No todo es lo mismo

Si la batalla cultural se ha puesto tan agresiva es porque las élites tienen mucho que perder y los pueblos todo por ganar.

Se ha dicho y repetido hasta el cansancio, y con certera precisión, que la Covid 19 puso blanco sobre negro las calamidades de un sistema basado en la máxima ganancia y la propiedad privada sobre los medios de producción, aunque el costo sea deglutirse millones de seres humanos y la destrucción del hogar planetario.

Asistimos a la puja entre dos formas de interpretar y valorar la vida, abundan las pruebas que confirman esta dicotomía. Las encontramos en la realidad que presentan los dos países más importantes del mundo, cada uno con sus proyectos alternativos. Por un lado, la principal potencia occidental, que desde inicio del siglo XX representa el poder anglosajón. Hoy EEUU enfrenta una crisis multidimensional: económica, financiera, monetaria, comercial, social, sanitaria, institucional, moral, política y cultural, y su credibilidad en decadencia está arrastrando a uno de sus más poderosos pilares de dominación global: el dólar. La moneda y el poderío militar aún sostienen a un imperio en descenso. Esta semana, el gobierno de Joseph Biden decretó 5 días de duelo nacional por los 500 mil muertos a consecuencia de la pandemia, suma superior a las víctimas estadounidenses de la primera y la segunda guerra mundial y en la guerra de Vietnam.

En el otro extremo, surgen, aunque no sin dificultades, las propuestas de los países emergentes. El que se destaca por sus logros es la República Popular China. Este país es uno de los primeros que ha controlado la pandemia apoyándose en una milenaria conciencia comunitaria, la tecnología de punta puesta al servicio de la sociedad y un Estado presente que arbitra los medios a favor de la población preservando la vida como bien superior. Hoy China vende y dona vacunas a más de 30 países. En recientes declaraciones, el flamante embajador argentino en dicho país, Sabino Vaca Narvaja, destacó cómo las donaciones de material sanitario llegadas desde el gigante asiático, constituyó un factor fundamental para recuperar nuestro sistema sanitario. El viernes se presentó en Campo de Mayo el hospital reubicable que donó Beijing para combatir la pandemia. Ese día, asimismo arribó al país un millón de vacunas Sinopharm. En síntesis, las 2 millones de vacunas que han llegado a nuestro país a la fecha provienen de Rusia, China e India, tres países integrantes de los BRICS.

Mientras el mundo emergente cobra músculo proponiendo un nuevo acuerdo multipolar, el neoliberalismo apela a todo tipo de instrumentos para defenderse intentando detener la rueda de la historia y confundir a miles de millones que observan los acontecimientos y sufren sus políticas. Echan mano a todo: noticias falsas, realidades deformadas, verdades parciales, apelan a métodos legales, ilegales, ilegítimos y perversos, creando sentidos comunes por fuera de la vida real.

El poder del Norte Global está intentando reagrupar socios para enfrentar a China. Ayer el parlamento canadiense voto una ley para condenar al gigante asiático por supuestos campos de concentración en la zona de Xinjiang. El día 21 de febrero estalla uno de los motores de un avión Boeing 777 que volaba sobre la ciudad de Denver, EEUU. Los trozos caen sobre las casas. Por supuesto esto provocó gran conmoción. El día 22 el diario británico The Guardian, según los especialistas uno de los más serios, y tal vez el mejor escrito de occidente, publicó una nota referida al tema. En el inicio de la misma figuraba la foto de un avión que “casualmente” no pertenecía a la compañía involucrada en el siniestro. El avión era de Air China. Las autoridades chinas muy atentas hicieron el reclamo, los responsables del periódico pidieron disculpas y el día 23 cambiaron la imagen. Este episodio es solo un ejemplo de la guerra a que estamos sometidos. Cabe preguntar ¿Cuántas personas se quedaron con la primera información? ¿Cuántas personas siguen creyendo en la palabra de los grandes medios como verdad absoluta?

 

Mirá que distintos somos…

Las diferencias entre el bloque imperial que se debilita, aunque conserva gran poder destructivo, y el que se va fortaleciendo, son contrastantes.

Mientras el sistema capitalista-anglosajón y neoliberal, liderado por EEUU, sostiene la propiedad privada como el mayor valor a defender por sobre el resto de los valores, un conjunto de países emergentes plantean la propiedad y el derecho colectivo como prioritario. No es casualidad que los países que menos daño han registrado en su población por efectos de la Covid 19 sean Cuba, Venezuela, Vietnam y China.

