Todos, Juntos, Consenso

Por: Carlos Leyba

Las palabras del título podrían sintetizar un mensaje, por ejemplo, Todos + Juntos = Consenso.

Pero no. Apenas son las palabras claves con que tres espacios políticos han decidido utilizar como mensaje en su propio nombre.

Pero escuchando las palabras, viendo los actos, de cada uno de ellos resulta claro que, cuando han elegido el nombre para sus “espacios o coaliciones” electorales, han elegido máscaras.

Un ornamento que oculta el verdadero sentido del espacio. Me explico.

Todos, en el Frente, pero en realidad signfica en contra de aquellos.

Juntos, en Cambiemos, pero en realidad signfica para enfrentar a aquellos.

Consenso, pero sin aquellos ni aquellos y – por los últimos gestos de su líder, ni siquiera los nuestros.

El uso de máscara, no exponer el verdadero rostro desde como nos autodesignamos, nos lleva directo a una palabra de uso corriente en el lenguaje llano: “careta”. El uso de una careta, que hace que se lo llame cada tanto “che careta, sacate la careta”

O una definición más precisa: la máscara o la “careta”, hablan de hipocresía, es decir, de la actitud de fingir lo que uno no es o lo que uno no quiere o lo que uno no ofrece. No es una asociación rebuscada: máscara e hipocresía tienen el mismo origen.

El que finge ser lo que no es, es porque cree que si se presenta realmente como lo que es, pierde. Y finge para obtener un resultado. Este es el problema. Para unos, los dirigentes actuales, la elección es la búsqueda de un resultado a como dé. Un espanto. Eso no es “al política”, ni para eso están las elecciones en una democracia. Justamente el marketing político, que ha reemplazado a los partidos, tiene estas funestas consecuencias: póngase esta mascara que junta por acá y esta otra cuando trate de juntar por allá. Los políticos están teledirigidos por los especialistas en marketing.

¿Cómo puede ser el resultado de la voluntad popular si los que aspiran a lograrla fingen ser lo que no quieren ser? ¿Estamos gobernados por el marketing? Sí y no.

Los que llegan, llegan por el marketing. El PRO es un ejemplo para un caso de Harvard. Pero como previamente han renunciado a tener una identidad programática, lo que ocurre una vez en el gobierno, es que gobierna un mix de circunstancias más lobby.

Para los que llegan para y por el marketing, las circunstancias nunca son otra cosas que “un imprevisto” y el lobby tiene la virtud de ofrecerles el curso de acción que ellos nunca hubieran imaginado.

Aclaro que no sólo es una mecánica (marketing, circunstancias, lobby) atribuible al PRO; lo mismo rige para – sin dudarlo y si repasa los dichos y los hechos – por lo menos desde Carlos Menem y hasta nuestros días. Tengo ejemplos y argumentos, pero no los voy a agotar con el pasado.

Es cierti, querer ganarse el derecho a gobernar es la condición necesaria para hacer política. Pero no es la suficiente.

Para hacer política es esencial, saber y anunciar, para qué quiere uno gobernar.

Para qué quiere uno ser el depositario de la voluntad popular a la que, en la campaña, cada candidato debe ilustrar. ¿Cómo?

Dando información completa del presente y anunciando, con fundamento, cómo hará para que las condiciones presentes mejoren, las de todos y en particular, las de aquellos que no deben seguir sobreviviendo en la pobreza. De tanto estar presente, la pobreza, se está haciendo invisible, la costumbre invisibiliza, y en estos días la UCA nos informa que superamos el 35 por ciento de la población en esas condiciones. Me pregunto ¿hay un punto de retorno en este vuelo? ¿Cuánto es el porcentaje de pobreza que se torna insuperable? El consuelo o la esperanza, está en la frase del poeta Hölderin “allí dónde crece el peligro, también crece la salvación” .

¿Quién cree la proximidad de la salvación?El juicio de los encuestados (que no es una verdad anticipada sino un ensayo de confirmaciones  pagas) nos informa que la imagen de los principales dirigentes y candidatos es, por lo menos, mitad y mitad, tan mala como buena. Y el balance es que “eso” es muy malo. Es decir las expectativas no son de la salvación apostada a las patas de uno u otro. No estamos en eso. Es que, por otra parte, nadie la ofrece ni nadie pareciera ser consciente de los peligros.

Para unos encuestadores el de peor imagen es Mauricio Macri, junto con Miguel Pichetto y Sergio Massa. Un “gorila” y dos “peronistas”. No se trata de ideas o historias, sino de dónde estas.

