Nayib Bukele, el nuevo desafío de la política continental

Informe Especial. Llegó al poder en El Salvador presentándose como un “outsider” y construyó su consenso a golpes de tweets políticamente incorrectos. El presidente más popular del continente desbancó en las legislativas, destituyó a la corte suprema y al fiscal federal, y desoye los tirones de orejas de Washington.


“Quisiéramos que nos acompañaran, pero si no lo desean, los comprendemos. Bendiciones”. 

Con estas palabras el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, despachó las críticas lanzadas por la administración Biden sobre los cambios realizados por la nueva Asamblea Nacional al Poder Judicial salvadoreño. Y, como de costumbre, lo hizo vía Twitter. Lo que para algunos es una peligrosa desfachatez que podría llevar al país centroamericano a un aislamiento muy riesgoso para su estabilidad, a la mayoría de los salvadoreños parece no preocuparle. Todo lo contrario. Bukele cuenta con índices de apoyo superiores al 80% de la ciudadanía y, en las últimas elecciones legislativas, arrasó en todo el país. Ganó en 152 de los 261 municipios del país. Su partido, Nuevas Ideas, obtuvo 56 de los 84 miembros de la Asamblea Nacional. Con los 5 de su aliado incondicional, GANA, Bukele cuenta con la mayoría absoluta en el poder legislativo. Lo suficiente como para reformar la constitución sin pedirle permiso a nadie. O destituir a los cinco jueces Sala Constitucional de la Corte Suprema del país, tal como ordenó el pasado 1 de mayo. Y tras la visita del emisario de la Casa Blanca, Ricardo Zúñiga, quien expresó la “preocupación” de Washington por la deriva autoritaria del nuevo gobierno salvadoreño, Bukele se dio el lujo de retrucarle en las redes. Aún cuando El Salvador tiene una deuda externa que supera el 70% del PBI, y las remesas de los migrantes salvadoreños en los Estados Unidos representan un cuarto del producto del país.



El presidente millenial

“Bukele ha sabido aprovechar el desgaste de los partidos tradicionales. Después de la firma de los acuerdos de paz, los partidos mayoritarios fueron la Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), que ostentaron el poder durante 20 y 10 años respectivamente”. 

María Luz Nóchez es periodista de El Faro, uno de los medios independientes más interesantes de El Salvador. Tras la destitución de la Corte, hablamos con ella acerca de las preocupaciones que surgieron en diversos sectores de la vida pública del país, y empezamos por reconstruir la historia del ascenso al poder por parte del actual presidente.

 “Los casos de corrupción en contra de los últimos dos presidentes de Arena, el primero del Fmln, desgastaron mucho a los dos partidos. En el caso específico de Mauricio Funes, o del que fue presidente de la Asamblea Nacional del Fmln, el partido no supo enfrentarlos y la gente quedó muy decepcionada. Bukele, estando adentro del Fmln, fue una voz crítica, decía cosas en contra del partido desde adentro. Así de hecho se ganó el interés de los medios de comunicación, y a la gente le gustaba escucharlo. En eso la gente creo que quedó un poco perdida, porque no hubo mucho cuestionamiento a las cosas que él estaba haciendo. Hay algo que les ha dado que los tiene hipnotizados”.



Bukele fue intendente de San Salvador, la capital del país, donde nació en julio de 1981. Vivió toda su niñez durante el periodo de la guerra civil, uno de los conflictos más terribles que se hayan visto en América Latina y que dejó como saldo más de 75.000 muertos. El gobierno del Salvador, prácticamente gestionado por las fuerzas armadas directa o indirectamente desde 1931, combatió desde 1979 a los grupos guerrilleros que se habían coalicionado en el Fmln, hasta que en 1992 se firmaron los Acuerdos de Paz de Chapultepec, en México, con el auspicio de la ONU.

Con la llegada de la paz y la construcción de las instituciones democráticas, florecieron los emprendimientos de pequeño y mediano porte en San Salvador y alrededores, y el joven Bukele se insertó en ese mundo con cierto éxito. Fundó y dirigió discotecas, y comenzó a trabajar en la empresa publicitaria de su padre, quien para la primera década de los 2000 gestionaba la comunicación y propaganda del Fmln, convertido ya en partido político civil.