Mientras la potencia occidental continúa manteniendo su presupuesto militar como el mayor gasto del Estado, el país del dragón invierte en educación, salud, ciencia y tecnología, en innovación e infraestructura.

Mientras que en el país del whisky y el colt de 245 años de vida independiente 224 vivió en guerra, China desde 1979 no participa en ninguna.

Mientras uno combate la inmigración y levanta muros, el otro diseña políticas para incluir a las minorías étnicas.

Mientras uno practica una política proteccionista o trata de imponer su supremacía al resto, la otra impulsa la Nueva Ruta de la Seda, el mayor proyecto integrador de los pueblos conocido hasta el momento.

Mientras uno utiliza las drogas para hacer negocios y ejercer control social, el otro incentiva a la juventud al deporte, al estudio y al respeto hacia los mayores.

Mientras uno atormenta a las poblaciones con múltiples frustraciones, creciente desmoralización y blandiendo la anti política, el otro hace esfuerzos por construir puentes entre los pueblos y encontrar puntos de coincidencia, aún entre aquellos gobiernos que tienen posiciones opuestas.

Mientras en el país del reino de la libertad de mercado la economía decreció 3,9 % en 2020, en el de la economía socialista de mercado creció 2,3%, en el mismo periodo.

Mientras que en EEUU desciende la esperanza de vida por cuarto año consecutivo, el último dato muestra que entre el primer semestre de 2019 y el mismo de 2020 la caída fue de 78,5 años a 77,5, China sacó de la pobreza a 770 millones de personas, y puso fin a la pobreza extrema, anticipándose diez años a lo sugerido por la ONU.

Mientras que uno ejerce el poder en forma autoritaria, y condiciona a las economías de los países más débiles con las espadas del FMI y el Banco Mundial, el otro ofrece créditos e inversiones sin imposiciones políticas ni económicas y buscando el beneficio mutuo.

Mientras uno trata de acumular todo el poder posible para ir contra China y la Federación Rusa, el otro llama al dialogo y la colaboración como única salida para afrontar los problemas comunes.

Mientras uno opera para justificar un estado mínimo y desregulado para que las fuerzas del “mercado” actúen con libertad, el otro construye un estado presente, que regule las relaciones teniendo como norte favorecer a su pueblo y la amistad con los demás sin someter ni obligar a copiar su sistema.

Mientras uno construye una sociedad para una minoría exclusiva que desborda riqueza y despilfarra, el otro trabaja para conformar un sistema sustentable para todes.

Mientras uno dice combatir, pero no lo hace, las guaridas fiscales, verdaderas cajas fuertes de fortunas mal habidas provenientes de saqueos a los pueblos, los países emergentes proponen un nuevo régimen de control financiero global para evitar los negocios ilegales, la evasión impositiva, las deudas odiosas y la rapiña de los fondos buitres.

Mientras que EEUU somete con bloqueos salvajes y amenazas de invasión a sus vecinos y gobiernos “desobedientes”, la potencia oriental firma y encabeza el mayor tratado de libre comercio (RCEP), con los miembros de la región asiática


A pesar del esfuerzo de los voceros del poder concentrado, no todo está perdido

Asistimos a una transición civilizatoria excepcional en la historia de la humanidad. Por un lado, la ilimitada concentración de riqueza, acompañada de pobreza, desigualdad, destrucción de la naturaleza, carrera de armamentos y amenaza de guerra nuclear. Por el otro, un mundo multipolar, donde cada país pueda optar libremente por el sistema político que más le convenga a su pueblo, un nuevo acuerdo mundial donde se haga carne el concepto de que no hay salida individual a los problemas actuales.

Desde hace varias décadas la humanidad vive una tragedia muy superior a la Covid 19: millones de vidas se pierden por enfermedades evitables, y mueren por día 24000 personas de hambre, 8000 de ellos niñes. Esta realidad es a la que debemos visibilizarla y sobre todo atacar sus causas. Ha llegado el momento de reflexionar sobre el camino a seguir. Hoy resuena con más fuerza que nunca la conocida sentencia de la revolucionaria alemana Rosa Luxemburgo: “Socialismo o barbarie”.

Si la batalla cultural se ha puesto tan agresiva es porque las élites tienen mucho que perder y los pueblos todo por ganar.

 

Sobre el autor: 

Rubén Darío Guzzetti. IADEG-IDEAL-CEFMA. 

Diarios Argentinos