“No tenemos a quien votar, todos están presos”: elecciones en Nicaragua

El pasado 7 de noviembre se realizaron elecciones en Nicaragua cuyos resultados estaban predichos. Con poca participación electoral, partidos políticos prohibidos, candidatos presos y protestas dentro y fuera del país, Daniel Ortega consigue nuevamente su reelección.

¿Quién es Daniel Ortega?


Como uno de los principales líderes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Daniel Ortega se desempeñó como Coordinador de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de Nicaragua entre 1981 y 1984, tras el triunfo de la Revolución Sandinista -que derrocó al gobierno de la familia Somoza, gobernante en Nicaragua desde 1934-. Luego de ello, asumió como jefe de Estado desde 1985 a 1990, cuando pierde las elecciones contra la coalición opositora de Violeta Barrios de Chamorro.

Siendo conocido en el escenario político nicaragüense, Ortega fue elegido presidente en 2007 y desde entonces ocupa el cargo -con la victoria en las reelecciones de 2011 y 2016-. No obstante, su popularidad fue decayendo de cara a las acusaciones de corrupción, caudillismo y nepotismo (teniendo en cuenta que desde el 2017 su esposa, Rosario Murillo, asumió como vicepresidenta).

Por tal motivo, en 2018, las calles nicaragüenses se llenaron de manifestantes que exigían cambios después de más de diez años de gobierno autocrático, demandando mayores libertades políticas y civiles, así como también protestaron contra una reforma a la seguridad social que disminuía los beneficios sociales a los jubilados. Estas protestas fueron acalladas a través de la violenta represión del gobierno que dejó como consecuencia centenar de muertos y heridos. De hecho, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos (OEA) contabilizó 328 personas fallecidas durante los sucesos, a manos de policías o civiles armados leales al presidente. El gobierno calificó estas manifestaciones como un intento de golpe de Estado, acusando a Estados Unidos y la Iglesia Católica de incitarlas.

Desde aquel momento, Nicaragua, uno de los países de menos desarrollo humano de América Latina, permaneció en una continua crisis política que persiste hasta nuestros días.

Así, la esperanza de los disidentes del régimen sandinista estaba puesta en las elecciones de 2021. No obstante, pronto fue visible que el cambio era más difícil de lograr en el país centroamericano.


Elecciones 2021: ¿Quiénes se postularon y quiénes lo intentaron?

En las elecciones de noviembre 2021 se eligieron al presidente y vicepresidente del país, 90 diputados de la Asamblea Nacional de Nicaragua y 20 diputados del Parlamento Centroamericano.

Los comicios eran cruciales para generar los esperados cambios pero estos no iban a ocurrir: 7 precandidatos presidenciales están presos y los 5 partidos (además del FSLN de Ortega) que efectivamente se presentaron son tildados de “colaboracionistas”, “cómplices” o “zancudos” -que es como se denomina a aquellos líderes de partidos que se postulan o postulan a algún allegado o miembro de su familia para obtener un escaño en el Estado y recibir un reembolso económico por los votos obtenidos-, los cuales fueron aprobados de antemano por el oficialismo. En consecuencia, sin que exista una verdadera competencia electoral y política por el mayor cargo de gobierno del país, las transformaciones estaban lejos de suceder.

En este sentido, en los últimos cuatro meses, la Justicia nicaragüense ordenó el encarcelamiento de siete precandidatos rivales de Ortega -junto a más de treinta líderes y empresarios opositores-, acusándolos de “conspiración y traición a la patria”. A su vez, se los detuvo por presuntamente violar la controversial Ley 1.055 -aprobada por la Asamblea Nacional en el 2020-, que tiene como objetivo la “defensa de los derechos del pueblo a la independencia, la soberanía y la autodeterminación para la paz”. Frente a tales acusaciones, los precandidatos afectados fueron: Cristina Chamorro, Arturo Cruz, Félix Maradiaga, Noel José Vidaurre Argüello, Medardo Mairena Sequeira, Miguel Mora Barberena y Juan Sebastián Chamorro.

Por su parte, solo seis candidatos pudieron presentarse en las elecciones del domingo pasado: Walter Espinoza (Partido Liberal Constitucionalista); Guillermo Osorno Molina (Camino Cristiano); Marcelo Montiel Fernández (Alianza Liberal Nicaragüense); Mauricio Orúez Vázquez (Partido Liberal Independiente); y Gerson Gutiérrez Gasparín (Alianza por la República). Junto a ellos se encuentra Daniel Ortega, el único candidato conocido y relevante en las boletas, motivo por el cual muchos opositores catalogaron los comicios como una “farsa electoral”.

Antes de que las urnas fueran cerradas a las 18:00 horas del domingo, el ganador ya se conocía de antemano: Daniel Ortega. El Consejo Supremo Electoral de Nicaragua estimó en un 65% la participación de la población en los comicios, si bien otros investigadores independientes aseguraron que la abstención habría alcanzado más del 80% -según el observatorio Urnas Abiertas-.

