Un Estado que sea política de Estado: recaudación y desarrollo, no son excluyentes

Tomar más impuestos, y redistribuirlos, a través del gasto público, permite que sectores vulnerables, al menos en la Argentina, obtengan más recursos y los vuelquen en un 100% al consumo.

Por Alexis Toscano, Julián Denaro y Hernán Herrera


Hay un sentido común instalado respecto de la lógica que debe tener la recaudación, basada en postulados neoclásicos, en donde se supone que al bajar los impuestos se agranda el ingreso disponible de los individuos para consumir, o bien que una menor demanda de dinero puede ayudar a bajar la tasa de interés. O, en el mismo sentido, que al tomar más impuestos del sector privado se está achicando el ingreso, y esto perjudica a la economía.

Estos postulados, inválidos a la luz de la experiencia argentina, se montan sobre la idea de que ya existe un óptimo de producción (pleno uso de los factores) y que cualquier mayor presión impactará en ese óptimo reduciendo la producción. Por supuesto, en la Argentina, pero también en la generalidad de los países en desarrollo, esto no se verifica así: no existiría tal cosa como la imposibilidad de producir más.

Tomar más impuestos, y redistribuirlos, a través del gasto público, permite que sectores vulnerables, al menos en la Argentina, obtengan más recursos y los vuelquen en un 100% al consumo. Porque cualquier unidad extra de ingreso que tienen estos sectores con necesidades insatisfechas, tenderá a volcarse al consumo. Asimismo, como se puede ver con claridad en el contexto de Pandemia, es el Estado, el que puede sostener, ayudar y reimpulsar al sector privado. Dicho de otra forma, una alta captación impositiva no es ni buena ni mala per se. La discusión es cómo se utilizan esos recursos. Los Estados siempre gastan enormes sumas del presupuesto en contrataciones al sector privado, la discusión en todo caso es si este gasto ha sido eficiente, es decir, si ha generado beneficios para el crecimiento de la Argentina, con inclusión y mayor producción.

Cabe señalar que los impuestos totales a los ingresos y las ganancias sobre PBI de otros países hermanos también nos superan (OCDE 2018): Uruguay 7,7%; Brasil 7,1%, Chile 7,5%, y la Argentina 5,1% del PBI. Convengamos entonces que existe margen para empujar la raya. Una sociedad más justa requiere un Estado involucrado en la coordinación de impuestos y gastos que la genere. No hay atajos.



Tal como se dice en los fundamentos del proyecto de Ley de Aporte Solidario y Extraordinario (y obligatorio) de las Grandes Fortunas:

Entre 2015 y 2019, los ingresos tributarios de la Nación disminuyeron 2,1 puntos porcentuales (p.p.) del PIB, en parte como consecuencia de la decisión deliberada de reducir los gravámenes sobre sectores de elevada capacidad contributiva. Por su parte, el gasto primario retrocedió 5,4 p.p. entre 2015 y 2019 (o más en la lectura consolidada), con un fuerte ajuste de partidas que son críticas para la salud de la economía y el bienestar de las familias. Los intereses de la deuda, en tanto, aumentaron 2 p.p. del PIB.

La estabilidad en el gasto es un valor en sí mismo, pero no alcanza con esa estabilidad, el gasto público, la política fiscal, hace a la independencia económica y es saludable que se expanda cuando se busca que la economía crezca o que se equilibre cuando la coordinación económica así lo demanda. No sólo el gasto público de Australia, Brasil, Alemania, Francia, Finlandia, o Uruguay, tienen un gasto más alto que la Argentina sobre PBI, además todos estos países tienen una mejor estabilidad en el gasto público sobre PBI. Estos temas no son menores, por cuanto más allá de la estabilidad es fundamental hallar el nivel óptimo de cada país. Por ejemplo, la Argentina muestra un gasto público consolidado (con los 3 niveles de gobierno: nación, provincias y municipios) que va de 32% del PBI en 2000 a 40%/ PBI en 2011, y de ahí a 46% en 2015. Estos 6 puntos de crecimiento fueron netamente defensivos y tuvieron un claro efecto en el cuidado de los beneficios sociales en un mundo convulsionado, y con el país en restricción externa. Pero esos 6 puntos no estuvieron acompañados por mejoras económicas o de productividad como sí los otros 8 puntos comentados. ¿Cuál es la importancia de estas descripciones? Al igual que todas las variables económicas, su virtud consiste en la coordinación y en la optimización del crecimiento. Por supuesto es fundamental comprender que a veces adelantar algunas sobre otras (tal el gasto consolidado entre 2012 y 2015) puede tener algún beneficio defensivo o expansivo, según el caso. También es cierto que adelantar variables cuando el resto no acompaña puede ser un desafío, según cada momento histórico.