Buena imagen, lo que se dice “buena”, no es algo que, según las encuestas, haya producido la política nacional. ¿Si hubiera buena imagen por qué usar máscaras?

Según el encuestador Luis Costa, de él se trata, Maria Eugenia tiene igual imagen buena que mala. Según este encuestador Alberto Fernandez y Cristina, ambos, tienen más imagen buena que mala. Chapaeux para los Fernandez. ¿Será así?

Pero, atención, todo se invierte si leemos la encuesta, de la misma fecha, de Mariel Forloni.

Para esta encuestadora, el “jamás votaría” castiga a todos, pero pican en punta los palazos a Alberto, Cristina y Sergio. Los peores para los encuestados de Forloni.

Pregunta de rigor ¿la sociedad está viviendo un clima político de grieta? Sí.

Según Costa, el resultado final – el balotaje – se define mitad y mitad, pero Alberto gana.

Y según Forloni, el balotaje se define mitad y mitad, pero Mauricio gana.

Ambos encuestadores resaltan la división mitad y mitad, pero las simpatías, los entusiasmos, vaya a saber qué, hacen que una pequeña inclinación genere ganador a uno o a otro según el encuestador.

Más allá del resultado final – que será luego de tres actos electorales, PASO, Elección y Balotaje – lo que nos están diciendo “las encuestas” es que no hay una voluntad mayoritaria de adhesión a nadie.

Ningún candidato y ni siquiera el ganador esta en condiciones de decir “el pueblo” “la sociedad” “los ciudadanos” nos apoyan y quieren esto. No. Macri lo repite todo el tiempo como si tuviera ese mandato. Pero el kirchnerismo hace rato lo repite: habla en nombre del pueblo aunque haya perdido varias elecciones (los otros eran más) y que hace rato no supera la mitad y menos si se computan los que no votan y los votos en blanco. De representación no es tan sencillo hablar.

Lo que dice el pueblo, la sociedad, los ciudadanos, no encuentran un camino. Es una sombra. Y nadie ilumina para poder verla. Es una opinion borrosa.

La traducción es muy clara.Nada de lo que hicieron en aquellos 12 años, los K,  merece la adhesión mayoritaria; y nada de lo que han hecho en estos cuatro años, los M, moviliza la adhesión mayoritaria. Alguien va a ganar. Porque es un mecanismo. Pero será

un “apenas” lo que definirá quién tratará de hacer cosas. Qué cosas, no sabemos.

Hay un témpano profundo que tiene su propia marcha: estamos sobre él sin haber acusado saberlo. La Argentina no lo sabe. Y nadie quiere hablar de ello.

Según Mauricio, hay que seguir. “Hacer lo mismo pero más rápido”. Pero ese entusiasmo no lo comparte, por lo menos, la mitad de los argentinos. ¿No se preguntan por qué?

Según Fernández, se trata de “no hacer lo mismo que Cristina y de tratar de hacer lo mismo que Néstor”. Tampoco esa división del patrimonio electoral, entre Cristina, amiga pero torpe, por un lado; y Néstor “exitoso” por el otro, ha suscitado mas adhesión que la mitad que ya contaba a favor, antes de iniciar el periplo del moderado Fernández. Y en todo caso lo que certifica es que la mitad, por lo menos, no valora positivamente ese pasado.

Las divisiones sobre el pasado, el presente y el futuro indican que no hay ni Juntos ni Todos; y no lo hay porque no hay Consenso. Y Consenso no hay – ni puede haber - porque no hay ni reflexión ni debate sobre los verdaderos temas que conforman la zona de peligro.

Suponiendo que las representaciones sean así de vigorosas, mitad y mitad, como marcan las encuestas, el Consenso no puede surgir de una declaración.

Debe ser necesariamente la consecuencia de un proceso de reflexión abierta y de un debate capaz de ordenar prioridades e instrumentos. Que lejos está.

Pero las proridades queman y el Consenso es la condición para apagarlas. No se apagan sin consenso, por que él supone la profundidad y la continuidad de la política en el largo plazo. ¿No se entiende que nada podrá durar ni fundar cimientos si no hay consenso?

Los instrumentos existen pero la condición, para utilizarlos, es una voluntad poderosa, de largo aliento; y dispuesta a romper – estoy seguro - con lo que, siendo políticamente correcto, resulta materia inflamable si los utilizamos sin consenso.

