Triángulo Norte de Centroamérica y mujeres migrantes en tiempo de COVID-19

OPINION. La emergencia sanitaria por COVID-19 exacerbó los factores de expulsión y, por tanto, las desigualdades estructurales en términos de género en el Triángulo Norte de Centroamérica (TNC), ubicando a las mujeres migrantes como una población vulnerada.


La situación de emergencia sanitaria por COVID-19 conllevó un sinfín de impactos negativos, tanto sociales como económicos y políticos. Ante un desafío desconocido e impensado, con un “enemigo invisible”, los gobiernos pusieron en marcha múltiples medidas para contener y frenar los niveles de contagio y propagación del nuevo coronavirus. La gran mayoría de ellas consistieron en restringir la movilidad de las personas. En un principio, a través del aislamiento social obligatorio y, posteriormente, mediante el distanciamiento social. Entre la paranoia, la excesiva información (hasta incluso desinformación) y las restricciones a la libre circulación, la vida social como la conocíamos se trastocó radicalmente.

El hogar, es decir, el “ámbito privado”, se transformó en el espacio donde se desarrollaba la vida social toda y, por tanto, la fusión con el “ámbito público” resultó inevitable. La exposición y el traslado del mundo privado hacia “lo público”, conllevó a una dinámica de convivencia omnipresente con todos los elementos que componen la socialización. La consigna era “quedarse en casa”. Sin embargo, no siempre era (es) un lugar seguro.

A nivel mundial, para las víctimas de violencia de género el encierro significó la convivencia permanente con su perpetrador/agresor. Pero particularmente en el TNC (Honduras, Guatemala y El Salvador) tuvo una escalada drástica, siendo una de las regiones con más cantidad de casos de violencia de género por cantidad de habitantes. Como bien informó la organización World Vision, el confinamiento y las dificultades socioeconómicas preexistentes en esta región centroamericana contribuyó en el aumento de la violencia doméstica y de género, incluyendo la violencia sexual.

En suma, en palabras de OCHA, las limitaciones ya preexistentes a la pandemia respecto del acceso a servicios básicos (cuidado médico, agua limpia, servicios legales, asistencia psicológica, entre otros) expuso aún más a las mujeres, niñas y adolescentes a mayores riesgos siendo que, en el contexto de pandemia, fue más complicado acceder a un lugar seguro y de apoyo. Varios de los ya pocos servicios de asistencia redujeron su actividad o han cerrado por las medidas sanitarias.

Esta coyuntura empujó a las mujeres, niñas y adolescentes a recurrir a “mecanismos de supervivencia negativos, (...), convirtiéndose en víctimas de la explotación sexual comercial, lo que las coloca en mayor riesgo tanto en términos de salud como de exposición a la violencia y explotación por parte de las pandillas” (World Vision, 2020; UNODOC, 2020).

Respecto a esto último, en los últimos años la inestabilidad política, la violencia y la inseguridad urbana ha incrementado significativamente por la toma de poder territorial de las pandillas (maras), el narcotráfico y el crimen organizado. Allí donde el Estado no está presente, es un espacio abierto para el control de estas organizaciones criminales. Si bien, durante la vigencia de las medidas sanitarias tuvo cierto retroceso, actualmente los valores y tasas de homicidio por muerte violenta se encuentran en escalas similares a los niveles pre-pandemia. De igual forma, este contexto de permanente inestabilidad e inseguridad, propicia el aumento de las amenazas (por ejemplo, por el cobro de “costo de guerra”) al interior de estos países, sino también en las rutas migrantes (Hiroko y Falcón, 2013; OIM; OCHA, 2020).

Frente a estos factores expulsión (pobreza, inseguridad, violencia urbana, violencia de género, inestabilidad política), muchas mujeres han decidido partir de sus países de orígenes para encontrar un lugar seguro fuera de estos. Sin embargo, una de las medidas sanitarias críticas durante la pandemia fue el cierre de fronteras, lo que incluyó limitación de vuelos comerciales, viajeros varados en todas partes del mundo sin posibilidad de regreso a sus países de origen que en algunos casos necesitaron repatriación oficials. Esto implicó la limitación de circulación de personas a un nivel nunca antes visto, por tanto, la migración per se.

Ahora bien, la violencia contra las mujeres se constituye como un continuum que permea otras dinámicas sociales y se suman a las causas sociales y económicas que motivan la migración del TNC. De hecho, las mujeres constituyen el 53% del total de la población migrante centroamericana, y de este porcentaje la mitad provienen del TNC. Y son en su gran mayoría primarias, lo que significa que migran por decisión propia, en solitario, asumiendo el rol de proveedoras respecto a la familia de origen (CEPAL, 2016).

En este  escenario de vulnerabilidad, existen otros factores de riesgos, tales como la desinformación, el desconocimiento de acceso a derechos, la indocumentación y la irregularidad de estadía en el país receptor. Esto posiciona a las mujeres, niñas y adolescentes migrantes en una situación de desamparo y más vulnerables a ser cooptadas por el crimen organizado y otras formas de violencia, tal como la trata de personas. Cabe señalar que, en base a testimonios de mujeres migrantes, les resulta muy difícil denunciar porque considerar que no tiene derechos o desconocen su existencia, así como tampoco conocen las garantías que los Estados deben proporcionar. (UNDOC, 2020).

