Prospectivas del Gobierno de Biden en América Latina

OPINIÓN. El reciente triunfo de la fórmula Biden-Harris presenta una serie de retos para la política exterior estadounidense en el camino por recuperar la confianza y fortalecer los lazos multilaterales con Latinoamérica.


El reciente triunfo de la fórmula Biden-Harris presenta una serie de retos para la política exterior estadounidense en el camino por recuperar la confianza y fortalecer los lazos multilaterales con Latinoamérica. Este distanciamiento con la región tuvo su punto de inflexión en la administración Trump, después de las declaraciones negativas contra la población latinoamericana, la concentración en la política doméstica en detrimento del multilateralismo y la desvinculación del gobierno norteamericano en programas contra el cambio climático, Derechos Humanos y cooperación económica que se desarrollaban en la región. A esto se suma, un clima de tensión al interior de EE.UU., teniendo en cuenta los enfrentamientos entre la fuerza pública y manifestantes, continuos casos de violencia policial contra la población afroamericana y una evidente crisis de representación. 

Asimismo, el entorno latinoamericano no está menos volátil que el estadounidense, dentro y fuera de las fronteras de cada país de la región, en algunos casos se observa una pérdida del monopolio de la violencia, en otros, una creciente inestabilidad institucional, por ejemplo: las multitudinarias protestas en Chile en pro de una nueva constitución, la violencia interna en Colombia, México, Brasil, El Salvador, Honduras, entre otros; la crisis económica Argentina, los sucesivos gobiernos en Perú o la retórica beligerante del gobierno de Bolsonaro. La razón de estas fluctuaciones políticas puede explorarse tanto en la acumulación de demandas insatisfechas, llevando al desprestigio de las instituciones internas de cada nación, como en un vacío de poder, arbitrio o ausencia de un liderazgo regional.

El caótico panorama dentro y fuera de la frontera norteamericana demanda un liderazgo fuerte, estratégico y al mismo tiempo conciliador, para evitar en la medida de las posibilidades una dilatación de la crisis sociopolítica que atraviesa casi todo el continente americano. Además, estas características que serían pertinentes para retomar el liderazgo, lo son también para detener o mesurar el avance chino sobre Latinoamérica, siendo que en la última década el país asiático se ha convertido en el principal socio comercial de países que tradicionalmente tenían un mayor intercambio comercial con EE.UU, por ejemplo: Chile, Perú o Ecuador. Siguiendo con este lineamiento, China también se ha convertido en el primer socio comercial de países que no han estado del todo alineados con EE.UU, como son el caso de Argentina o Brasil; además, ha acrecentado el intercambio comercial con aliados históricos de EE.UU, como lo son Colombia y México. 

Ante esto, la lectura que tenga el gabinete, los asesores y el mismo presidente sobre la región marcará la agenda del gobierno electo frente a los enormes cambios que han sufrido las relaciones con Latinoamérica desde la administración Obama y el papel que desempeñó el entonces vicepresidente Biden.  Para esto, es importante observar el contexto de algunos países de la región y las potenciales prospectivas del nuevo gobierno en estos países:


Argentina

Históricamente la Argentina no ha tenido un fuerte alineamiento con la política exterior estadounidense, a excepción de la década de los 90s con el gobierno de Carlos Menem o el leve acercamiento en el gobierno de Mauricio Macri (2015 2019), no obstante, estas relaciones han carecido de una constancia como lo han sido con Chile, Colombia o México. Ahora bien, los vínculos entre ambas naciones durante los últimos 20 años se han desenvuelto alrededor de litigios, negociaciones con acreedores de origen estadounidense e instituciones multilaterales de crédito como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Por esta razón, y a la luz de las célebres negociaciones entre el gobierno argentino y los fondos de inversión, lo que subsigue son las negociaciones con el FMI, donde la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos tiene un rol fundamental. Esto se debe a que el Estado norteamericano posee un poder de veto fáctico, dado que representa el 16,74% del total de los votos, siendo que se necesita el 85% para las votaciones más importantes.

La gestión de la recién electa Secretaría del Tesoro Janet Yellen será fundamental no sólo para las negociaciones entre el FMI y el gobierno argentino en cabeza del Ministro de Economía Martin Guzmán. La experiencia de Yellen en la FED entre 2014 - 2018, estuvo marcada por bajas tasas de interés y una política monetaria expansiva, situación que, si se mantiene, ayudaría también a mantener los costos en términos de pago de deuda, aumentar la capacidad de inversión hacia el país en divisa estadounidense y aumentar los precios de las materias primas. 


