Sol Minoldo: "Dudo que pueda eliminarse un piso duro de la pobreza sin crecimiento"

En diálogo con El País Digital, la socióloga e investigadora del Conicet analizó la última medición del Indec sobre el índice de pobreza. Aseguró que el 42% "no refleja un empeoramiento" porque el pico fue mayor y enfatizó en la necesidad de impulsar una "distribución más equitativa".

La semana pasada el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) arrojó que la pobreza en el segundo semestre del 2020 alcanzó a 19 millones de personas, lo que representa un 42% de la población. En un año signado por la crisis económica que produjo la pandemia la cifra no deja de ser preocupante y marca una tendencia en alza que se ha mantenido durante los últimos años.

El País Digital dialogó con la investigadora y socióloga Sol Minoldo, quien analizó la medición del Indec, se refirió a la incidencia de las políticas asistenciales del Gobierno para atenuar los efectos de la crisis y dio su punto de vista sobre cuáles serían los principales ejes para reducir el índice de pobreza.

Durante la charla, la especialistas en sistemas de jubilaciones, derechos sociales y envejecimiento demográfico, sostuvo que la cifra informada por el ente oficial "no representa un empeoramiento de la pobreza" debido a que el índice tuvo un pico máximo del 47,2% durante el 2020. Además, afirmó que para bajar la pobreza es imprescindible una "distribución más equitativa", pero también no se puede pensar en erradicar esta problemática sin aspirar al crecimiento.


¿El 42% que arrojó el Indec refleja en su totalidad lo que sucedió en 2020 o el año se puede fragmentar en una primera etapa crítica y una segunda en el que se vio una leve mejoría que no está representada en esta cifra? En tal caso, ¿En qué sectores se vio una  recuperación y cuáles siguen los más golpeados?

El impacto de la pandemia se produjo en forma tan precipitada que, al mirar los datos de manera semestral, no podemos ver con claridad el recorrido de la pobreza.

El primer semestre la medición de INDEC dio cuenta de un 40,9% de pobreza. Ese dato reflejaba, en realidad, el promedio de dos situaciones muy dispares. Por un lado la situación de prepandemia, con un 34,6% de pobreza, que ya configuraba una situación crítica desde el punto de vista social, relacionada con el deterioro sostenido de los ingresos en los últimos años. Pero por otro lado estaba la cifra de pobreza del segundo trimestre, cuando la crisis internacional y las medidas sanitarias que restringieron las actividades productivas tuvieron su máximo impacto sobre los ingresos. La cifra de pobreza alcanzaba, en ese trimestre, 47,2%. Al considerar este número, la pobreza de 42% en el segundo semestre ya no representa un empeoramiento respecto de la situación previa, sino una recuperación.

La recuperación se produjo en los dos sectores laborales más golpeados en el segundo trimestre. Por un lado, el sector por cuenta propia, que había perdido sus ingresos por no poder trabajar durante la fase de confinamiento estricto. Por otro lado, hubo una recuperación parcial en el caso de las trabajadoras y trabajadores informales. En su caso, frente a las restricciones a las actividades productivas, la interrupción de las tareas laborales vino en la mayoría de los casos de la mano de la interrupción de los ingresos. La recuperación del mercado de trabajo tuvo un fuerte componente sectorial. Los que más se recuperaron en el tercer trimestre fueron comercio, industria y construcción. Posiblemente en el cuarto trimestre, cuando tengamos datos, veamos algunos sectores sumarse a la recuperación.

Ahora, si lo esperable es que en el último trimestre se hayan recuperado más ingresos laborales que en el tercero, ello no necesariamente supuso que siguiera revirtiéndose el empobrecimiento masivo que provocó la emergencia sanitaria. Esto debido a que, hacia fines de 2020 se interrumpieron las políticas públicas de transferencias de ingresos que habían tenido un rol relevante previamente en contrarrestar el impacto de la crisis económica.


¿Cuán importante fueron las políticas asistenciales del Gobierno (ITP, IFE) para que el nivel de pobreza no sea mayor? ¿Cómo se proyecta este año ante un eventual cierre de varios sectores por la situación epidemiológica y teniendo en cuenta que el Presupuesto 2021 no contempla este tipo de ayuda?