Ninguna fuerza política está en condiciones de decir que habrá de llegar a gobernar con Todos, o Juntos (que implica cosa parecida); y ni hablar de procurar un Consenso. No está en condiciones porque las condición necesaria es procurarlo. ¿Quién ha tocado el timbre, no de los vecinos, sino de los adversarios para poder conversar?

Esta es una descalificación absoluta de la política que es urgente levantar. ¿Si no sirve, si no es capaz de lograr consensos, para qué sirven los políticos? ¿De qué creen, estas personas que hablan y hablan, de que se trata la política?

Hoy el único consenso de la sociedad, el de todos juntos, es la profunda disconformidad con los resultados reales. En todos los planos. Hay consenso en que lo hecho por los protagonistas del pasado y de los que se prometen al futuro, no ha servido.

Después del colapso de la convertibilidad, en el mejor de los casos un experimento inexperto, tuvimos la mayor oportunidad en más de un siglo. Es indiscutible.  

Disponíamos por primera vez de una tracción de precios relativos internacionales que nos brindaba las mismas prestaciones que un poderoso motor al que sólo había que conducir para lograr que esa fuerza empujara la transformación económica productiva necesaria: volver a ser un país de productores y no de consumidores sin producción.  Que es en lo que nos hemos convertido y que nos hace vivir de prestado, a pesar de tener capacidad ociosa y un ejercito de sin trabajo. El pez se pudre por la cabeza.

El período histórico “Kirchner (NyC) -Macri”, ellos fueron y son hoy los protagonistas, comenzó con un colapso. Es cierto.

Pero después de 16 años no hemos despejado la incertidumbre heredada. La incertidumbre alimenta la desconfianza.

Y la desconfianza se asienta en la materialidad de una economía estancada y con graves déficits.

El PBI per cápita (pesos de 1993) creció entre 1975 y 2018 a la Tasa Anual Acumulada promedio de 0,58 %. Desde 2007, cuando terminó la etapa de recuperación de la gran crisis 1999/2002, el PBI per cápita (pesos de 2004), “aumentó” a la Tasa Anual Acumulada promedio de 0,02 %. ¿Quién duda que en economía lo que no avanza en realidad marcha hacia atrás?

El sector público requiere hoy 45 % de presión tributaria nacional y sostiene a 32 % de los empleos formales y las necesidades básicas de cientos de miles de personas a las que el sistema no les da oportunidades de ganarse el pan.

Este Estado no es producto de una decisión política. No. Es la consecuencia política del fracaso del Estado en la definición de la marcha de la economía que de una punta a la otra de la historia es garantizar el trabajo de todos. Un rumbo perverso sostenido, con diferentes discursos, a lo largo de 44 años.  

La prueba es que la Cuenta Corriente del Balance de Pagos es deficitaria en U$S 25.000/30.000 millones año; y la salida de capitales (la Formación Bruta de Capitales en el Exterior de Entidades No Financieras Privadas) fue, en cinco meses de 2019, U$S 9.532 Millones.

La desconfianza tiene fundamentos materiales y no esta siendo contrarrestada por una fuerza poderosa, convincente, que sume la fuerza de todos o que armonice la dispersión de fuerzas repartidas y parejas.

La desconfianza no ha sido contrarrestada por el consenso de cómo resolver la cuestión económica de la estanflación, la cuestión del desequilibrio comercial y la cuestión social. Sin ese acuerdo la desconfianza mutila posibilidades. ¿Cómo estamos?

Si en las PASO la distancia a favor de Alberto superara los, digamos, 10 puntos sobre Macri, los que mueven las palancas de las finanzas “el mercado”, amenazan, lo dicen, con que, aún estando Mauricio al frente del Estado, huirán llevandose lo que trajeron a engordar. La economía argentina es un gran corral de feed lot financiero que permitió engordar los dólares en dos meses una tasa del 20%. Guau. Como Ud.ve  - cuando no hay programa y se llega por marketing – gobiernan las circunstancias y el lobby. Uno podría decirle a una gran parte de este equipo “Dime con quién andas, decirte he quién eres”.

Entonces una batahola se produciría: la crisis cambiaria podría llegar combinada con la huída de los pesos y los dólares, de los bancos. No hay nada que carezca de antecedentes. Por ejemplo, en 1964, Arturo Illia convirtió en pesos las cuentas en dólares en los bancos; y todos recuerdan a Domingo Cavallo constituyendo el corralito que impedía la salida de pesos de las entidades bancarias.

Nada se repite, porque nadie se baña dos veces en el mismo río. Pero esas reacciones fueron, con 40 años de distancia, las de contener pesos y dólares que el sistema no podía dejar escapar. Nada ocurre por que sí. Si entra en la Plaza con un capote colorado de torero, el toro lo va a lidiar. Ud.me entiende.

