Películas para entender el menemismo

Falleció el expresidente Carlos Saúl Menem y comenzaron los balances, las semblanzas y los epitafios. Para sumarnos a la ola mortuoria, seleccionamos una decena de películas que pueden servir para darnos una idea de lo que fue ese fenómeno llamado “década menemista”.

Un par de aclaraciones: 1) la premisa es buscar ejemplos de películas representativas del periodo, 2) todas están producidas entre 1989 y 1999, 3) evitamos el género documental y 4) las películas mencionadas no lo están -necesariamente- por sus virtudes.

 

Extermineitors IV: como hermanos gemelos (Carlos Galettini, 1991)




Si no sos contemporáneo, es difícil entender el fenómeno de las Extermineitors. Son películas hechas con dos pesos, mal actuadas, sexistas, homofóbicas, obesofobias y con todo eso que hoy se denomina “humor de otra época”. La tercera de la saga se llamaba “La gran pelea final”, es decir, nos mintieron desde el vamos. “Como hermanos…” es la última entrega de la serie. “Homenajea” a varias películas de la década del 80´, centrándose en Gemelos con Arnold Schwarzenegger y Danny DeVito. John Mc Claine marcó a una generación (ya dijimos que era difícil de entenderlo).


El lado oscuro del corazón (Eliseo Subiela, 1992)



Personajes recitan poemas de Mario Benedetti, Juan Gelman y Oliverio Girondo. Metáforas finas y gruesas inundan la pantalla. Grandinetti de sobretodo vagando por las calles, Nacha Guevara haciendo de La Muerte y Sandra Ballesteros de prostituta sensible. Una de esas películas donde “hacen el amor”. Durante años, para un sector de la cinefilia, Subiela encarnó todo aquello que no se debía hacer en el cine. La historia lo está juzgando (?).   


Tango Feroz (Marcelo Piñeyro, 1993)



“Pueden robarte el corazón, cagarte a tiros en Morón, pueden lavarte la cabeza, por nada… La escuela nunca me enseñó, que al mundo lo han partido en dos, mientras los sueños se desangran, por nada… pero el amor es más fuerte, pero el amor es más fuerte”. ¿La estás cantando? La película del hit que Tanguito nunca escribió ni tocó. La película que rompió todos los récords. La película en donde Cecilia Dopazo (la hija de Roberto Cantalapiedra por ese entonces) bailaba el tango desnuda con Fernán Mirás. La película que los padres del rock abominaron (hay una célebre carta documento firmada por Moris, Javier Martínez, Pipo Lernoud y Ben Molar, pidiéndole a SADAIC que no autorice el uso de sus canciones en el largometraje).

 

El caso María Soledad (Héctor Olivera, 1993)



Especialista en películas basadas en hechos reales tanto en el rol de director y productor (La Noche de los Lápices, Pasajeros de una pesadilla, La Patagonia Rebelde, El Mural), Olivera se metió con uno de los casos emblemáticos de la década: el femicidio de María Soledad Mórales en la provincia de Catamarca. Poder, corrupción, impunidad, sexo y violencia. De esas películas que “dicen lo que hay que decir” y lo dicen en voz alta para que quede bien claro. 


Peperina (Raúl de la Torre, 1995)



Si la reunión de la banda integrada por Charly García, Pedro Aznar, David Lebón y Oscar Moro fue complicada (ya que estamos, recomendamos el libro Entre lujuria y represión de Mariano del Mazo), ¿qué decir de la película protagonizada por Andrea del Boca? Todo muy noventa: la banda que solo se reúne por motivos económicos, una película que es un capricho tras otro (se ocupa de banalizar la tortura, la trama no tiene sentido y está el “tema de la droga”). Una de las películas más inentendibles de la historia.


Eva Perón (Juan Carlos Desanzo, 1996)



Dicen que surgió como respuesta a la Evita de Madonna (Alan Parker, 1996), pero lo cierto es que se trata de la mejor película sobre su figura. José Pablo Feinmann -autor del guion- construye una Eva valiente, cabrona, frágil, humana y épica. Esther Goris -pese a la diferencia de edad- interpreta a una Evita convincente y poderosa. Víctor Laplace encarna a Perón por primera vez. Es interesante que la versión del peronismo que presenta el largometraje es lejana a la versión oficial que se promovía por aquellos años.


