"No se controla una pandemia sin aceptar sacrificar ninguna de nuestras comodidades"

El doctor en Ciencias Sociales y autor de "Pandemia", Daniel Feierstein, habló con EPD sobre su último libro, en el que analiza las representaciones de la realidad que emergieron durante el coronavirus.

¿Qué tipo de sociedades fueron las que se encontraron con el covid-19 entre enero y marzo del 2020? ¿Qué diversas respuestas pudieron implementar? ¿Qué pesadillas y sueños despertó la irrupción de la catástrofe y qué potencialidades? ¿Qué clase de respuestas puede ofrecer la sociedad argentina en una nueva situación de crisis tan distinta pero tan articulable con las numerosas crisis vividas en el último medio siglo?, estos y otros interrogantes plantea y responde el doctor en Ciencias Sociales Daniel Feierstein en su nuevo libro "Pandemia: un balance social y político de la crisis del covid-19", publicado por el Fondo de Cultura Económica.

En su nueva obra, el investigador del Conicet ratifica una perspectiva innovadora que viene sosteniendo desde la expansión del virus por todo el planeta: "El abordaje dominante no fue capaz de sostener que la pandemia es un fenómeno inminentemente social, más allá de su origen biológico". Desde esa premisa analiza las disputas por las representaciones de la realidad que emergieron durante la pandemia. 

"La pandemia es un suceso que puede producir profundas transformaciones de nuestra identidad y que, tal como otras catástrofes o hechos sociales significativos, seguramente desempeñe un papel en la disputa por las representaciones y en la correlación de fuerzas, así como en la posibilidad de habilitar comportamientos inéditos", subraya el especialista en el estudio sobre prácticas genocidas y los procesos de memoria y representaciones.


En diálogo con El País Digital, Feierstein señaló que con "Pandemia" propone "parar la pelota y analizar qué nos pasó", sostuvo que la grieta llevó al surgimiento posturas verdaderamente "delirantes" y afirma que la sociedad tiene que "aceptar duelos por las actividades que tendrá que interrumpir hasta que se controle la situación".


¿Cuál es el principal aporte que haces con tu libro?

El objetivo principal del libro es aportar a realizar un balance complejo de lo vivido en 2020 con respecto a la pandemia que nos pueda llevar a abordar con otras herramientas el 2021. Entre tanto grito y tanta consigna, se propone parar la pelota, analizar qué fue lo que nos pasó, cuales fueron las consecuencias de cada una de las acciones, qué hicieron otras sociedades, qué aciertos y errores cometimos, como modo de poder utilizar dicho aprendizaje en los meses por venir y poder mirar críticamente lo que fuimos y no fuimos capaces de hacer.


Frente a este tipo de situaciones catastróficas, ¿qué determina el comportamiento colectivo? Respecto a este punto desde el comienzo de la pandemia advertiste sobre los mecanismos de defensa que se enciende en las personas en estos casos, ¿por qué?

Los mecanismos de defensa son formas protectivas del aparato psíquico, que surgen ante situaciones que nos resulta muy difícil soportar. No se puede vivir permanentemente (ni mucho tiempo) con terror a morir. El problema es que, a veces, esos mecanismos de defensa se terminan volviendo muy disfuncionales y constituyen un obstáculo para acciones resolutivas. El objetivo es abordar esa contradicción para permitirnos construir herramientas más efectivas con las que lidiar con lo que nos pasa ante una catástrofe.


Respecto a estos procesos que experimentan las personas en situación de catásfrofe, en su libro, Feierstein hace hincapié en dos tipos de mecanismo de defensa: el de proyección y el de negación. Sobre el primer término, explica: "La negación puede tener modalidades muy distintas. Por un lado formas de omnipotencia que implica creer que el fenómeno existe, pero que no nos afectará y por el otro, algunas que buscan eliminar el registro de la experiencia a través de una racionalización que se empeña a no dar lugar a la incorporación de lo que ocurre: 'La pandemia no existe'".

En cuanto al segundo, sostiene: "Al enfrentar realidades catastróficas, una de las variantes de representación más comunes a lo largo de la historia ha sido el negacionismo, contrucción ideológica política que aprovecha y utiliza los fenómenos psíquicos de negación desmentida, naturalización, autoengaño y diversos pactos negativos". En ese sentido, añade que "los sistemas de defensa psíquica buscan protegernos de una experiencia que no podemos similar en ese momento", pero advierte que la articulación de estos sistemas de defensa "pueden llegar a ser devastadores".


