Para Rusia y China no hay una única democracia

El canciller ruso Serguei Lavrov llegó a China en su primera visita tras el brote de la pandemia de coronavirus, que se extendió desde China a todo el mundo. Los medios chinos resaltaron que se trató de la primera visita de alto nivel de Rusia tras el surgimiento de la pandemia en Wuhan.

Por Elena Chernenko (“Kommersant”), Güilín, China

(Traducción Hernando Kleimans)


El canciller ruso Serguei Lavrov llegó a China en su primera visita tras el brote de la pandemia de coronavirus, que se extendió desde China a todo el mundo. Los medios chinos resaltaron que se trató de la primera visita de alto nivel de Rusia tras el surgimiento de la pandemia en Wuhan.

El COVID-19, además de imponer severas restricciones a las reuniones, también incide en la imprecisión para fijar la fecha de una nueva cumbre entre Vladímir Putin y Xi Jinping, que solían sucederse dos veces por año. Ahora, pese a que se aproxima el vigésimo aniversario del Pacto de buena vecindad, amistad y cooperación entre ambos países, nada está aún definido.

Las negociaciones  entre Lavrov y su colega chino Wang Yi se prolongaron dos días y contrastaron fuertemente con las desbocadas declaraciones del presidente norteamericano Joe Biden y con las recientes consultas entre Estados Unidos y China, que se convirtieron en una escaramuza pública de una hora.

Lavrov y Yi, por el contrario, cumplieron todo como por un manual de protocolo diplomático. Sin embargo, el tema principal de su conversación fue la relación con la nueva administración estadounidense. Lavrov acusó a Washington de querer “preservar su dominio en la economía global y la política internacional a cualquier costo, imponer su voluntad y sus demandas a todos y todo, en todas partes”, y afirmó que “está tratando de obstaculizar las tendencias objetivas de la formación de un mundo verdaderamente multipolar y democrático”.

Los dos ministros, Serguei Lavrov y Wang Yi, tras finalizar las negociaciones en esta ciudad del sur de China, dieron a conocer una declaración política sobre "gobernanza global en condiciones modernas".

Explica lo que, desde el punto de vista de Moscú y Pekín, debería ser un orden mundial justo. Una de las tesis principales: no existe un modelo único de democracia, por lo que es imposible inmiscuirse en los asuntos de otros estados con el pretexto de promoverlo. La visita de Lavrov a China mostró cuán cercanos se han vuelto los dos países en el contexto de la ruptura de las relaciones de cada uno de ellos con Occidente.

Tanto Rusia como China registraron este año por primera vez un porcentaje menor al 50% en su giro comercial en dólares como forma de evitar la incidencia de las sanciones indiscriminadas que aplica Occidente. Esta tendencia fue claramente reflejada en las negociaciones entre los dos cancilleres.

Lavrov llamó a reducir estos riesgos “fortaleciendo nuestra independencia tecnológica, pasando a liquidaciones en monedas nacionales y en monedas mundiales, alternativas al dólar. Necesitamos alejarnos del uso de sistemas de pago internacionales controlados por Occidente”.

Uno de los resultados clave de los dos días de visita a China fue la firma de la declaración conjunta sobre las actuales circunstancias en el plano internacional. Este es el primer documento de política de este tipo que describe el orden mundial ideal desde el punto de vista de Moscú y Beijing. Según la información de Kommersant, la parte china se ofreció a preparar tal declaración para la visita de Lavrov. El peso adicional del documento viene dado por el hecho de que no fue simplemente adoptado (como suele ser el caso de varios tipos de declaraciones conjuntas), sino que fue firmado por dos ministros.

En el primer párrafo se explica por qué se necesitaba ahora una declaración así. “La pandemia de coronavirus en curso ha servido como catalizador de cambios en el orden mundial y provocó un mayor desequilibrio en el sistema de gobernanza global. Los procesos de desarrollo económico están siendo atacados y están surgiendo numerosos nuevos desafíos y amenazas. El mundo ha entrado en un período de gran turbulencia y cambios rápidos”, dice. En estas condiciones Rusia y China, como se explica más adelante, consideraron necesario hacer un llamado a la comunidad internacional para "dejar de lado las diferencias, fortalecer el entendimiento mutuo y mejorar la cooperación en interés de la seguridad global y la estabilidad geopolítica, y contribuir al establecimiento de un orden mundial multipolar más justo, democrático y racional".

