¿Por qué Alberto Fernández?

Por: Federico Aranda

La política argentina, fuente inagotable de sorpresas, vuelve a dejar en offside a la mayor parte de los dirigentes, analistas, periodistas y ciudadanos que especulaban sobre la definición de los principales nombres que tomarán parte en la próxima contienda electoral.

Con un elaborado mensaje, en el que tuvo especial cuidado de la entonación y repetición de determinadas frases, CFK anunció la fórmula que competirá en las PASO llevando a Alberto Fernández (AF) como precandidato a la presidencia. Los enormes efectos de esta novedad sobre los armados y estrategias partidarias empezaron a sucederse inmediatamente de conocida la noticia y podemos prever que se extenderán de forma incierta hasta el definitivo cierre de las listas, pautado para el 22 de junio.

Pero la pregunta con la que los argentinos van a convivir en estos días es ¿por qué AF? La respuesta no se reduce a la obviedad (que no por obvia deja de ser significativa) de que “porque así lo decidió CFK”. Para entender por qué la ex presidenta elige a AF para la precandidatura es conveniente detenernos en qué representa y qué representó en estos años su figura.

AF cuenta con el antecedente de haber sido jefe de gabinete de ministros desde el inicio de la presidencia de Néstor Kirchner hasta el primer año del mandato de CFK. Fue el funcionario que duró más tiempo en ese cargo desde su creación en 1994. Según el Art. 100 de nuestra Constitución Nacional el jefe de gabinete refrenda y legaliza “los actos del presidente por medio de su firma, sin cuyo requisito carecen de eficacia”. Es un enorme gesto del destino, o de Cristina para los que somos un poco más incrédulos, que en todas las decisiones tomadas por el poder ejecutivo nacional desde el 25 de mayo de 2003 hasta mediados de 2008 la firma del presidente/a haya estado acompañada por la de la persona elegida para encabezar la fórmula más competitiva de la oposición.

AF es un interlocutor válido con aquellos sectores a los que CFK no quiere/puede tener diálogo. Luego de su alejamiento del kirchnerismo AF formó parte de los principales armados opositores, lo que lo convierte en una figura respetada en el peronismo no kirchnerista. Desde hace un tiempo hasta la fecha se desempeñó como el articulador-promotor de aquellos vínculos que CFK buscó recomponer en su estrategia de tejer una alternativa lo más amplia posible para enfrentar al macrismo.

Al mismo tiempo, y por lo anterior, AF es una de las pocas figuras políticas que tiene el peso suficiente como para poder encabezar una fórmula presidencial y que, a su vez, se encuentra libre de identificación con alguna rama interna del peronismo. Al elegir a AF, Cristina no está ungiendo a uno entre los iguales (todos aquellos dirigentes que habían manifestado su intención de ser), ni optando por el representante de algún sector en particular. Por lo pronto, la decisión de CFK genera entre la dirigencia y la militancia un desconcierto pasajero más que descontento latente.

Por otra parte, es innegable que dentro del peronismo cercano a CFK la opción por la figura de AF significa un alivio para esa nebulosa de intereses y especulaciones que se engloban bajo la noción de “el mercado”, así como también renueva las posibilidades de la oposición de captar votos en el segmento de electores independientes/indecisos.

Esta última idea nos invita a plantearnos una segunda pregunta, a dejar de lado el por qué y aventurar respuestas a un ¿para qué AF?

Podemos dividir el para qué en dos momentos: la campaña y un eventual próximo gobierno.

- Desde ahora hasta la fecha de los comicios, la precandidatura de AF permite al peronismo un nuevo juego discursivo que resulta mucho más atractivo para ampliar su volumen electoral. El giro comunicacional que realizó la ex presidenta luego de su derrota en la provincia de Buenos Aires en 2017 mostró ser el acertado para aumentar su nivel de intención de voto frente al desastre cotidiano que representa la gestión macrista. Pareció demostrarse que en las sociedades contemporáneas, en términos de comunicación política menos puede ser más. CFK disminuyó no solo la frecuencia sino también la carga ideológica de sus apariciones en redes sociales y su imagen en los sondeos no paró de crecer. Como demuestran Aruguete y Calvo*, cuanto menos tuits realizó la ex mandataria, más aumentó su “popularidad tuitera”.

Sin embargo, los inminentes comicios ponían a CFK frente a la imperiosa obligación de retomar la intensidad de sus apariciones públicas, reavivando no solo el apoyo de sus seguidores sino también el rechazo de sus detractores y, lo más riesgoso, dando lugar a las maniobras del oficialismo para intentar sacar rédito de la polarización. Los analistas coinciden que ante la incapacidad de Mauricio Macri de mostrar logros significativos en su gestión, la única esperanza de retener votantes y alcanzar la reelección es echar mano al ya clásico recurso antikirchnerista de “no volver al pasado”.

La fórmula presidencial AF-CFK parece ser la solución ideal para que la ex presidenta aporte su enorme caudal de votos como candidata y al mismo tiempo no se vea en la necesidad de ser la cara visible de una campaña que debe estar dirigida a conquistar un electorado que le resulta arisco. No podemos dar seguridad absoluta sobre cuál será la actitud que tomará CFK durante la campaña, pero podemos avizorar que estará lejos de ocupar el centro de la escena. Sus militantes y simpatizantes deberán comprender las necesidades del contexto político actual y ser inteligentes en la interpretación de los gestos de su conductora.

En segundo lugar, la figura de AF expresa una cuota de moderación que difícilmente la candidatura de CFK hubiera logrado, más allá del notable giro discursivo de la ex presidenta en los últimos meses. La elección de AF como candidato es un inocultable guiño de CFK al poder económico y mediático que gravitará de manera decisiva sobre la campaña de los próximos meses. Estas señales claramente no se agotan en las fronteras del territorio nacional.

- El segundo momento del “para qué” se proyecta sobre el eventual futuro gobierno.

La propia CFK destacó en sus últimas apariciones las dificultades y el complejo escenario que deberá afrontar la próxima gestión. La convocatoria a un contrato social de ciudadanía responsable es una muestra del carácter refundacional de un gobierno llamado a establecer un nuevo orden que permita superar el caos del presente.

La tarea estará lejos de ser fácil, sea cuál sea el porcentaje de votos con que el sucesor de Macri llegue al poder. Las decisiones que se deberán tomar no estarán exentas de tensiones y conflictos y requerirán un renovado marco de alianzas sociales. La forma en la que el próximo presidente logre resolver los desafíos que le impondrá el escenario de crisis, la eficacia con la que construya una correlación de fuerzas que posibilite enfrentar a los actores de veto del sistema y la capacidad que demuestre para renegociar acuerdos que hoy son gravemente perjudiciales para la mayoría de los argentinos, determinaran el éxito o el fracaso del gobierno que inicie el 10 de diciembre.

El destino del próximo presidente estará unido a ese compromiso refundacional y a su capacidad de velar por el nuevo contrato social. Un contrato exigente y complejo pero que contará con una  garantía esencial: la vicepresidencia.


* Aruguete N. y Calvo, E., “A la hora señalada”, Le Monde Diplomatique, Edición mayo 2019.

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