De todos modos, en una población de 6.610.226 habitantes y con 4.478.334 habilitados para votar, poco más de dos millón y medio de ciudadanos lo hicieron. De esta manera, Ortega ganó las elecciones con un 75% de los votos, seguido por Walter Espinoza, quien obtuvo poco menos de cuatrocientos mil.

En definitiva, la baja participación electoral representa la caída del oficialismo desde 2018, a lo que se le suma el mal manejo de la pandemia (donde menos del 6% de la población está vacunada) y la radicalización de la represión y persecución a la oposición, principalmente a partir de junio de 2021 -cuando más de cuarenta periodistas y miembros de la sociedad civil fueron privados de su libertad-.

Ahora, la toma de posesión del reelecto presidente ocurrirá el 10 de enero de 2022, mientras que los diputados de la Asamblea Nacional lo harán el 9 de enero y los diputados para el Parlamento Centroamericano lo harán entre el 15 de enero y el 15 de febrero del mismo año.

A pesar de los resultados, los comicios carecieron de credibilidad y del cumplimiento de estándares democráticos mínimos, lo que se manifestó en protestas nacionales e internacionales al respecto.


Reacción internacional

Múltiples organismos internacionales y países se manifestaron en contra de los resultados, e incluso antes de la realización de los comicios, puesto que consideraban que estos no habían sido unas elecciones justas, democráticas y observadas. Por un lado, la Unión Europea (UE) señaló las elecciones como “falsas”. Por otro lado, Estados Unidos las describió como una “farsa”. Por su parte, la Organización de Estados Americanos (OEA) afirmó que los comicios fueron una “parodia”. Independientemente del calificativo que utilicen para designar estos actos, la situación se vuelve más bien una historia trágica.

Con el incremento de las sanciones; la aprobación por parte de EEUU de la Ley Renacer -con 387 votos a favor y que espera ser aprobada por el presidente Joe Biden, dicha normativa aumenta la supervisión de los préstamos de las instituciones financieras internacionales a Nicaragua y aplica sanciones selectivas para promover elecciones democráticas, con el objetivo de presionar al régimen de Ortega-; y la posible revisión del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana (DR-Cafta) -mediante el cual ingresan productos nicaragüenses en EEUU con aranceles preferenciales o libre de aranceles-, Nicaragua se aísla internacionalmente.

En medio de la crisis política, más de 106.000 nicaragüenses se han ido del país desde 2018. Tras las elecciones del domingo 7, miles de nicaragüenses protestaron en diferentes ciudades (Washington, EEUU; Madrid, España; San José, Costa Rica; Ciudad de Panamá, Panamá, etc.), denunciando el “fraude” cometido en estos comicios. Entre las proclamas y pancartas utilizadas se encontraron: “No tenemos por quién votar, todos están presos”, “SOS Nicaragua”, “Viva Nicaragua libre”, “Ortega, escucha, seguimos en la lucha” y “Yo no salgo a votar el 7 de noviembre”, entre otros.

No obstante, en política internacional -como en las relaciones sociales- siempre hay quienes buscan llevar la contraria. A pesar de los sucesos represivos de 2018, Nicaragua pudo mantenerse a flote económicamente gracias a los 600 millones de dólares anuales en cooperación petrolera e Inversión Extranjera Directa aportados por Venezuela. Asimismo, una vez cerradas las urnas, el presidente Nicolás Maduro felicitó a Daniel Ortega frente a su victoria y reiteró que en su país “Nicaragua tiene quien la defienda”. Demostrando que siempre puede encontrarse aliados en el espectro autoritario de la política.


Algunas reflexiones finales

Las elecciones se desarrollaron en un “ambiente de Paz” y fueron “Libres, Democráticas y Transparentes”, según el Consejo Supremo Electoral de Nicaragua. No obstante, en una contienda electoral en donde no hay competencia verdadera, donde las principales fuerzas opositoras están prohibidas y sus representantes están detenidos o exiliados, y donde no hay expresión sino represión de las disidencias; es claro que el poder nunca estuvo en juego.

Con la victoria de Daniel Ortega, el líder autoritario obtiene su tercera reelección y su quinto mandato. Con ella se prevé que se multipliquen las proclamaciones de ilegitimidad por parte del pueblo nicaragüense, aumenten las sanciones internacionales y crezca el descontento a la par de la represión a la oposición, con la previsible consecuencia del aumento de la migración forzada en la región. Nicaragua aún no ha salido de la deriva autoritaria y unas elecciones como las pasadas sólo contribuyen a generar un descontento tendiente a implosionar.


Sobre el autor:

Axel E. Schwindt es estudiante avanzado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Joven Investigador del Grupo de Estudios sobre India y el Sudeste Asiático de Rosario (GEIRSA

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