Los ingresos por subsidios o ayudas sociales crecieron mucho en el segundo trimestre (en parte por el comienzo del pago del IFE, en parte por los bonos extraordinarios para AUH y tarjeta alimentar), pero fue en el tercer trimestre tuvieron su rol más importante para contrarrestar la pérdida de ingresos. En algunos casos el IFE pudo haber evitado que cayeran en la pobreza hogares cuyos ingresos estaban cerca de la línea de pobreza, pero en otros casos aunque no haya evitado la pobreza, al menos sirvió para evitar que las familias cayeran en la indigencia. Por otro lado, es posible que el ATP haya sido la condición de posibilidad para que muchos trabajadores formales recibieran, tal como era su derecho, sus salarios a pesar de no prestar tareas durante la cuarentena.

Ciertamente, en una situación social que aún podemos estimar que es peor que la previa a la pandemia (que ya era una situación muy mala) la profundización de la crisis económica traería seguramente un empeoramiento insoportable de la situación social.

Ahora bien, más allá de lo que haya contemplado el presupuesto 2021, ello no implica que no se puedan implementar políticas de emergencia. De lo contrario en 2020 no se habrían invertido miles de millones en el combate de una pandemia completamente imprevista en 2019, ni se habrían implementado las multimillonarias ayudas económicas. A través de la política pública, que incluye la regulación del mercado, la articulación de la negociación paritaria y las diferentes ayudas sociales, el Estado puede modificar la distribución de los costos de la crisis económica. Sin intervención, la crisis generará sin lugar a dudas más pobreza. Pero si los costos no los distribuye el mercado con sus inequidades preexistentes, se puede proteger a los sectores más desfavorecidos.  El problema radica, al menos en parte, en la dificultad política para que los costos sean, efectivamente, asumidos por sectores que no están nada acostumbrados a perder. Es necesario entonces no sólo que el sector público tenga la voluntad política de redistribuirlos, sino también la capacidad política (algo sobre lo que cuesta ser optimistas en vista de lo mucho que costó aprobar un tributo apenas excepcional a las grandes fortunas). Evidentemente el Estado no tiene recursos que sobren y cualquier política social relevante requerirá estrategias de financiamiento que conllevan diferentes desafíos.


Según el informe del Indec la pobreza en niños menores de 14 llega al 57,7% y en mayores de 65 años un 11%. ¿Esto obliga al Estado a repensar la distribución de recursos?

Hay una cuestión estructural, previa a la pandemia, por la cual las les niñes y jóvenes se concentran siempre en los tramos de menores ingresos. Ello nos indica que, de alguna manera, invertir en ayudas para menores (como es el caso de la tarjeta alimentar, o los bonos para quienes cobran la AUH) tenderá a tener un impacto distributivo progresivo. Si como sociedad nos preocupa, genuinamente, que la mayoría de nuestros jóvenes, niñas y niños estén en la pobreza, es en efecto fundamental que se interfiera decisivamente en la distribución de la riqueza, interviniendo de manera estructural en todos los mecanismos por los que los recursos se distribuyen.


En un hilo de Twitter, Daniel Schteingart sostuvo que para combatir la pobreza la distribución es "súper importante", pero "no lo es todo" y puso el ejemplo de China donde los índices bajaron pero la desigualdad subió. ¿Coincidís? ¿Qué otros factores hay que tener en cuenta para combatir esta problemática?

Mi colega discute con la idea de que pensar en el crecimiento económico y la productividad sea sólo parte de la agenda de la derecha. Por ello suele insistir en que además de la consigna de redistribuir la riqueza, pensar estrategias efectivas contra la pobreza requiere contemplar también el crecimiento económico. Y evidentemente el crecimiento económico facilita la inclusión y la mejora de las condiciones de vida. Yo creo que sólo con una distribución más equitativa será posible una reducción muy importante de la pobreza, y por eso esa es una agenda para empezar a discutir ya mismo, con o sin crecimiento, y sobre todo si tenemos crisis. Pero en efecto dudo que pueda eliminarse un piso duro de la pobreza sin crecimiento. La redistribución es muy difícil cuando requiere que se deteriore la situación de quienes más tienen, y políticamente más factible cuando se puede conseguir con el estancamiento de los ingresos altos (o una pérdida más leve), concentrando la mayor parte del fruto del crecimiento en los sectores más desfavorecidos.

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