Sondeo (casi) cerrando el primer semestre

OPINIÓN. Quizás entre las diferencias más relevantes entre el gobierno de Alberto Fernández y el de Cristina Fernández en materia de política económica se encuentre el planteo abierto y claro sobre la necesidad de equilibrar las cuentas públicas.

Quizás entre las diferencias más relevantes entre el gobierno de Alberto Fernández y el de Cristina Fernández en materia de política económica se encuentre el planteo abierto y claro sobre la necesidad de equilibrar las cuentas públicas con los aspectos positivos y negativos que eso conlleva. Entre los primeros está la creación de un mecanismo más aceitado de fondeo a través de títulos en pesos que mes a mes se testea en el mercado doméstico (no se trata solo de colocaciones a organismos públicos). Hace dos semanas Finanzas lograba la mayor licitación de deuda del 2021 para costear la también mayor carga de vencimientos que presentó el año, era un examen exigente y la calificación fue aceptable. Todavía el financiamiento neto es positivo a mayo.

En los primeros cuatro meses del año se compiló un ligero déficit fiscal equivalente a -0,2% del PIB: el menor de los últimos cinco años para igual registro. Esto lejos de alentar una “política fiscalista” como acusaban entre camaradas al ministro Guzmán, permitió que el gobierno llegara con una posición relativamente holgada a enfrentar los efectos más duros de la segunda ola del COVID. Las últimas medidas anunciadas (recopiladas en el informe de junio del ITE de la Fundación German Abdala) incluyen una ampliación sustancial del programa REPRO (con mayores estipendios, reducción de contribuciones patronales e inclusión del sector gastronómico) y de la Tarjeta Alimentar entre las más notorias, y en suma alcanzarían a -1,3% del PIB. Solo la mitad de este gasto es costeado por el Aporte “Solidario” de las Grandes Fortunas.

En materia de política monetaria, para mediados de abril el Banco Central había logrado comprar una suma neta de divisas en el mercado de cambios que permitió recuperar todo lo perdido en 2020, atendiendo a una demanda –concentrada entre julio y noviembre– y respaldando la recuperación económica. En mayo el Central compró USD 2.100 millones adicionales y marcó así uno de los cuatro meses récord desde que comenzaron los registros de reservas en 2003. Más allá de las cifras, es importante la señal de acumulación y fortalecimiento de la política monetaria y cambiara que vivimos en esta primera mitad del 2021. El gobierno logró reducir sustantivamente la pauta devaluatoria desde comienzos de año y esa estrategia es esencial para desacelerar la inercia inflacionaria.

Con ese marco de reservas el Central fue flexibilizando algunas operaciones de grandes jugadores; como la cancelación de deudas millonarias, el giro de remesas de las multinacionales que operan en Vaca Muerta y la libre disposición de una porción del incremento de las exportaciones industriales o mineras. Discutible pero la apuesta es a favorecer el “clima de inversiones”.

El IPC de mayo habría sido menor a 4% según estimaciones de distintas consultoras privadas, eso es un alivio respecto de abril y marzo pero en lo que va del año la inflación habrá acumulado un 20%. Además la aceleración en alimentos todavía es notoria: tomemos en cuenta que la materia prima agraria (cuyos precios se forman en el mercado mundial) subió un 35% en el caso del maíz, 30% de la soja y 25% el trigo en los primeros cinco meses del año. El 8 de junio vence el programa Precios Máximos y el gobierno quiere lanzar una canasta con 120 productos con precio en el etiquetado para controlar especialmente a comercios chicos. 

Por otro lado, vinculado con la suba de precios está la cuestión salarial, con la advertencia de varios gremios de peso que comienzan a negociar paritarias: Alimentos y Sanidad apuntan al 40% y Camioneros a 45%. Quienes acordaron a principios de año se preparan para reabrir en septiembre…

El panorama de ingresos como de empleo se ve fuertemente afectado por la segunda ola, a diferencia de lo que ocurre con la actividad económica (pese al escenario heterogéneo). Los salarios apenas logran superar la tendencia de los precios y el desgaste es mayor en el empleo privado registrado vis a vis el sector informal o el cuentapropismo. Como advierte el último informe de la consulta PxQ, mientras la prohibición de despidos otorgó cobertura al sector formal en pandemia, parece claro que ese segmento está ajustando por precio (caída del salario real formal) mientras el segmento informal experimenta un fuerte ajuste de cantidades (caída del empleo). Las mayores pérdidas de empleos se registraron en el rubro de comercio y servicios y en menor medida en la industria manufacturera (-1,4% y -0,2% anual en marzo respectivamente), en tanto, la actividad de la construcción mostró variaciones positivas (0,8% en marzo). El salario real privado registrado perdió -11% anual en marzo y el no registrado un -5,2% en igual comparación.

 

Evolución real de los salarios, % var anual




Sobre la autora

Mara Pedrazzoli es Economista del Centro Cultural de la Cooperación. 

Diarios Argentinos