La Furia (Juan Bautista Stagnaro, 1997)



¿Quién no gritó “guardiaaaaaaaaaaaaaaa” alguna vez? La primera película “seria” de Diego Torres (de esas que intentan buscar algo de prestigio). Policías malos, empresarios malos, políticos malos, abogados malos, drogas malas. ¿Se entiende cómo viene la mano? Ah, si nunca la viste y andabas con ganas, en un momento Brandoni se dispara a sí mismo en la mano (¿premonición?).


Buenos Aires viceversa (Alejandro Agresti, 1997)



Coral y despareja. Sórdida y burda. Torpe y reflexiva. Para que quede claro, citamos “¿dónde mierda se puede encontrar belleza en esta puta ciudad?". Agresti homenajea a Godard, trabaja con su actor fetiche (el gran Carlos Roffe) y nos cuenta pequeñas historias desde una mirada clasemediera porteña (blanca y progresista). Una obra con virtudes, varias marcas de época y una moraleja final imperdonable. Ya que estamos, recuerden que es el autor de esa maravilla llamada El acto en cuestión, 1993.


Martín (Hache) (Adolfo Aristarain, 1997)



Se podría decir que después de filmar obras maestras como Tiempo de revancha (1981) y Últimos días de la víctima (1982), Aristarain podía filmar aquello que se le cante. Pues bien, Martín (Hache) es aquello que él quería cantar promediando la década. Una de esas películas donde el director “dice cosas”. Mucha exposición, mucha bronca, acumulada y mucho rencor. Y poco pudor, por cierto.


Comodines (Jorge Nisco, 1997)



La del tema de Divididos. La del Chueco y Carlin volando. La del guion con participación de Ricardo Piglia (¡!). Un auténtico hit de los noventa. Así la resumió Diego Trerotola: “El modelo Polka de producto de género, pero nivel artículo importado de negocio de Todo por 2 pesos”. Ahora cantá conmigo: “Cuando la mentira es la verdad”.


Pizza, birra, faso (Bruno Stagnaro y Israel Adrián Caetano, 1998)



La película que inició un movimiento. La que mostró una Buenos Aires real (ya no todo era Palermo y San Telmo). Las consecuencias de años de menemismo: marginalidad, pobreza, violencia, escapismo y desolación. “A caso sin proponérselo, Pizza, birra, faso marcó una especie de umbral en el imaginario del cine argentino”, escribió Alan Pauls. De las imprescindibles.

 

5 pal’ peso (Raúl Perrone, 1998)



Desde Ituzaingó, Raúl Perrone construyó una sólida filmografía sobre personajes del conurbano. La ecuación nunca fue “conurbano=pobreza”, la estética nunca se construyo a partir de la marginalidad y las historias podían ser mínimas y universales. Como un Jim Jarmusch del oeste bonarense, nos contó las historias que sucedían más allá de la General Paz.


Un argentino en Nueva York (Juan José Jusid, 1998)



Cuatro palabras nos alcanzan para remitirnos a esta película: “Ay, decí que sí”. ¿Cómo resumirla? El Francella antes del “tema del prestigio”, la Oreiro despegando al rol de estrella, presupuesto para filmar en New York pero que al final no era para tanto y un par de chistes obvios y pavos (¿se acuerdan de la falsa Whoopi Goldberg?). Siempre me pareció más triste de lo que prometía.


76 89 03 (Cristian Bernard y Flavio Nardini ,2000)



Se estrenó cuando Menem ya no estaba en el gobierno, pero es LA película que supo retratar qué fue el menemismo contando sus albores. Humor negro, personajes extraordinarios (El Rey de la Noche, obvio), citas cinéfilas, drogas, chantas con delirios de grandeza, planes condenados al éxito y una canción que hoy no podemos cantarla (sí, la de las habilidades de Wanda).


Sobre el autor: Nahuel Billoni coordina el sitio www.incont.com.ar, en Twitter es @nahue84 y hace cosas. 

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