escaparon de la “limpieza étnica” por parte de las FF.AA. y sectores de la población budista. Esta comunidad está excluida de la ciudadanía en el Estado de Myanmar y está catalogada por ACNUR como unas de las crisis humanitarias de refugiados y de violaciones contra los DD.HH. (tortura, violación, asesinatos, brutalidad, desplazamiento, segregación) más serias. La mayoría de esta comunidad se encuentra en el Estado de Rakhine (antiguamente Arakan), al oeste de Myanmar. El grueso de los refugiados forzados se desplazó hacia Bangladesh, pero este Estado vecino tampoco los reconoce como comunidad y tampoco al estatuto de refugiados, ni de ciudadanía, lo que agrava aún más las condiciones de subsistencia dejándolos en un limbo como sujetos de derechos y dignidad humana.



En consecuencia, los rohingyas se reúnen en campos inmensos sobre márgenes estrechos, totalmente hacinados y en condiciones deplorables. Esta "limpieza" señalada por Human Rights Watch e International Amnesty llevó a minar el prestigio internacional de Suu Kyial, defender a las FF.AA. y de seguridad frente a los tribunales de La Haya por crímenes de lesa humanidad contra los rohingyas aduciendo el enfrentamiento contra grupos insurgentes. Vale decir que el Estado de Myanmar cuenta con varias “organizaciones étnicas armadas” que luchan por su autonomía política larvada en conflictos por décadas desde su independencia, al igual que en su pasado colonial, en el familiar divide et impera de las potencias


Myanmar como clave y estrategia regional para los planes de China

Regionalmente Myanmar se encuentra entre dos gigantes demográficos, India y China. El predominio en la región históricamente ha sido de China, hasta la llegada de Gran Bretaña y demás potencias coloniales de Occidente en el siglo XIX. Para los planes del “sueño chino” de volver a la “normalidad histórica” en el siglo XXI de ser el centro económico mundial y desplegar su potencia continental y marítima, el Estado de Myanmar es un socio geoestratégico. Este último, garantiza la seguridad energética y escapar de la dependencia del congestionado Estrecho de Malaca, abriéndose paso directamente por el Océano Índico y luego hacia Medio Oriente. Myanmar, desde su fundación en 1997, es miembro de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Participa a su vez de la iniciativa “La Nueva Ruta de la Seda” (OBOR) lanzada por Xi Jinping en 2013. Ambos países se han comprometido en un Corredor Económico China-Myanmar (CMEC) para integrar un puerto de aguas profundas en Kyaukpyu, en la Bahía de Bengala, con un oleoducto desde el Estado de Rakhine a Yunnan, provincia China. Myanmar integra recientemente la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) acordado en noviembre de 2020, el acuerdo de libre comercio más grande del mundo con el 30% del PIB mundial y 30% de la población global.



De esta manera, lo que necesita China es estabilidad y crecimiento económico en la región y de su país vecino, independientemente del régimen político del cual se trate, por eso enfatiza el clásico “principio de no injerencia en asuntos internos” en las relaciones internacionales. Por el contrario, Washington, que busca balancear y contener a China bajo principios de la “promoción de la democracia” allí “donde se encuentre bajo ataque”, queda rezagado en la región tras hacerse agua el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) en 2017 por orden de su antiguo morador, Donald Trump.

El régimen del Tatmadaw, el nombre oficial del Ejército de Myanmar, seguirá manteniendo un poder de veto en el sistema político de transición y modernización democrática en el corto y mediano plazo, incluso para detener los cambios imponiendo un “estado de excepción”. La reanudación de nuevas sanciones económicas en un contexto de pandemia global hará que se recueste más sobre China, antes que liberalizar el proceso.

Las actuales protestas con movilización social en las capitales populosas en signo de rechazo al golpe militar del Tatmadaw en favor de la liberación Suu Kyi y de las figuras del gobierno electo, contará con el apoyo de Occidente en la financiación de las ONGs. El nervio será la población local mayoritariamente joven -con edad promedio de 29 años, siendo el 26% menores de 14 años- que reclama por la democracia y el reconocimiento del sufragio inaugurado de forma plena desde las elecciones de 2015.

No hay que olvidar que, en la cosmología budista, unos 50 años de régimen dictatorial palidecen en un día y una noche en la vida de brahma, si se considera que un kalpa es de 4.320 millones de años, en el transcurso del cual el pueblo puede sacudirse el yugo.


Sobre el autor: Julio Nochetti (@JulioDaNochetti) es licenciado en Ciencia Política (UBA). Miembro de la Fundación Meridiano, profesor y asesor legislativo.

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