Un río en disputa: la recuperación política de la hidrovía del Paraná

OPINIÓN. El futuro del río Paraná precisa de un proyecto atravesado por una mirada estratégica, que lo revalorice económicamente respetando su entorno. Demanda que sea soberano, autónomo y humano en sus decisiones.


Se hace evidente que en estos días el futuro del río Paraná está en disputa. Hoy nuestra región está atravesada por una crisis mundial sin precedentes, que profundizó aún más la creciente desigualdad heredada de los últimos años de gobiernos neoliberales. Para afrontar esta situación, parece prudente establecer una visión estratégica, humana y participativa sobre cada bien común que tenemos como sociedad. 

El Ministerio de Transporte de la Nación resolvió esta semana prorrogar por 90 días el contrato de concesión que tiene hace 25 años la compañía Hidrovía S.A, un consorcio privado de capitales extranjeros y nacionales. El tramo licitado es sobre 1200 km de un extenso corredor de comercio por los ríos Paraguay y Paraná, que involucra su mantenimiento, dragado y señalización para garantizar su navegabilidad. A lo largo de este paisaje, es posible observar decenas de puertos exportadores y plantas de transformación de materias primas, que son transportadas sobre todo en embarcaciones de tipo barcaza. Para que podamos concebir la importancia que tienen estos ríos para nuestro comercio exterior, no hace falta más que mencionar que entre el 75% y el 80% de las exportaciones de granos del país se transportan por esta vía. 




Convoy de barcazas en el Río Paraná. Foto: Diario Diagonales


Durante el 2020 nos enteramos que no existían intenciones de reformular esta concesión, a pesar de las múltiples deficiencias que caracterizan todo este proceso. No parece casual que así fuera, ya que hace décadas existe una intencionalidad manifiesta de apartar estos debates de la consideración pública, para así poder seguir ocultando la constante concentración de poder de estos importantes actores de la economía. Uno de los promotores de poner sobre la mesa este debate, el Senador Nacional Jorge Taiana, estuvo presente este 28 de abril en un debate organizado por el Grupo de Estudio y Trabajo en Políticas Agropecuarias (GET-PA) de la Facultad de Agronomía de la UBA. En el mismo, aseguró que una de las deficiencias más marcadas de este periodo de concesión fue la falta de control sobre qué es lo que transita hoy por el río Paraná. A los productos agroalimentarios no declarados, se le suman todo tipo de ilegalidades. Sin ir más lejos, el 23 de febrero se incautaron 16 toneladas de cocaína en Alemania (alrededor de 1.500 millones de euros) que bajaron por la hidrovía argentina desde Paraguay. Otra de las aclamadas deficiencias que caracterizaron este periodo de concesión, fueron la ausencia total de estudios de  impacto ambiental. Los efectos de la infraestructura necesaria para garantizar la navegabilidad de las embarcaciones son de una importante magnitud, tanto para la naturaleza como para las comunidades ribereñas. Es imprescindible que bajo una mirada estratégica de apropiación de este recurso, se generen los estudios adecuados para poder diseñar un proyecto virtuoso que integre las necesidades actuales y futuras de las personas y del ambiente en el que viven. 

El negocio de la hidrovía genera nada más ni nada menos que 200 millones de dólares anuales por peaje a embarcaciones, a lo que hay que sumarle los subsidios que recibe del Estado. Parece mucho dinero, pero aún es mucho más: al no haber organismo de control, el contrabando y la subfacturación (entre otros métodos de elusión y evasión fiscal) son moneda corriente. Asimismo, si consideramos la falta de inversiones de la empresa concesionaria podemos pensar en un negocio que además de promover la concentración, está siendo desaprovechado. 

Por otra parte, el dominio sobre el río trasciende los beneficios económicos. Detrás de esta decisión, se determina en parte el modelo productivo del país: qué campo queremos desarrollar y con quiénes. Si estas herramientas económicas estuvieran en poder del Estado, podrían ser utilizadas para fomentar el arraigo rural y la diversificación productiva, promover un modelo alternativo y la desconcentración de la actividad. 

En el año 1995, la empresa Hidrovía S.A obtiene el control del corredor fluvial de la mano del ingreso indiscriminado de capitales privados a los servicios del Estado que caracterizó esta época. La entrega del contrato a una empresa privada en los ´90 fue representativa de una idea de país que no buscaba resolver problemas sino sacarselos de encima, otorgándole el destino de la sociedad argentina al poder económico concentrado. Hoy existen las herramientas para entablar un proyecto que responda a este tiempo y momento político. El vencimiento del contrato es una oportunidad única para discutir cómo queremos desarrollar esta vía de comercio regional e internacional, pero también para ser fieles a una Argentina que mire al futuro con ojos de pueblo. Nuestros recursos naturales están distribuidos geográficamente a lo largo y ancho del país, pero sus riquezas, sin embargo, se encuentran concentradas en pocas manos y mayoritariamente en las grandes ciudades. La participación de las provincias y de la diversidad de actores involucrados en el modelo productivo argentino en los beneficios que nos brinda el río es fundamental para romper con lo establecido durante los últimos 25 años y comenzar a saldar ciertas deudas con la sociedad argentina. 

Las concesiones privadas de licitaciones públicas son instrumentos útiles cuando los beneficios se alinean con la soberanía del país y contribuyen al bienestar de las personas, pero el mercado no tiene conciencia social. Que el Estado sepa qué entra y sale, cuánto se transporta y que sea un actor protagonista en la apropiación del río Paraná por parte de la sociedad, es el único camino para un uso racional de este bien común natural que tenemos los argentinos. Con la falsa excusa de que la administración pública no tiene las herramientas para encarar este tipo de proyectos, es que relegamos durante todo este tiempo lo que es nuestro. La participación del Estado es clave, tanto en las condiciones de licitación que se puedan hacer de las actividades de dragado y modernización, como en el acaparamiento impositivo de los peajes. 

Sin lugar a dudas, el futuro del río Paraná precisa de un proyecto atravesado por una mirada estratégica, que lo revalorice económicamente respetando su entorno. Demanda que sea soberano, autónomo y humano en sus decisiones, pero sobre todo, que fomente un desarrollo productivo nacional en búsqueda de satisfacer las necesidades urgentes de los sectores olvidados durante todo este tiempo. Debemos garantizar la recuperación política del río.


Sobre el autor

Federico J. Gutiérrez Molina es Estudiante de Ciencias Ambientales - UBA, realizando su tesis en conflictos sociales de la Provincia de Entre Ríos.



 

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