No queremos más esta normalidad

OPINIÓN. La concejala del Frente de Todos de San Martín, Carolina Pedelacq, cuestiona los privilegios de los que más tienen e impulsa un proyecto para implementar un fondo de emergencia mediante una tasa solidaria municipal a bancos e hipermercados.

La crisis sanitaria global ha puesto en evidencia las profundas desigualdades que viven millones de personas en el mundo, y sobre todo en países como el nuestro.

El estado de situación que dejó el gobierno de Mauricio Macri en 2019 fue determinante. Un campo social arrasado y vulnerable para que un agente extraño, como el virus del Covid-19, acabe de profundizar el daño económico y social, degradándose hasta el borde de la subsistencia.

Los sectores trabajadores, que venían de a poco engordando las estadísticas de pobreza e indigencia, terminaron por caer en las necesidades más básicas. Las demandas, parece mentira, hoy son de alimento y cuidado sanitario. Asimismo, esta crisis echó claridad a las descomunales tareas que realizan las redes organizadas en los territorios, encarnadas en las mujeres, pibas y doñas que llevan adelante el cuidado comunitario.

Cuando la crisis aumenta, la solidaridad, sobre todo de nuestras pobladoras más humildes se incrementa como una cobija que busca cuidar hasta la persona más desprotegida. El amor de nuestra gente reacciona, y se brinda hasta lo que no se tiene.

De la otra cara de la moneda, la realidad obscena, opulenta. Si observamos algunos datos, podemos encontrar en los balances declarados por los bancos a la Comisión Nacional de Valores que solo en 2019 exhiben la duplicación y triplicación de sus ganancias. Mientras eso pasaba, la gente que vive de su trabajo se empobreció y cientos de miles de familias se quedaron sin trabajo.

Las riquezas no de esfuman, no desaparecen. Las riquezas se transfieren de un sector a otro, se concentran. No casualmente, siempre hacia las mismas manos. Algunxs creemos, como ha dicho incluso el gobernador de la provincia, que no volveremos más a la normalidad.

Hemos nacido en un mundo donde naturalizar la excesiva riqueza y la excesiva pobreza era “normal”. Donde el sentido común nos dice que, si te esforzás mucho, podés llegar a tener algo. Donde el que no gana es porque no quiere. Donde ser mujer y sostener sobre la espalda las vidas y alimentación de todo un barrio es casi un mandato de la naturaleza para nosotras.

Bueno, ¿saben qué? No queremos más esa normalidad.

Las trabajadoras de cada espacio comunitario, de cada barrio, de cada comedor, de cada incipiente olla popular, son producto de la solidaridad de un pueblo. Pero lxs humildes merecemos mucho más que nuestra propia solidaridad. Merecemos reconocimiento, institucionalidad y la distribución de los recursos que nosotrxs mismxs generamos.

Hoy tenemos un Estado presente, pero que no alcanza. Las voluntades de los gobiernos para con estas trabajadoras y espacios comunitarios no logran abrazar las necesidades que hay, porque las riquezas que hoy deberíamos estar distribuyendo, se han fugado o se han concentrado en los mismos conglomerados financieros de siempre.

Debemos cuestionarnos por qué un puñado de personas logran enriquecerse tanto, al tiempo que las mayorías sufren de forma insoportable. Cuestionar y preguntarnos ¿cuánto aportan a la sociedad quienes más ganan? ¿Cuánto aportan a la sociedad quienes siempre pierden?

Por todo esto, los movimientos populares de San Martín estamos impulsando un proyecto para implementar un fondo de emergencia mediante una tasa solidaria municipal a bancos e hipermercados. Queremos generar una asistencia directa, sanitaria y alimentaria a los sectores más vulnerables. Quienes han logrado ingresos extraordinarios en años de crisis económica como el 2019, tendrán que disponer de un monto solidario para quienes más lo necesitan.

Espero que no volvamos a esa normalidad. En realidad hacemos todos los días lo posible por transformarla. Si queremos vivir en un país, en un mundo, en una sociedad más justa, ¿cuándo es el momento de barajar y dar de nuevo? Algunas ya tenemos una respuesta: Es ahora.

El lápiz verde