Rompiendo mitos: Monetización del déficit y el rol del Banco central

En el marco de una teoría inconsistente, la praxis sólo se vuelve ilusión. Así fue como días atrás el economista Martín Tetaz, precandidato a diputado nacional por Juntos por el Cambio, publicó en su cuenta de Twitter la intención de presentar un proyecto de Ley para independizar al Banco Central de la órbita del Poder Ejecutivo Nacional y, de esta manera, terminar con el problema de la inflación.


Por medio de la presente intervención nos proponemos discutir dos cuestiones que los economistas liberales repiten hasta el hartazgo: la emisión monetaria -producto de la monetización del déficit fiscal- como causa de la inflación; y el rol -supuestamente independiente- de los Bancos Centrales en las economías capitalistas.

En primer lugar, para la teoría económica dominante, en su versión más simple -la economía vulgar-, administrar el Estado es como administrar una casa, donde no se puede gastar más de lo que los ingresos te permiten. De esta manera, todo intento de política fiscal expansiva, a través del gasto público, tiene como consecuencia el desencadenamiento de procesos inflacionarios.

El argumento es bien sencillo: un aumento del ingreso de los ciudadanos a través de políticas públicas, se traduce en un incremento de la demanda de bienes y servicios. Dado que este enfoque adopta el supuesto de que la oferta es rígida -no puede expandirse la producción- porque existe pleno empleo de los factores productivos -trabajadores y máquinas utilizados al máximo de su capacidad-, se produce un exceso de demanda que provoca un incremento generalizado del nivel precios, como mecanismo instantáneo que ajusta oferta y demanda.

De esta manera, el Estado, para gastar lo que no tiene, decide utilizar el herramental del Banco Central, quien oficia de financista de la expansión económica. Es decir, la autoridad monetaria transfiere desde su cuenta corriente el ingreso necesario al Tesoro Nacional para que la gestión económica ejecute la partida presupuestaria correspondiente. Por consiguiente, según la economía vulgar, el Estado sería el principal responsable de la inflación al expandir el gasto público mediante la emisión monetaria. Esto último, es lo que se conoce como Monetización del Déficit Fiscal.

Es preciso destacar que, para nosotros y pivotando sobre una teoría consistente como lo es la Clásica Keynesiana, esto último no es cierto. Básicamente porque el gasto público, principal componente del gasto autónomo que no genera capacidad, es una variable que induce el crecimiento económico mediante el multiplicador del gasto y el acelerador de la inversión adaptando la capacidad productiva. Además, al aumentar la producción y las transacciones, crece la recaudación y el frente fiscal mejora su resultado.

No obstante, la creación de dinero no es sólo una cuestión propia de la autoridad monetaria, sino que su dinámica obedece al comportamiento del negocio del sector financiero -dinero endógeno-, de los préstamos que crean depósitos. De allí, que los multiplicadores de la base monetaria sean tan inestables. A su vez, vale la pena aclarar que la creación de dinero secundario está asociada a la dinámica de la actividad económica, y la causalidad es inversa: es la inflación la que genera emisión. Pero no nos desviemos y veamos que sucede con la relación entre la expansión de la base monetaria y la inflación para Argentina.


Gráfico N°1: Relación Base Monetaria e IPC-INDEC

Elaboración propia en base a datos de BCRA e INDEC


Del gráfico anterior, utilizando los datos disponibles para la serie de tiempo 2004 - mayo 2021, se desprende que no siempre ante un incremento de la base monetaria (línea azul compuesta por los Billetes y Monedas en Poder del Sector Público y Privado + Cheques Cancelatorios + la Cuenta Corriente del BCRA) se registra un aumento generalizado de precios (línea anaranjada representada por la canasta del Índice de Precios al Consumidor -del tipo Laspeyres- que releva el INDEC). De esta manera, por ejemplo, para el periodo entre 2014 y 2015 podemos ver un aumento de la base monetaria y una disminución del índice de precios. De lo contrario, entre los años 2015 y 2016 se observa una contracción de la base monetaria y un crecimiento de la inflación, lo mismo para el periodo 2018-2019. Por lo tanto, existen otros factores no observados que perturban la dinámica de los precios -léase costos y tipo de cambio-.

