TRABAJOS RUINES IV (Final)

Arte escénico.

LA BODEGA BOHEMIA

La conocí por el año 1963 situada en el corazón del famoso Barrio Chino de Barcelona, y debe ser la única parte de “corazón” que tenía porque en ella todo era pútrida entraña. Cómo es sabido la prostitución en Barcelona tiene una historia más extensa que su cristianismo y la Sagrada Familia. Su Zona Roja, como se suele llamar actualmente esos distritos, existió desde antes de la llegada de los romanos. Se dice que Barcelona fue fundada por el padre de Aníbal el gran estratego cartaginés, por el año 150 a.C.-  No es verdad, el poblamiento de ese puerto natural ya era notable en quinientos años antes.

Nápoles, Marsella y Barcelona son las notables sedes de la prostitución  del Mediterráneo. Sus barrios licenciosos nucleaban la vida delictiva de las urbes de manera que junto a la prostitución, había toda clase  de gente dedicada incluso a especialidades muy precisas de delitos. Punguistas, arrebatadores, sicarios, proxenetas, escruchantes, falsificadores, estafadores, y hasta academias del delito a las que concurrían tanto personas mayores como niños y adolescentes.

La Bodega Bohemia fue una especie decadente de cabaret,  music- hall, putibar y cafetería con la característica que en su pequeño escenario trabajaban artistas “más cerca del arpa que de la guitarra”, como se dice eufemísticamente.

Cantantes, imitadores, cupletistas, bailarinas flamencas, cultores del “cante jondo” que treinta o cuarenta años atrás habían llegado a acariciar las segundas o terceras filas de la especialidad, tenían un escenarios donde volvían actuar, con la misma ropa de entonces, los mismo maquillajes, los mismos tics actorales que había exhibido en su juventud; y treinta kilos más sobre sus cuerpos.

La entrada en escena era digitada por un cómitre, el hombre que camina por la estrecha pasarela entre los galeotes condenados a remar para mover las naves de guerra en el Medievo, y  persuadía  a los remeros de los beneficios de seguir el ritmo que marcaba con su inseparable látigo y su puntería en golpear.

Cuando uno de los artistas terminaba su ejecución, el cómitre dejaba pasar unos minutos y con leve movimientos de sus dedos llamaba a otro a escena, que hacía su número entre las risotadas, escarnio, algunos tirando monedas al escenario, falsos aplausos del respetable público. Yo estaba allí, tan desaforado como el resto, riéndome de estos pobres despojos humanos que se estaban ganando lo que necesitaban. Se podía prolongar la despiadada burla, llamando a estos caducos artistas a la mesa para invitarlos a tomar una copa, anís, cognac, y escucharle la historia de su pasada grandeza…

Con mi querido amigo Pablo, por entonces ambos treintañeros, invitamos a “Oh Gran Gilbert” de gastados 78 años a nuestra mesa para hacerlo hablar y  mejor burlarnos de él. Durante bastante tiempo Joao Massò y Gilbert, tal su verdadero nombre, fue la estrella de la Bodega, principal figura y atracción. “¿Y qué  quiere tomar Oh! Gran Gilbert,  le preguntamos cuando comenzaba su historia, anís o cognac?” Y el pobre nos contestó con humildad: “Gracias señoritos, pero prefiero un sándwich de mortadela… Pobre Oh! Gran Gilbert, simplemente tenía hambre

 Hambre a las 3 de la mañana, en el resumidero del Bario Chino, arañando los bordes internos del caño de desagüe de la vida, para que la corriente no lo lleve. Murió a los 87 años el 12 de septiembre de 1972. Cuando lo vuelva a encontrar le pediré disculpa por mi falta de respeto, pediré indulgencias especiales y antes que se haga de noche beberemos junto a Pablo unas copitas de Anís de Chinchón que nos debemos. La Bodega Bohemia cerró sus puertas en 1998 y en el año 2002 fue demolida.

Cantar en esas condiciones en la Bodega Bohemia en los años 60 del pasado siglo, fue un trabajo ruin.


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