México

A medida que pasa el tiempo, las relaciones entre México y Estados Unidos se complejizan, los ejes en los cuales ambas naciones colaboran se entrecruzan en la medida en que se acrecienta una mayor interdependencia. México se ha convertido en el socio comercial más importante de EE.UU., con un valor en la balanza comercial de US$307 mil millones de dólares en 2019, superando a China que tiene un valor de US$252 mil millones. No obstante, este no es el único de los ejes en los cuales EE.UU. trabaja con México, el crimen organizado derivado del narcotráfico y la inmigración, son otros de los puntos a analizar.

Con respecto al narcotráfico, el trabajo en conjunto entre las autoridades de ambos países no ha tenido los resultados esperados, teniendo en cuenta que el flujo de narcóticos hacia EE.UU. no ha mermado y el impacto del crimen organizado está llevando a un aumento exacerbado de la violencia, restándole capacidad al Estado mexicano para monopolizar la violencia.

En materia migratoria, México tiene un papel preponderante en el control del paso fronterizo que usan muchas personas para llegar a EE.UU. y, así como Turquía se ha convertido en la llave del flujo migratorio hacia Europa, México también tiene cierta capacidad de presión sobre la circulación de migrantes hacia EE.UU.

En base a esto, es importante resaltar las condiciones con las que se encuentra Biden en las relaciones con México, siendo uno de los mayores retos disminuir la demanda de drogas dentro de las fronteras estadounidenses, pero también apoyar al gobierno mexicano en la lucha contra el crimen organizado y generar mayores canales de cooperación, en vistas a la falta de control del propio gobierno en la expansión e influencias de los carteles dentro y fuera del país. No hay que dejar de mencionar que el impacto del crimen organizado en gran parte de los países centroamericanos genera un gran flujo de inmigrantes o refugiados, a causa del desplazamiento forzado.


Brasil

Las relaciones entre Brasil y EE.UU. se han caracterizado por un acercamiento ideológico, en el momento en que coincidieron las administraciones de Bolsonaro y Trump. No obstante, ante la victoria de Joe Biden, se ha acentuado el tono poco diplomático del presidente brasilero, debido a las advertencias de Biden de que levantaría barreras arancelarias sino se solucionaba la deforestación en la Amazonia. Esto ya le había traído dificultades al gobierno de Brasil con algunos países de la Unión Europea, en especial con Francia, pero la magnitud de estas querellas se veía minimizadas al tener como aliado a EE.UU.

De igual modo, los asuntos climáticos en Brasil pasan en un segundo plano ante la posibilidad de que Bolsonaro se trasforme en una amenaza hacia la región, aunque si bien, las alarmas sobre un potencial autogolpe de Estado han disminuido, los rasgos autoritarios del gobierno han sido constantes, debido a la discriminación hacia las minorías o las nuevas proyecciones del gobierno sobre el rol de Brasil en potenciales conflictos  en Suramérica, a esto se suma el aumento progresivo del gasto militar desde 2018 que fue 1.5%, 2019 1.8% y para 2020 será de 2% del PIB.

Finalmente, es posible entrever que los retos del presidente electo sobre la región no son menospreciables. Ante esto, es importante resaltar la experiencia de Biden en sus años de vicepresidente, siendo un actor relevante en las Acuerdos de Paz de la Habana junto al entonces Secretario de Estado John Kerry, o el rol que ejerció al intentar restablecer las relaciones diplomáticas con Cuba. Así mismo, será interesante analizar en el futuro el rol que cumplirán su vicepresidenta Kamala Harris, el Secretario de Estado y el Secretario de Defensa, para resolver asuntos tan delicados como el de Venezuela. Para el resto de la región, la reestructuración de los lazos multilaterales deberá suceder a demostraciones reales de cooperación, siendo la pandemia de COVID-19 una oportunidad sustancial para restarle influencia a China sobre la región y aceitar los vínculos con Latinoamérica.


Sobre el autor: Camilo Torres es estudiante de Ciencias Políticas en Universidad Abierta Interamericana (UAI). Ejerció periodismo y locución para El Horizonte: una mirada al mundo. Analista Político para Las 2 Orillas, Colombia.

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