El salto a la política fue casi natural. En 2015 fue elegido alcalde de Nuevo Cuscatlán, un municipio de 8.000 habitantes, antigua ciudad cafetalera venida a menos, que en pocos meses vivió un verdadero resurgimiento que le valió inclusive la atención internacional. Forjado en la gestión local, Bukele dio el salto a la alcaldía de San Salvador con tan sólo 34 años, y siempre en las listas del Fmln, que sin embargo vivía un claro desgaste a nivel nacional. Su proyección personal, la presencia en los medios y su capacidad por leer las posibilidades ofrecidas por las nuevas tecnologías le permitieron construir un perfil proprio, desligándose de los escándalos que embestían a los dos partidos hegemónicos en el país. En 2017, en una transmisión en vivo por Facebook, lanzó su propio partido, Nuevas Ideas, sello que sin embargo no pudo inscribir para las elecciones presidenciales de 2018. Se presentó y ganó las internas del partido Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), y en  la elección presidencial del 3 de febrero de 2019, Bukele ganó en primera vuelta con el 53% de los votos. 

“Nayib Bukele al fin y al cabo es el producto de estos dos partidos que durante mucho tiempo estuvieron muy concentrados en la manera de concentrar poder en lugar de resolver los problemas de la gente”, explica Nóchez. 

“Ahora la gente está confiada con estos rostros nuevos, aunque haya varios de los que componen el circulo más cercano del presidente que han estado en gobiernos de Arena y también en los del Fmln. Pero parece que estar cerca del presidente, elimina cualquier pecado. Es como la mano divina que todo lo absuelve, y si está con él es porque hace un buen trabajo”.

 


El “presidente millenial” con pasado de publicista hizo desde el comienzo de Twitter y las redes sociales uno de los ejes de su gestión. Desde allí da ordenes a sus ministros, instruye, destituye, marca la línea política de su gobierno. Y cualquiera puede ver -o creer que ve- la cocina del mando presidencial del Salvador. Desde un primer momento se lo asoció a las corrientes “populistas antisistema” de moda especialmente en los países centrales, críticas de la política tradicional y ligadas a un manejo personalizado de los asuntos públicos y una visión iliberal de la política. En el debate político salvadoreño, asumió en un principio posiciones que parecían acercarlo más a sus antiguos compañeros de la izquierda, como cuando retiró el nombre del coronel Domingo Monterrosa, acusado de terribles crímenes contra la población durante la guerra civil, de uno de los cuarteles militares del país. Pero luego, y con el apoyo de Arena, recortó drásticamente los planes sociales que el Fmln había promulgado para sostener a los sectores más vulnerables del país. Y más recientemente tildó a los Acuerdos de Chapultepec de “farsa” y “pacto de corruptos” y modificó por decreto la denominación oficial del día que recuerda la firma de los acuerdos por el de Día de las Víctimas del Conflicto Armado, abonando una versión moderna de la Teoría de los dos demonios.

   


“Para mucha gente lo más importante es no sentir el agobio de los asesinatos a diario”, explica Nóchez. “Y han disminuido. Es parte de un plan que nadie conoce, sólo ellos. Hay negociaciones, con una de las pandillas merodeando. La gente se queda con esa sensación de seguridad. Sin embargo las desapariciones y extorsiones, que recaen sobre todo en los comerciantes informales, que es la mayoría de la gente que trabaja en este país, siguen existiendo. Va a tomar algún tiempo, puesto que Bukele parece estar aún en la etapa de la luna de miel pese a estar entrando ya en su segundo año”.

El Salvador es el país con el mayor índice de asesinatos por cada 100.000 habitantes del mundo, según datos del Banco Mundial de 2019. Desde hace décadas, la criminalidad organizada ha tenido en jaque a la población y los gobiernos del Salvador, llegando inclusive a paralizar el país con la violencia ante el mínimo atisbo de limitación a su accionar. Particularmente fuertes en el país son la Mara Salvatrucha, MS-13 y las dos facciones de Barrio 18, los Sureños y los Revolucionarios, organizaciones que se calcula cuentan con 60.000 miembros en total y son responsables de más del 50% de los homicidios registrados en el país. La lógica de la mano dura esgrimida en menor o mayor medida por los gobiernos de las últimas tres décadas no parece haber logrado resultados. Bukele en cambio logró disminuir la acción delictiva, pero contrariamente a sus predecesores no develó aún de manera explícita cómo. La tasa de homicidios en 2020 ha bajado del 60% desde la aplicación del misterioso Plan de Control Territorial de Bukele. En abril de 2020, las fotos de los integrantes de las maras presos en las prisiones de alta seguridad del Salvador dieron la vuelta al mundo, mientras el presidente autorizaba el “uso de la fuerza letal” para sedar una serie de revueltas de los cabecillas de las organizaciones criminales.