¿Cuánto incide e incidió la llamada "grieta" en el comportamiento colectivo?

Al principio de la pandemia parecía que seríamos capaces de estructurar una respuesta bastante colectiva, lo que resultó muy positivo y tuvo éxitos importantes. A partir de mediados de 2020 dicha ilusión se quebró y hoy la "grieta" ha llevado a posturas verdaderamente delirantes, en las que el cálculo electoral es el determinante principal. Ello ha llevado a evaluar un plan de vacunación o una política de cuidados a partir de quien lo formula y constituye un obstáculo gigante para cualquier estrategia exitosa para intentar contener la propagación del virus y sus efectos de contagio y muerte.


¿Cuál es tu visión de quienes pregonan discursos que van en contra de los cuidados sanitarios?

Me cuesta entender cual es el sentido, más allá de la desesperación negacionista, de no querer aceptar una realidad dolorosa. Pero creo que necesitamos bajar varios cambios y entender que, por mucho que nos enojemos, el contagio y la muerte no van a desaparecer si no encaramos las acciones necesarias para ello, que dichas acciones tienen obviamente costos pero que mucho más costoso será no hacerlas, ya que la pandemia no se irá sola. O, en todo caso, para irse sola generará un nivel de muerte y dolor totalmente inaceptables. Hay que aceptar algunos duelos, el duelo por actividades que habrá que interrumpir momentáneamente para poder controlar la situación. Cuanto más nos neguemos a ello, más extendidas en el tiempo tendrán que ser en el futuro. No hay modo de controlar una pandemia sin aceptar sacrificar ninguna de nuestras comodidades.


"El proyecto de ignorar la pandemia y lidiar con la enfermedad como si ella no existiera fue encarnado de forma explícita por los gobiernos de Brasil o Estados Unidos, pero fue también asumido por grupos de oposición en varios países, entre ellos Argentina", señala el investigador en "Pandemia" y explicá cuál fue el propósito que llevaron adelante estos sectores: "Más allá de la magnitud de la catástrofe, resultaba necesario proteger a toda costa la hegemonía neoliberal conquistada a fines del siglo XX.


¿El periodismo también se vio atravesado por los efectos negativos de la pandemia? ¿Esto incidió en su forma de comunicar?

Creo que en el periodismo jugaron dos tendencias distintas, ambas en contra. Por un lado, los intereses de algunos grupos mediáticos concentrados, que prefirieron apostar a la defensa de los mismos antes que al bien público. Por otro lado, que los periodistas son seres humanos, con las mismas angustias y mecanismos de defensa que cualquiera. Pero que, en general, al no recurrir a ayuda profesional ante este momento, muchas veces irradiaron sus angustias o ansiedades entre los oyentes, generando un efecto muy negativo. Un periodista tiene muchísima responsabilidad y por lo tanto tiene que asumirla. Cada una de sus palabras se amplifica y produce efectos. Es por ello que requiere pensarlas con cuidado y buscar aportar no a la exasperación, a la negación o a la proyección sino a formas que permitan la elaboración crítica de lo que estamos viviendo.


Hablás también de la aparición de la noción de "relativismo moral" y lo cuestionás. ¿A qué te referís con esto?

El relativismo en general ha sido un problema profundo en este siglo XXI, la idea de que toda palabra vale igual, que no hay necesidad de demostrar lo que decimos. Eso impide cualquier análisis serio de la realidad, incluso permite decir una cosa y la contraria en el contexto de una semana y que nada nunca tenga costo. El relativismo moral es suponer que tampoco existen ni el bien ni el mal, que todo es relativo y depende de nuestro punto de vista. En ese sentido, cuidar a quienes nos rodean o actuar en modos que favorecen el contagio es lo mismo, todo depende de quien lo evalúa. Creo que ese relativismo nos ha hecho daño en muchos sentidos y que quizás sea hora de comprender que no todo da lo mismo, ni a nivel del conocimiento ni a nivel del bien y del mal. Que somos capaces de distinguir la verdad de la mentira y la justicia de la injusticia.


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