Pero si en las PASO la distancia indescontable es a favor de Macri, la seguridad de la continuidad del “carry trade” aleja en el tiempo la huida del dinero. En el tiempo. Solamente en el tiempo. Las condiciones materiales cuentan.

Ninguna elección transforma la desconfianza, basada en lo material, en un proceso de inversión de las fuerzas que gobiernan la estanflación.

Esa enfermedad, la estanflación, que hemos adquirido y que nos negamos a tratar como tal, es un estigma que, como la pobreza para Kicillof, si no la mentamos “no existe” .

Hasta las elecciones continuará la política de tasas de interés capaces de presionar, via “carry trade”, el dólar a la “estabilidad” o hacia abajo, agrandando las ganancias extraordinarias de los dólares que inexorablemente volarán hacia el hogar de origen. Increiblemente los funcionarios y los economistas orgánicos del lobby financiero, sostienen que el “dólar de equilibrio” se logra con tasas reales que equivalen a las que rigen en 10 años sumados en el mundo desarrollado.

Ningún proceso electoral invierte la fuerza de la realidad.

Un resultado de las PASO acelera la llegada del baño de realidad y – seguro – genera nuevos problemas que no alcanzamos a imaginar.

El otro resultado no acelera la llegada de la realidad, pero tiene la consecuencia de la profundización de la aplicación de los remedios. Remedios que – sabiduría popular –matan.

La pregunta en este caso es ¿estamos condenados a la eutanasia o a la iatrogenia, económicas?

Las dos fuerzas políticamente dominantes no nos dan respiro. No no sacan de la alternativa.

Helio Jaguaribe, economista y sociólogo brasileño, hace muchos años nos dio el pésame por el “industricidio” cometido ex profeso por la política económica nacional. Y las fuerzas políticas actuales, ambas herederas políticas de aquellos crimenes (no lo dude hasta son las mismas personas), no han podido renunciar a ese ADN. No son lo mismo. No son iguales. Pero, a distinta velocidad, sus pasos van en la misma dirección.   

¿Una salida del laberinto? Leopoldo Marechal – buscando la respuesta más rápida – proponía salir por arriba. O lo que es lo mismo, no aceptar el juego que el laberinto impone. El laberinto de la política nacional, este encierro entre unos y otros, obliga a salir por arriba.

Y en esta precaria condición ese “por arriba” es lo que tantas veces se ha llamado el Consenso.

Cosa de adultos generosos. ¿Están las condiciones?

Si la realidad es la que las encuestas describen, atravesamos una geografía política  en la que las divisas electorales, el Frente de Todos; Juntos por el cambio; Consenso Federal, a pesar de los nombres programáticos, no han dado el más mínimo paso para amalgamar. Para encontrar, para disminuir las distancias, condición esencial para poder decir “a todos”, que incluye a nosotros y a ellos;  y que “juntos” es “todos” y que sin esa condición no se puede formar Consenso.

¿No hay ni un poquito de grandeza disponible?

Sin ninguna duda el kirchnerismo, en su versión del cristinismo, con enorme capacidad de captación del aparato principal del peronismo, ha sido quien desarrolló con mayor consistencia la estrategia de identificación del enemigo como base del crecimiento de su dinámica política. Veamos.

La identificación del adversario, sobre la base de propuestas políticas que el adversario  rechaza, es sólo la demarcación de una línea en el territorio; y esa demarcación es necesaria para marcar caminos.

Hasta ahí, unos y otros, pero el reconocer al adversario como tal es reconocer la subsistencia de puentes de intercambio entre uno y otro territorio: el ámbito de la amistad política. Aunque no lo crea alguna vez lo hemos vivido.

Pero cuando esa línea de demarcación de territorios se convierte en una marca para cavar en profundidad, de modo de hacer infanqueable mi territorio, estoy definiendo que el otro es un territorio enemigo.

Esa es la construcción de una grieta.

Grieta que construyó el kirchnerismo, por la necesidad de permanecer en el Poder a pesar de no gobernar (consecuencias y lobby, no olvide); y la que pofundizó hasta niveles inimaginables la conducción del PRO por las mismas razones: permanecer y no gobernar (consecuencias y lobby). Ahí estamos.

Desgobernados y con los protagonistas permaneciendo y haciendo todo para permanecer.

El Frente de Todos es la construcción de un Frente, poderoso en términos electorales y sólido por su despliegue territorial (gobernadores, intendentes).