  

Del Salvador al mundo

Uno de los ámbitos de mayor actividad del presidente ha sido el internacional. Bukele asumió en primera persona la dirección de las relaciones exteriores de su país, y desde su elección propinó un acentuado viraje al posicionamiento internacional del Salvador, adherido al eje progresista y bolivariano bajo los dos mandatos del Fnlm. En primer lugar hubo un fuerte alineamiento del país con la política de Washington para la región. En septiembre de 2019 El Salvador firmó un acuerdo con EEUU para ser considerado “tercer país seguro” y recibir a los migrantes rechazados por la justicia estadounidense, a pesar de tener índices de empleo y seguridad social entre los más retrasados del continente. Dos meses después, Bukele anunció vía Twitter la ruptura de relaciones con el gobierno de Nicolás Maduro, quien a su vez declaró persona no grata al personal diplomático salvadoreño en Caracas. El Salvador reconoció a Juan Guaidó como “presidente interino” de Venezuela y se sumó en calidad de país observador al Grupo de Lima. “Con la llegada de Bukele hubo un corte con respecto a la posición asumida por los dos gobiernos de izquierda precedentes”, nos explicó el doctor Leyde Rodríguez Hernández, profesor de Relaciones Internacionales en el Instituto Superior Raúl Roa García de Cuba, quien ejerció como docente del Instituto Especializado de Educación Superior para la Formación Diplomática de la cancillería de El Salvador. “Se vinculó muy rápido al gobierno de Donald Trump, lo visitó, fue apoyado por éste y hasta fue considerado un joven Trump centroamericano. Y se distanció de los elementos progresistas y de cambio en la política exterior salvadoreña. Eso se reflejó en muchas instancias de gobierno y en la cancillería. Incluso en el ámbito académico. Eso lo pude conocer personalmente, en tres o cuatro estancias que tuve en El Salvador como profesor de estudios internacionales. Con el presidente actual hubo un cambio de orientación, a mi modo de ver un retroceso en el protagonismo del país”.

     


Pero seguramente una de las posiciones más interesantes asumidas por Bukele, y en contradicción con lo anterior, es su apertura hacia China. Ya su predecesor, Sánchez Cerén, se había convertido en el primer presidente salvadoreño que visitó Pequín en 2018. Bukele llevó aún más allá este viraje respecto a la posición tradicional de su país, rompiendo relaciones con Taiwán. “En el caso de El Salvador, y de todos los países de América Latina, es mal vista por EEUU la tendencia creciente al establecimiento de relaciones económicas y complementarias con China”, agregó el doctor Hernández Rodríguez. “Eso en el caso de El Salvador venía de gobiernos anteriores. Yo recuerdo cuando había una gran presencia de Taiwán en la cancillería de El Salvador. Eso comenzó a cambiar desde antes de Bukele. Es un elemento de continuidad en la política de El Salvador con respecto a gobiernos anteriores. Es claro que todo lo que haga Bukele en ese sentido va a molestar a EEUU. Mientras más independencia de proyección tenga hacia China u otros poderes globales eso va a molestar, sea de izquierda, de derecha, o se haga por razones pragmáticas. Y las contradicciones son más evidentes en el caso de El Salvador u otros países que han girado tradicionalmente en la órbita de la hegemonía norteamericana”.

La buena sintonía con Washington parece ahora resentir también de la crisis institucional desatada por la destitución de los jueces de la corte suprema, y del fiscal general, Raúl Melara, anunciadas el pasado 1 de mayo. La afectación a la democracia salvadoreña que esto representa es un problema que, en este caso, EEUU no está dispuesto a pasar por alto. “Con el golpe a la Corte y la destitución del fiscal general del 1 de mayo perdimos garantías constitucionales”, nos graficó Nóchez. “Los tres poderes están bajo el mando de la misma persona, el presidente. Esa independencia de poderes que nos permitía poder acudir a la sala constitucional cuando nuestros derechos se veían vulnerados ya no la tenemos, porque está dominada por la misma persona que está cometiendo hechos contra la constitución”.


