Por qué los chinos e iraníes molestan a los estadounidenses, pero hacen felices a los rusos

OPINIÓN. Rusia y China, en su procura de un nuevo orden mundial, necesitan de aliados: fuertes, independientes, conscientes de sus raíces históricas y que defiendan sus intereses nacionales como potencia civilizadora.

Por Peter Akopov (RIA Nóvosti)

(Traducción y adaptación Hernando Kleimans)


Joe Biden está muy descontento con muchas cosas del mundo moderno: por ejemplo, no le gusta el acercamiento entre Pekín y Teherán. Cuando se le preguntó sobre la asociación entre las dos potencias asiáticas durante el fin de semana, el presidente de Estados Unidos enfatizó que ha estado "preocupado durante muchos años" por la cooperación chino-iraní. A Biden le respondió muy pronto el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Shamkhani, quien escribió que la preocupación de Biden estaba absolutamente justificada.


"El mundo no es solo Occidente. Mientras tanto, Occidente está formado no sólo por los Estados Unidos, que no reconocen las leyes, y tres países europeos que no cumplen con sus promesas. Biden tiene razón al expresar su preocupación. El florecimiento de la cooperación estratégica en el Este acelerará el declive de los Estados Unidos. La firma de la hoja de ruta para una asociación estratégica entre Irán y China es parte de la resistencia activa".

Sí, un nuevo motivo de preocupación para los estadounidenses fue el acuerdo celebrado en Teherán el sábado sobre cooperación política, estratégica y económica entre Irán y China por un período de 25 años.

Las conversaciones sobre este documento han estado ocurriendo durante mucho tiempo: lo acordaron en 2016, durante la visita de Xi Jinping a Irán, y el acuerdo en sí estaba listo hace un año. Entonces comenzaron a asustar no sólo a los estadounidenses y al mundo árabe, sino también a los propios iraníes. Además, no solo los emigrantes con mentalidad de oposición, en particular el hijo del último sha, fueron intimidados, sino también políticos independientes como el ex presidente Ajmadinedzhad (aunque para él esto es más un elemento de preparación para las próximas elecciones presidenciales, a las que, sin embargo, es poco probable que sea admitido).

¡Protocolos secretos! ¡China establecerá bases militares en territorio iraní! ¡China comprará toda la riqueza iraní e Irán se encontrará en una trampa de deuda china!..

Las autoridades iraníes intentaron convencer de que no había protocolos secretos en el acuerdo y ahora prometen publicar su texto en un futuro próximo. De los borradores de acuerdos que han aparecido anteriormente en la prensa se desprende claramente que es de hecho a muy gran escala, pero está claro que no puede haber ninguna posibilidad de compra de Irán por parte de China. Ambos países no sólo se encuentran entre los más antiguos de la tierra, sino que también valoran enormemente su soberanía y son uno de las pocas naciones del mundo que realmente la poseen. Entonces, no importa cuán enormes sean las inversiones chinas prometidas (se estiman en 450 mil millones de dólares): no hay venta de Irán. Hay una elección estratégica de su liderazgo y esto es lo que preocupa a las élites atlánticas.

No es sólo que China esté construyendo "Un cinturón, un camino" (que privará a los atlantistas de la capacidad de contener al Imperio Celestial, incluso en sus lazos con el mundo), sino que está construyendo una nueva arquitectura mundial. Primero para Asia y Eurasia, y potencialmente para todo el mundo. Este no es el mundo chino en lugar del estadounidense: este es el mundo de las alianzas estratégicas entre centros de fuerzas independientes que cooperan entre sí para fortalecerse entre sí, lo que automáticamente conduce a un debilitamiento de la influencia de Occidente en general y de los Estados Unidos en particular, a su expulsión de Eurasia, a la eliminación del mundo “a la americana”. Por supuesto, no todos los participantes potenciales en la Nueva Ruta de la Seda tienen soberanía real, pero incluso ellos quieren reducir su dependencia de Washington y obtener inversiones reales para su economía. Los países independientes como Irán no tienen restricciones externas para asociarse con China.