Juntos por el Cambio es la construcción, desde el Estado, y de las administraciones más poderosas la Nacional, la de la Ciudad y la de la Provincia de Buenos Aires. Una estructura muy poderosa como para haber instalado, en vastas porciones de la sociedad, un nuevo “sentido común” de corto plazo: la vedette de ese sentido común es “la estabilidad del tipo de cambio” que es la consecuencia de una tasa de interés irracional y de una economía estancada.

Estancamiento que, para el proceso electoral, se la estimula (anótelo) con subsidios de, por ejemplo, 1000 dólares para la compra de automóviles nuevos (para bajar los stocks de las empresas); créditos a jubilados y beneficiarios de transferencias sociales, que constituyen salvavidas de plomo; y el uso a pleno de las prácticas “populistas” del cristinismo: Ahora 12 y “precios esenciales”.

En este marco, la firma del Acuerdo Mercosur UE es una audaz estrategia de marketing: faltan muchos pasos para que se concrete (marketing), pero antes de que se concrete pasó a constituir (audaz) una amenaza para muchos sectores para los que la marcha hacia la desaparición, como postuló con alegría Gustavo Grobocopatel, no esta alejada de la realidad.   

En este escenario tan débil recibimos una lección extraordinaria y alentadora. “La nación ya ha sido fundada, no se refunda ni cada cuatro ni cada ocho años”.

Esta es una de las afirmaciones poderosas del documento extraordinario que publicaron los líderes religiosos argentinos - del catolicismo, del evangelismo, del judaísmo y del islamismo - para llamar a la reflexión y al diálogo todavía ausente en este proceso electoral.

Seguramente este documento, a pesar que parte de la fortaleza de la fraternidad interreligiosa, que es una de nuestras principales realizaciones como pueblo, no ocupará la primera página de los diarios ni minutos de radio o televisión y tampoco será tendencia en twitter, ni en las demás redes sociales.

Tenemos algo extraordinario en esta ejemplar fraternidad interreligiosa, pero, sin embargo, los que “eligen” las noticias, los monopolistas de la “opinión publicada”, lo han silenciado y lo silenciaran.

En medio de la grieta política – que celebran al agigantarla los mercaderes de la política, como Jaime Duran Barba, los enfermos de autoritarismo que militan en el kirchnerismo, y muchos sectores empresarios y sindicales – estos líderes religiosos que no trafican con el poder – como también muchos otros que militan generosamente en la política –  nos advierten que estamos yendo demasiado lejos con la explotación del marketing de la grieta.

Nos recuerdan que no “ hay verdadera libertad sin fraternidad, y esta no se da sin la concreta realización de los derechos sociales”.

Nos advierten que este es un tiempo electoral, un tiempo de elegir, y que ello requiere “entablar un diálogo acerca de nuestro presente y nuestro futuro. La cultura del diálogo como camino, el respeto del otro como conducta, y el tener dentro de cada proyecto a los que más sufren la pobreza y la exclusión como criterio y método, deben ser prioridades. La política colabora para que el pueblo se torne protagonista de su historia y así́ se evita que las llamadas “clases dirigentes” crean que pueden dirimirlo todo.

El documento de los líderes religiosos pide a los candidatos presentar con claridad y realismo sus ideas y proyectos.

Finalmente dicen: “Elegir autoridades nos pone frente a la inmejorable ocasión de entablar un diálogo acerca de nuestro presente y nuestro futuro, que represente la esperanza que tenemos para nuestro país. La cultura del diálogo como camino, el respeto del otro como conducta, y el tener dentro de cada proyecto a los que más sufren la pobreza y la exclusión como criterio y método, deben ser prioridades. No hay verdadera libertad sin fraternidad, y esta no se da sin la concreta realización de los derechos sociales”.

Los líderes religiosos nos invitan a reflexionar, dialogar y acordar las soluciones para “la pobreza estructural, el narcotráfico, la creación de empleo, el cuidado de la vida, la crisis ambiental, la educación inclusiva, la inflación, la reivindicación de los adultos mayores y la protección absoluta de la niñez”

Ninguna de estas cuestiones puede resolverse sin políticas de Estado que son las que se formulan sobre la base de un Consenso y que garantizan la continuidad mas alla de la alternancia, esencial para una verdadera democracia.

Por eso, usando las máscaras para convertirlas en una ecuación poderosa, votamos por un verdadero Consenso que es igual a Todos Juntos en torno a algunas cosas fundamentales. ¿Quién no lo puede entender?

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