Nuevas Ideas, viejos conflictos

La pelea de Bukele con el resto de los poderes del estado se desató a los pocos meses de su llegada a la presidencia. El presidente millenial había ganado muy cómodamente las presidenciales, pero contaba con tan sólo 11 diputados en la Asamblea Nacional cuando asumió el cargo. Si bien los asambleístas de Arena acompañaron algunas las iniciativas principales de su mandato, Bukele se encontró con una fuerte oposición por parte de los legisladores ante sus proyectos. En febrero de 2019 se produjo un episodio que aterró a muchos observadores internacionales. El presidente, ante la negativa por parte de la Asamblea Nacional de tratar un endeudamiento de 100 millones de dólares para financiar su plan de seguridad, recurrió a sus atribuciones constitucionales para convocar a una plenaria de urgencia del poder legislativo, y advirtió que si los representantes de Arena y el Fmln no se presentaban debía darse por quebrado el orden constitucional, e iba a apelar al derecho del pueblo a la insurrección. El 9 de febrero, día fijado para la sesión, el presidente entró al palacio de la Asamblea Nacional escoltado por decenas de militares, en una escena que no se veía desde los tiempos de la dictadura. Afuera, miles de personas se congregaron pidiendo a Bukele dar un autogolpe y disolver el poder legislativo. El presidente realizó un discurso en el que sostuvo que había hablado con dios, y que éste le había pedido que tuviera paciencia paciencia. Ese fue el acto en el que comenzó la campaña que lo llevó a arrasar en las legislativas y municipales dos años después.

“En la campaña se llamaba a votar por gente que trabajara con él, que no le pusiera obstáculos.

Los proyectos que se han aprobado hasta ahora vienen por iniciativa de Casa Presidencial, y se aprueban con dispensa de trámite, es decir que no siguen el debido proceso de discusión en una comisión legislativa sino que se discute de manera express en el  pleno del congreso adonde lo que hacen es vertir sus opiniones. Y generalmente se justifica el voto en el éxito de la presidencia de Bukele. Son unos aplaudidores, que por ahora parece que no tienen criterio propio. Hasta repiten la jerga que usa el presidente para atacar a los opositores o los que él cree que son sus opositores, incluidos los medios, la prensa independiente”, nos detalló Nóchez.

En noviembre de 2020 la Fiscalía General de la República abrió una investigación por supuestas irregularidades por la compra de insumos médicos ante la pandemia de Coronavirus por parte del gobierno. Hubo una veintena de allanamientos y varios funcionarios involucrados en un gasto sospechoso de cerca de 250.000 dólares. Mientras tanto la Sala Constitucional de la Corte Suprema avalaba las disposiciones sancionadas por la Asamblea Nacional opositora, que establecían límites a la cuarentena dispuesta por el presidente e interfería en sus políticas. Bukele sabía que en las elecciones legislativas del 28 de febrero tenía la posibilidad de solucionar todos esos problemas juntos. Y lo hizo.

“La semana pasada se aprobó una ley, que en su articulado llega inclusive a plantear su retroactividad, para salvar a la gente involucrada en estos casos de corrupción. Básicamente se blindaron, no sólo aprobaron las compras sospechosas bajo la excusa de salvaguardar el derecho a la vida de los ciudadanos, sino que aprobaron una suerte de amnistía para quienes cometieron estos actos de corrupción”.

 


“Esta separación de los jueces, que calificó de irrevocable, y ha provocado inclusive el pronunciamiento contrario de Estados Unidos y de la OEA”, opinó el profesor Rodríguez Hernández. “Pero hay que considerar que Bukele también es el resultado de la política de Estados Unidos hacia El Salvador en el contexto de la llegada al poder de Donald Trump y sus posiciones aislacionistas, de extrema derecha. La OEA ahora de manera cínica asocia Bukele a otros gobiernos que consideran autoritarios. Pero es el resultado de una tendencia que se vio en todo el mundo, en Europa también, de corte nacionalista, autoritario, incluso neofascista. Bukele refleja otra tendencia interna en ese país, como en otros países de la región que es la crisis de los partidos políticos tradicionales, la apatía, hay falta de movilización popular. No creo que sea muy popular Bukele, sino que el contexto es favorable a la desmovilización”.





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