Esta elección deliberada, así como las aspiraciones recíprocas de China, es especialmente desagradable para Washington, porque durante cuatro décadas los estadounidenses han estado tratando de mostrar a Irán como un buen ejemplo de “país-paria”. Sanciones interminables, presiones, amenazas de guerra, provocaciones, demonización: después del colapso de la URSS, la propaganda estadounidense convirtió a Irán en un demonio del infierno y, de hecho, lo colocó en el lugar del "enemigo número uno". Pero ni el incesante flujo de mentiras ni las sanciones sin precedentes funcionaron: los iraníes resistieron y resistieron. Además, expandieron su influencia en la región, incluso aprovechando las consecuencias de la agresión estadounidense. En Oriente Medio se han convertido en el principal adversario de los Estados Unidos. Para una gran parte del mundo islámico se han convertido en un modelo de resistencia a la presión externa y la agresión occidental. Todo esto en circunstancias externas muy difíciles: no es fácil resistirse a la hegemonía mundial, incluso a una en declive.

Está claro que Irán no ha estado del todo solo todos estos años: Rusia también estuvo cerca, gracias a lo cual en 2015 se resolvió el problema con el programa nuclear iraní (que no era de carácter militar, sino que fue utilizado por Estados Unidos para aumentar la presión internacional sobre la República Islámica) China se convirtió en el principal socio comercial de China. Pero antes del inicio de la confrontación activa con Occidente, tanto Rusia como China se vieron obligadas a restringir sus lazos con Irán y aceptar las sanciones occidentales. Ahora ese tiempo ha terminado y el acercamiento con Teherán se acelerará.

Irán ha estado durante mucho tiempo en la línea de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCSh) (`1) : durante una década y media ha sido un observador en esta organización liderada por Rusia y China para mantener la seguridad en Asia. La transformación de Irán como observador  un miembro de pleno derecho de la OCSh, de hecho, se convertirá en una confirmación de su orientación geopolítica hacia Rusia y China, porque la cooperación militar ya ha sido más que activa durante mucho tiempo. Se trata además del suministro de armas, también de las acciones conjuntas de Rusia e Irán en el campo de batalla en Siria y los ejercicios conjuntos de las armadas de los tres países en el Océano Índico.

Irán es un país clave para todo el Gran Medio Oriente, y a pesar de todas las inconsistencias entre los árabes sunitas y los persas chiitas, son Rusia y China las que están interesadas en suavizar la confrontación y procurar la reconciliación entre Irán y sus vecinos árabes. Los estadounidenses jugaron constantemente con las contradicciones, inflándolas y usándolas para fortalecer sus posiciones en la región, pero no quebraron a Irán ni trajeron la paz a la región. Por el contrario, al destruir Irak, lanzaron una reacción en cadena de desestabilización en todo el mundo árabe, en cuyo contexto se produjo el fortalecimiento de las posiciones de Irán en la región. En la próxima década, la influencia de Estados Unidos en Oriente Medio disminuirá, mientras que Rusia y China, por el contrario, seguirán ganando puntos y fortaleciendo sus posiciones en la región, completándose entre sí.

China desempeñará un papel cada vez más importante como socio comercial e inversor para la región, y Rusia actuará como garante político (y árbitro) y socio militar para permitir que los árabes reduzcan su dependencia de los Estados Unidos. Irán, después de haber resistido 40 años de confrontación con Occidente, recibiendo inversiones chinas y fortaleciendo los lazos con Rusia (incluso mediante la conclusión de un acuerdo de libre comercio con la Unión Euroasiática) (2), puede elevar significativamente su economía. Debido a las sanciones y restricciones, la economía iraní todavía está por debajo del G20, pero el potencial de Irán es enorme y debería pertenecer legítimamente al club de las grandes potencias.

Rusia y China, en su procura de un nuevo orden mundial, necesitan precisamente esos aliados: fuertes, independientes, conscientes de sus raíces históricas y que defiendan sus intereses nacionales como potencia civilizadora. Irán (como su vecino Turquía) es sin duda uno de esos grandes estados: los vecinos de Rusia y los socios de China.


Notas

(1) La OCSh nuclea a 21 estados de Eurasia, entre ellos Rusia, China e Irán, en una organización de cooperación económica, política y militar conocida como la OTAN del Asia.

(2) La Unión Euroasiática está formada por Rusia, Belarús, Kazajstán, Armenia y Kirguizia y, como observadores, por Moldavia, Uzbekistán, Cuba e Irán.


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