A estas características, debe adicionarse que bajar el gasto siempre genera un ajuste, a veces puede ser compensando con una expansión en otra variable, pero la mayoría de las veces termina siendo pro cíclico sobre la caída de la economía. Entonces debe tenerse mucho cuidado en el momento en que se ajustará el gasto (si se considera que su nivel está adelantado, lo cual no debe medirse sino en función del volumen del flujo de dólares de la economía).

En este sentido Cambiemos fracasó en toda su política monetaria, cambiaria y de financiamiento, de modo que generó la peor volatilidad desde 1991, generando una caída tremenda en la calidad de vida de las personas, y la inversión de las PyMEs; asimismo esa misma deuda llevó al condicionamiento de la independencia para la toma de decisiones económicas.

En una economía escasa de recursos volcados a la inversión, el Estado puede suplir parte de esta incapacidad, utilizando coyunturalmente una mínima parte del ahorro de las grandes fortunas de la Nación. Recordemos que el actual Proyecto de Ley de Aporte Solidario y Extraordinario de las Grandes Fortunas, afecta a quienes tienen declarado bienes por un monto superior a los 200 millones de pesos, en base a su valuación fiscal, que en el caso de inmuebles como se puede comprobar en cualquier boleta municipal es apenas una fracción del valor real. Es por ello que este aporte sería efectuado sólo por aquellas familias que tiene garantizado su nivel de vida por varias generaciones. Pensemos que alrededor de 18 Millones de Argentinos integran familias que ganan igual o menos que la Canasta Básica de Pobreza, pagan el 21% de lo que ganan en impuestos, ya que consumen todo lo que les ingresa, y todo consumo paga IVA.

No es menor mencionar que durante la gestión de Cambiemos los impuestos totales no sólo bajaron en porcentaje del PBI, además impuestos a las ganancias perdieron 1,3 puntos de participación sobre PBI (datos según AFIP): el saldo de gestión fue una mayor regresividad impositiva.

De las casi 10.000 personas que serían alcanzadas por el gravamen solidario, obligatorio y por única vez a grandes fortunas, sólo 253 van a contribuir con la mitad de todo el volumen a recaudar. El 0,8% de los contribuyentes totales de la Argentina, que presentaron su declaración jurada del Impuesto sobre los Bienes Personales, tienen el 49% de los activos declarados de los argentinos. Es decir, el 0,02% de la población total de la Argentina. Si bien es por única vez, el impuesto o aporte, es sin dudas progresivo.

Para los sujetos alcanzados por este tributo la base imponible será determinada considerando la titularidad del 100% de sus bienes, independientemente de si estos están considerados o no exentos a los efectos de la Ley de Bienes Personales. Esto incluye los aportes declarados a trust, fideicomisos, fundaciones de interés privado y demás estructuras, participación en sociedades u otros entes de cualquier tipo.

El Destino de los ingresos adicionales de este aporte serán destinados a fortalecer al sector de la Salud frente a la pandemia (20%), Sector productivo MiPyme vía subsidios para sostener el empleo y las remuneraciones lo que permite a la vez sostener recaudación tributaria por canales habituales de aportes y contribuciones patronales (20%), al sector educativo mediante el programa integral de becas Progresar (20%), fortalecer al Fondo de integración Socio Urbana destinado a la integración de barrios populares (15%) y por último, y no menos importante, al sector energético cuya matriz argentina es mayoritariamente gasífera, para exploración, desarrollo y producción de gas natural (25% de los recursos obtenidos). Es decir, se utiliza dinero que está atesorado y se lo pone a trabajar en rubros esenciales para el cuidado y recupero de la Argentina.

Este aporte extraordinario no hace más que aportar un poco de justicia a nuestra sociedad en un momento muy complejo del país y del mundo en el que millones de argentinos y argentinas realizan un esfuerzo extraordinario en medio de la pandemia, en el contexto de ya venir bastante dañados desde el gobierno anterior (que, dicho sea de paso, justamente se abocó a hacer más ricos a los ricos). Pero esta pequeña cuota de justicia no parece ser suficiente, los argentinos y argentinas tenemos que iniciar una discusión seria sobre el sistema tributario argentino que simplifique y mejore la recaudación sumando progresividad al sistema, pero cabe señalar, que, para incrementar un nivel impositivo progresivo y estable, en un nivel acorde con el tamaño de la economía necesario para crecer, producir, e incluir cada vez más a grandes porciones de la población, posiblemente no alcance con un impuesto sólo a los stocks (riqueza) y debería analizarse también una estructura tributaria que en general sea más progresiva atendiendo los flujos (ingresos), que permitan un desarrollo sostenible de las capacidades de inversión del Estado y promoción del sector privado.

Defender este tipo de acciones, y promover mejoras de manera continua, amerita que lo dejemos por escrito.


Sobre los autores: miembros de Fundación para el Desarrollo Urbano Sustentable (FunDUS)

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