Claro está, que las violencias contra las mujeres son complejas, multidimensionales y están enmarcadas en relaciones de poder desigual que permean todas las relaciones sociales y facilitan la discriminación de género y de carácter interseccional, tales como: discriminación por origen étnico, cultural, edad, estatus social y económica; y para el caso de las mujeres el estatus migratorio también es otro factor de discriminación (CEPAL, 2016). Esto se debe al rechazo xenofóbico, es decir, todo tipo de estigmatización y discriminación que sufren las personas migrantes en los países receptores. Por su parte, las mujeres migrantes padecen de limitaciones ante falta de atención adecuada en centros de salud y otros sistemas asistenciales vinculados directamente a las necesidades de aquellas (derechos sexuales y/o reproductivos, asistencia legal y psicológica en casos de violencia de género) (OIM).

Otra dimensión de riesgo para las mujeres migrantes en los países receptores es que, según OIM, representan el 74% de los servicios – especialmente, el trabajo doméstico – pero con altos niveles de precarización laboral e irregularidades. En suma, la gran mayoría de sus ingresos son destinados a sus familias que se encuentran en los países de origen. Lamentablemente, la emergencia sanitaria generó una crisis de empleo generalizada a escala global, lo que afectó críticamente a las mujeres migrantes. En varios casos, se volvieron dependientes de sus empleadores, alejándose más de los servicios de protección social.

Por otro lado, los altos niveles de pobreza del TNC imposibilita condiciones suficientes de saneamiento y, además, dado a las elevadas tasas de hacinamiento, limitó la capacidad de acceso a materiales de sanidad y protección (mascarillas y alcohol en gel). En suma, la sobrecarga de las tareas de cuidado debido al cierre de escuelas y la pérdida de empleos de tipo informales y/o irregulares, incrementó las horas que las mujeres ya dedicaban a este tipo de tarea. En síntesis, esta contextualización generó mayor inseguridad frente al virus, quedando expuesta las mujeres de manera desproporcionada frente a servicios de salud insuficientes, inaccesibles y saturados.

Por lo anterior, la dimensión del “género” es una variable altamente influyente respecto a los motivos para migrar. Sin embargo, las violencias de género persisten en todo el recorrido de las migrantes, es decir, no empiezan ni terminan en el país de origen, sino que continúan durante todo el proceso migratorio (ONU Mujeres, 2020, citado en CEPAL, 2020). Así, toda la ruta migratoria – tránsito, destino y retorno – está permeada de un marco de amenazas y vulnerabilidades que permean las experiencias de migración, integración e inserción laboral en los países de destino, vulnerando derechos de las mujeres migrantes.

De igual forma, mientras todos los factores de expulsión persistan en los países de origen, las mujeres del TNC encontrarán en la migración una “alternativa” para salvar sus vidas pero, como bien mencionamos, tampoco es una garantía.


Sobre la autora: Denise Sanviti es Licenciada en Ciencia Política, especializada en Relaciones Internacionales, Derechos Humanos y Género (UBA). Es Co-Coordinadora del Observatorio de Mujeres y Diversidades del CEPI-UBA y asesora en la Dirección General de Relaciones Internacionales y Cooperación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Se encuentra Maestrando en Género, Sociedad y Políticas (FLACSO).


BIBLIOGRAFÍA

Hiroko A. & y Falcón M. T. (2013). Migración femenina centroamericana y violencia de género: pesadilla sin límites. Revista del Centro de Estudios Interdisciplinario sobre Mujeres, Año XXI, Nº 22, 2013, pp. 75-86. Recuperado de: https://rephip.unr.edu.ar/bitstream/handle/2133/12200/Migraci%C3%B3n%20femenina%20centroamericana%20y%20violencia%20de%20g%C3%A9nero.pdf?sequence=3

Los riesgos adicionales de la COVID-19 para las mujeres migrantes, y cómo abordarlos. (s.f.). OIM. Recuperado de: https://rosanjose.iom.int/SITE/es/blog/los-riesgos-adicionales-de-la-covid-19-para-las-mujeres-migrantes-y-como-abordarlos

Observatorio de Igualdad de Género de América y el Caribe. (2016). Factores de Riesgo y Necesidades de Atención para las Mujeres Migrantes en Centroamérica, Estudio de actualización sobre la situación de la violencia contra las mujeres migrantes en la ruta migratoria en Centroamérica. CEPAL. Recuperado de: https://oig.cepal.org/sites/default/files/mujeres_migrantes_centroamerica.pdf

OCHA. (2020, may). HUMANITARIAN NEEDS OVERVIEW EL SALVADOR, GUATEMALA AND HONDURAS ADDENDUM: IMPACT OF COVID-19. Reliefweb.com. Recuperado de:   https://reliefweb.int/sites/reliefweb.int/files/resources/20200701_HNO_CENTROAMERICA%20ADDENDUM%20ING.pdf.

UNODOC. (2020). Abusados y Abandonados. ONU. Recuperado de: https://www.unodc.org/documents/human-trafficking/2021/Aggravated_SOM_and_Gender.pdf

World Vision. (2020, noviembre). Abordando el COVID-19 en las ciudades frágiles del Triángulo Norte de Centro América. www.wvi.org. Recuperado de: https://www.wvi.org/sites/default/files/2020-12/ESP_UrbanFragility%20Policy%20Brief_final.pdf.

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