Pronósticos electorales en tiempos de pandemia

Las elecciones intermedias, se dice, funcionan como una especie de plebiscito de la gestión del gobierno nacional. Es cierto, pero siempre y cuando se recuerde que esa elección plebiscitaria se concreta en 24 distritos electorales con características propias y específicas.

La Ciencia Política ofrece algunas herramientas para realizar pronósticos electorales. Al respecto, para países dependientes como la Argentina, los politólogos sostienen que la suerte de un presidente depende, en gran medida, de dos condiciones externas que son ajenas a su voluntad: 1) el valor de la soja 2) la diferencia entre la tasa de interés local e internacional (la de Estados Unidos). 

En forma sintética: a mayor precio de la soja, mayor entrada de dólares y en consecuencia, menor restricción externa, eterno problema estructural de la economía argentina que impide un crecimiento continuado. Y con respecto al segundo elemento, una tasa de interés en Estados Unidos baja, implica que mercados emergentes como el nuestro sean atractivos para los capitales internacionales; o sea, más dólares para una economía nacional siempre necesitada de esta divisa. 

Pues bien, ambas condiciones resultan sumamente positivas para la Argentina en la actualidad. El valor de la soja (y de otros commodities), gracias sobre todo al fuerte impulso de la economía china, están en valores históricos muy altos y todo hace prever que los factores causantes de este fenómeno, van a persistir en el mediano plazo. Lo mismo sucede con la tasa de interés en el país del norte: Biden no está preocupado por la emergente inflación sino por la recuperación económica que se viene para la etapa post-pandemia. 

Todo lo anterior, entonces, lleva a suponer que Alberto Fernández, y el oficialismo en general, están en óptimas condiciones para enfrentar el proceso electoral en ciernes. Pero, como siempre, las cosas nunca son tan sencillas en la Argentina y más en un contexto atravesado por la pandemia del coronavirus, que rompió todos los parámetros de la normalidad que regían hasta marzo de 2020. 

La pregunta entonces es de qué manera puede afectar la crisis sanitaria abierta del COVID-19 en el proceso electoral. Varios elementos a considerar en este plano. 

En primer lugar, pareciera que en las últimas semanas el plan de vacunación finalmente tomó fuerte impulso y que avanza a pasos acelerados. ¿Cuántas personas vacunadas habrá para las PASO de septiembre y  para las generales de noviembre? A primera vista, el corrimiento del calendario electoral debería favorecer al oficialismo. Más allá de cualquier relato en contra, el testimonio de una persona vacunada tiene una potencia simbólica y material muy fuerte, que da crédito a las peores pesadillas de la oposición. No es difícil conjeturar que tendencialmente, a mayor cantidad de vacunados, mejor rendimiento electoral tendrán los candidatos del gobierno. 

Ahora bien, lo anterior es una abstracción que necesita mayores precisiones. ¿A quién benefician, por ejemplo, los vacunados en la ciudad de Buenos Aires? Dicho de otro modo: ¿quién recoge el mérito de una dosis aplicada a un porteño o porteña? ¿Alberto Fernández o Horacio Rodríguez Larreta? 

Esta semana que concluye dio un primer resultado electoral provincial: se votó para la Legislatura en Misiones y el oficialismo (provincial) salió muy bien parado. Esto indica entonces que los habitantes de Misiones, en un momento sanitario y económico crítico, apostaron a la continuidad. Dicho de otra manera: no parecen identificar en el gobierno provincial la responsabilidad del mal momento actual. ¿Le echan la culpa entonces al gobierno nacional? Difícil saberlo. Las elecciones intermedias, se dice, funcionan como una especie de plebiscito de la gestión del gobierno nacional. Es cierto, pero siempre y cuando se recuerde que esa elección plebiscitaria se concreta en 24 distritos electorales con características propias y específicas que moldean, y mucho, las preferencias electorales de los votantes. El federalismo tiene consecuencias electorales indisimulables. 

En segundo lugar, habría que decir que las condiciones externas enumeradas al principio (soja y tasa de interés) son importantes en la medida en que impactan positivamente en el nivel de vida de la gente. La elección presidencial de 2011, cuando Cristina Fernández reeligió con el impresionante 54% de los votos, es una buena muestra de lo dicho. El viento externo favorable se traducía en una economía que crecía a tasas chinas, con virtualmente pleno empleo y salarios en ascenso y a niveles muy altos en dólares. A diferencia de aquel momento, la situación actual, social y económicamente es crítica. Las mejores condiciones internacionales seguramente le darán al gobierno nacional mayor capacidad fiscal para aplicar medidas de contención en lo que resta del año. ¿Alcanzará para que se traduzca en mejoras significativas en el nivel de vida de la sociedad? 

En tercer lugar, a todos los factores estructurales antedichos, hay que agregar la política o, más precisamente, la acción de los políticos y de la política, que tiene su propia lógica y dinámica. Esta semana el presidente cometió un error no forzado, al hablar de la descendencia de los argentinos y de otros países sudamericanos. Más allá de que fue una cita de una canción (de Litto Nebbia) y de algunos elementos históricos que podrían darle razón, la frase fue desafortunada desde el punto de vista estrictamente político. Cuando hay que aclarar (y varias veces) el sentido de una frase, el problema fue la frase. Tomada en forma aislada, difícilmente tenga alguna incidencia electoral. Pero hay que verla en el contexto de una serie de errores no forzados, de un mal manejo comunicacional que se dio a lo largo de casi toda la pandemia. El discurso opositor toma la frase y como casi siempre, se sobregira. Pero más allá de eso, lo cierto es que los errores del oficialismo dan sustento a un relato crítico sobre ciertos aspectos del manejo de la pandemia que, seguramente, algún impacto electoral tendrá. 

Finalmente, para concluir, hay que considerar el amplio espectro de la oposición. Si nos preguntábamos antes de qué manera puede influir la crisis del coronavirus en las elecciones, habría que preguntarse, sobre todo, con qué discurso la oposición, sobre todo la de Juntos por el Cambio, puede llegar a capitalizar los errores del gobierno. Puesto con un ejemplo sencillo: las vacunas se demoraron en venir y el presidente seguramente pagará un costo por anuncios que no se concretaron en tiempo y forma. Pero de ello no se deriva que necesariamente dicho error sea capitalizado por dirigentes que dudaron de la efectividad de las vacunas. Algo similar puede decirse de los confinamientos. Al gobierno se le podrá achacar las muertes producidas por el COVID-19, pero ello no se traducirá inevitablemente en votos a favor de una fuerza política que boicoteó cada vez que pudo las medidas de prevención.

 


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