Hay cuatro puntos en la declaración. El primero tiene que ver con los derechos humanos. Los Estados, como se indica en el documento, deben "protegerlos e implementarlos… en el ámbito político y socioeconómico, en los campos de la cultura y la ecología". Pero pueden hacerlo "de acuerdo con las características nacionales".

Rusia y China instan a "abandonar la politización del tema de la protección de los derechos humanos, la práctica de utilizarlo como pretexto para interferir en los asuntos internos de otros estados y la aplicación de una política de doble rasero".

El segundo párrafo de la declaración trata sobre la democracia. El documento enfatiza que "no existe un estándar único para el modelo democrático". Los dos cancilleres insisten en que “es necesario respetar los derechos legítimos de los estados soberanos para determinar de forma independiente su propio camino de desarrollo. La injerencia en los asuntos internos de estados soberanos con el pretexto de ‘promover la democracia’ es inaceptable".

El tercer párrafo se refiere a la prioridad del derecho internacional sobre el "orden mundial basado en reglas" promovido por los países occidentales. Rusia ha señalado reiteradamente que las reglas que pretenden imponer, ya sean sanciones unilaterales o intervenciones “humanitarias”, violan el derecho internacional existente y, sobre todo, la Carta de la ONU. Ahora, junto con ella, China, que anteriormente se abstuvo de hacer declaraciones duras, está lista para defender activamente esta posición.

El último párrafo está dedicado a promover la cooperación multilateral. Rusia y China creen que la comunidad internacional "debe adherirse a principios tales como apertura, igualdad y desideologización".

El principal instrumento para la conducción de los asuntos internacionales “debe ser el diálogo dirigido a unir a todos los países del mundo y no a su separación, a la cooperación y no al enfrentamiento”, dice el documento.

La firma de tal declaración, así como la visita general de Serguei Lavrov a Güilín, demostraron cuán cercanas se han vuelto Rusia y China en el contexto de la discordia en las relaciones que cada uno de estos países mantiene con Occidente. Los acontecimientos de la semana pasada han amplificado enormemente este efecto. Después de que el presidente estadounidense Joe Biden dijera que consideraba a su homólogo ruso Vladimir Putin un "asesino" y el secretario de Estado estadounidense Anthony Blinken reprendiera a una delegación china de alto rango que visitaba Alaska por violaciones a los derechos humanos, la visita del ministro ruso a China estaba simplemente condenada al éxito.

Wang Yi llamó a Serguei Lavrov "querido amigo", insistió en que China y Rusia actúan como "garantes de la justicia" en la arena internacional y aseguró que "las relaciones chino-rusas resistirán cualquier prueba".

Serguei Lavrov no quedó en deuda. Dijo que su amistad con Wang Yi "refleja una relación fuerte y de buena vecindad entre Rusia y China", agradeció la invitación a visitar "una de las regiones más pintorescas de China" y aseguró que las partes "harán todo lo posible para asegurar que las relaciones ruso-chinas sean seguras y no sean amenazadas por estados hostiles".

Los dos ministros se explayaron sobre la importancia de contrarrestar esta hostilidad. Por sugerencia china, la primera parte de las conversaciones del lunes por la noche se dedicó casi por completo a este tema. Cuando Serguei Lavrov y Wang Yi se volvieron a encontrar el martes por la mañana y se tocaron los codos a modo de saludo, estirando los brazos hacia adelante, parecía que estaban a punto de mostrar sus dedos medios. Estaba claro para quién…

Durante la conferencia de prensa posterior a las consultas, Kommersant preguntó a Sergei Lavrov si el conflicto con Occidente está obligando a Rusia y China a acercarse. Primero dijo que la amistad de los dos países no está dirigida contra un tercero. Pero luego prosiguió: “Mientras no tengamos cambios en el frente occidental (es decir, todo va mal, Kommersant), en el Este, en mi opinión, mantenemos una agenda muy intensa, que se enriquece cada año."

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