A continuación, veamos lo que sucede con la Utilización de la Capacidad Instalada (UCI) en el periodo 2004 - mayo 2021 y su relación con la inflación, en la Argentina:


Gráfico N° 2: Relación UCI e IPC-INDEC

Elaboración propia en base a datos de BCRA e INDEC


Como se puede observar, queda claro que la economía nacional no ha operado en plena utilización de la capacidad instalada -UCI al 100%-, corroborando la falsedad del supuesto de pleno uso de factores de la economía vulgar en el normal funcionamiento de las economías capitalistas. En adición, como ilustra el gráfico, podemos observar que no existe una relación directa entre inflación y capacidad instalada. Por ejemplo, en 2017 crece el uso de la capacidad instalada y baja la inflación, respecto de 2016. En contraposición, en 2018 y 2019 sube la inflación y baja el uso de la capacidad instalada. Esta dinámica se lleva de patadas con el convencionalismo de inflación por exceso de demanda.

En segundo lugar, en cuanto al rol de los Bancos Centrales en las economías capitalistas, para los partidarios de la economía vulgar, esta institución debe ser independiente del Poder Ejecutivo a los fines de estar abocada sólo a controlar el valor de la moneda, es decir a controlar la inflación.

En línea con lo anterior, existen al menos dos políticas antiinflacionarias que aplicó el mejor equipo de los últimos 50 años durante la gestión de gobierno del Ing. Mauricio Macri, y que fracasaron en el intento:

Por un lado, se aplicó el Régimen de Metas de Inflación (RMI). Esta visión si bien acepta la creación de dinero secundario por parte de los bancos privados (dinero endógeno), supone una tasa de interés natural que genera un nivel de ahorro de pleno empleo, es decir, circunscripta a la teoría convencional. Siguiendo esta línea teórica, Federico Sturzenegger junto con Lucas Llach presentaron un programa de RMI con una inflación estimada de 10% (+-2%) para el año 2018 -fue del 46,6 %-; y de 5% para el año 2019. Ustedes bien conocen los resultados.

Por otro lado, a partir del 1° de octubre del 2018 de la mano de Guido Sandleris, entonces Presidente del BCRA, se llevó a cabo un programa de control de agregados monetarios. Básicamente, para esta corriente dentro de la economía convencional, el dinero es exógeno y cae como maná del cielo -en línea con la frase de Milton Friedman-. Por lo tanto, controlando los agregados, la inflación, entendida como un fenómeno netamente monetario, desaparecería. Sin más, con muy poca emisión, el gobierno de Mauricio Macri se retiró con 54% de inflación en 2019, la más alta en las últimas 3 décadas.

Desde una perspectiva histórica y distinta a las anteriores, siguiendo al economista Matías Vernengo (1), no existe algo así como un Banco Central independiente. Los Bancos Centrales han utilizado diferentes herramientas y han jugado un papel fundamental en la promoción del desarrollo económico de las economías denominadas “centrales”. Sin embargo, una vez alcanzado el objetivo, patearon la escalera al desarrollo pregonando por bancos centrales ocupados exclusivamente en preservar el valor de la moneda. Así, por ejemplo, los bancos centrales más antiguos como el de Suecia o Inglaterra fueron creados como instituciones financieras del Estado. En definitiva, no se podría pensar la hegemonía británica y el poderío industrial de su época sin un Banco Central que financie al Estado.

Para concluir, resulta indispensable abordar los problemas de inflación con una teoría consistente. En Argentina, las variables que disparan la espiral inflacionaria son las devaluaciones del tipo de cambio y los shocks de costos productivos. Esto último, agravado por la histórica restricción externa y una feroz puja distributiva producto de relaciones de poder que son más violentas que en otras economías con características similares.

En este sentido, abandonado el discurso de inflación por exceso de demanda, resulta harto necesario contar con un Banco Central heterodoxo que atienda los problemas de liquidez del desarrollo económico y la inclusión social. Tal como señala la Carta Orgánica del BCRA en su Artículo 3°, “El banco tiene por finalidad promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social.. La última parte de este artículo es la que los economistas línea Tetaz quieren eliminar, mientras que nosotros proponemos profundizar.



Referencias

  • Doctor en Economía (New School for Social Research), Profesor de la Universidad de Bucknell, Co-editor de ROKE (Review of Keynesian Economics). Para más información sobre Bancos Centrales ver Revista Circus N°6



Sobre los Autores


Fernando Córdoba es Licenciado en Economía Política UNGS, docente UNM, socio fundador de El Multiplicador. @Fer_Cordoba_

Lucas Benitez es Estudiante avanzado de Economía Política UNGS, socio fundador de El Multiplicador. @Lucbenitez


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