Una columna para la moda: derecho a vestir, una deuda social

Queride lector/e/a: te desafío a que salgas de tu casa, camines 5 cuadras -tal vez menos- y cuentes cuántas rampas hay al iniciar y terminar la vereda, dónde se encuentran y en qué condiciones están. Ahora te invito a que visites un local de indumentaria, te ubiques frente a los percheros, cierres los ojos y elijas una camisa de tu talle, de color negro y con botones metálicos...

La accesibilidad es un problema ignorado históricamente que se lleva por delante los derechos de las personas: una rampa inexistente o bloqueada imposibilita a una persona con movilidad reducida a trasladarse con tranquilidad hasta el quiosco más cercano sin temer por los autos que pasan haciéndole fino a la silla de ruedas o al bastón (acompañando el recorrido con bocinazos y gritos); imposibilita que padres y madres con cochecito puedan circular, y también ponen en una situación de total vulnerabilidad e inseguridad a personas mayores cuando tienen que ir hasta el banco o a la panadería del barrio y por temor a caerse demoran el triple del tiempo en llegar.

Vivimos en una sociedad inaccesible para muchos sectores, si hacemos “doble click” en las demandas de las personas con discapacidad y la accesibilidad en términos de indumentaria ¿con qué nos encontramos? Para profundizar entrevistamos a Florencia Santillán Ferrari militante feminista por los derechos de las personas con discapacidad, comunicadora social, escritora y autora de Maldita Lisiada y a Selediana de Souza Godinho Economista, Magister y Doctorada en Sociología.


¿Cuáles son las barreras que condicionan el desenvolvimiento de las personas con discapacidad en la sociedad?

Selediana: Cuando hablamos de barreras que impiden el desarrollo de una vida independiente, directamente nos referimos al derecho a la accesibilidad, que está íntimamente relacionada a la inclusión social. En muchos casos es la falta de acceso a diferentes entornos y esto genera prejuicio y discriminación.

A pesar del avance tecnológico, todavía la calidad de una vida más accesible parece restricta a las personas que siguen determinado “patrón”. Para ellas es más fácil acceder y utilizar objetos, circular con seguridad y tener autonomía en los espacios públicos, transportes, medios de comunicación, entre otros. Mientras tanto, para las personas con discapacidad todo esto es reducido, y consecuentemente compromete su participación social.

Por otro lado, la accesibilidad tan bien presentada en la Convención Internacional de las Personas con Discapacidad, representa una variedad de aspectos que engloban desde el acceso a un local hasta la identificación de las personas con discapacidad para tener libertad de realizar diferentes actividades en la vida cotidiana.

No se trata solo de las barreras arquitectónicas, de no poder circular por lugares con escaleras, o que algún transporte tenga las ventanas altas e impidan la visualización hacia el exterior, o mismo las puertas que son estrechas. Hay mucho más en la falta de accesibilidad en torno a la discapacidad. Hablamos de la barrera en la comunicación que le impide a la persona acceder a información, así como generarla. También la barrera en las actitudes y comportamientos de personas que por desconocimiento o intencionalmente imposibilitan el acceso. Por ejemplo: la persona que pone una maceta para decorar la entrada de un edificio, exactamente cerca de una rampa de acceso, el vendedor que ignora a la persona con discapacidad en su proceso de compra, o también quien ayuda a una persona con discapacidad a cruzar la calle sin antes preguntar lo que desea y si requiere de su ayuda; sin faltar, los que usan por pocos minutos el estacionamiento destinado a las personas con discapacidad... Estos y muchos otros ejemplos van generando barreras sociales que son procesos de exclusión, estereotipos, estigmas, entre otros conceptos que siempre dan vuelta en los grupos llamados “minorías”, así pasa en el escenario de la discapacidad.



Florencia: La sociedad en la que vivimos está regida por el capacitismo, que es la lógica o sistema que establecen cuerpos que valen más o menos, según las capacidades que tengan. Bajo esa lógica, mi cuerpo lisiado es un cuerpo que vale menos que el de una persona sin discapacidad. Esa barrera (el capacitismo) se reproduce en absolutamente todos los ámbitos que puedas imaginar. Entonces, por ejemplo, aparecen las barreras arquitectónicas, que hacen que las personas que usamos silla de ruedas, por ejemplo, no podamos entrar, permanecer y salir de lugares en igualdad de condiciones que el resto de las personas. Esas barreras arquitectónicas son las que hacen que si no hay una rampa, yo no pueda entrar a un lugar, o no pueda cruzar la calle. El capacitismo es la barrera macro, la "barrera de las barreras", porque de la mano de ese capacitismo aparecen las barreras sociales: cómo la discriminación (directa o indirecta), la falta de oportunidades laborales, la vulneración de derechos, entre otros.


¿Qué necesitamos cambiar como sociedad para garantizar la accesibilidad y ser una sociedad inclusiva?

Selediana: Considero que lo primero es escuchar y preocuparse por lo que le pasa al otro. Vivimos en una sociedad diversa en la que las prácticas sociales deben abarcar también a las personas con discapacidad, desde la dimensión individual y colectiva. El cambio sólo es posible con una ciudadanía plena y efectiva de los derechos y en igualdad de condiciones. Además, esta igualdad debe superar cualquier aspecto de raza, género y situación económica.

Florencia: Estoy convencida que el mejor camino es el cuestionar privilegios. Entender que ser bípedo/a, o ser una persona sin discapacidad te otorga privilegios que en nuestro caso son derechos vulnerados. Cuando vivamos en una sociedad que cuestione sus privilegios, sin duda estaremos construyendo una sociedad más libre y justa para todos, todas y todes.



Visibilizar la lógica capacitista también nos permite cuestionar eso que no está bien, o que deja muchas personas por fuera. Si estamos hablando de que hay personas a las que hay que "incluir" es porque evidentemente hay personas que están "por fuera" de algo.


¿Qué rol cumple la moda en configurar una sociedad inclusiva?

Selediana: La moda es un instrumento relevante en la inclusión social, es allí que reside la cuestión de la presentación social del individuo, como quiere ser percibido y/o influenciar a los demás. Principalmente, para las personas con discapacidad, la moda representa la valoración a los cuerpos diversos, donde también hay una necesidad de comunicarse por medio de sus prendas y objetos, la moda genera deseo de pertenencia.

Mientras tanto, se observa que, en la industria de la indumentaria con una parte significativa en moda, el colectivo de personas con discapacidad todavía encuentra mucha resistencia como nicho de mercado. Tanto los estudios direccionados a analizar y comprender las demandas y expectativas del mercado, las investigaciones en el campo de la moda, marketing, y consumo, así como los trabajos en el campo de la discapacidad, dejan afuera al individuo con discapacidad. Hay una vacante en la parte científica y académica, por lo menos en Argentina, que deja afuera a la persona con discapacidad como alguien que tiene el derecho a proponer cambios en la vestimenta, a buscar medios para la democratización de la moda y para el uso de una tecnología que posibilite autonomía en el acto de vestir.



¿Qué rol consideras que cumple la indumentaria como medio de expresión de la identidad? ¿el sistema de la moda incluye a las personas con discapacidad? 

Florencia: La identidad se construye de maneras muy interseccionales, y una de esas maneras es la vestimenta. Por eso hablamos, por ejemplo, de que la ropa no tiene géneros. Tiene que ser un derecho garantizado el que las personas podamos ponernos lo que queramos, y lo que elijamos.



No creo que tenga que haber ropa para personas con discapacidad, porque la ropa es ropa y deberíamos ponernos lo que se nos ocurra. Pero la realidad es que hay factores que la industria de la indumentaria no tiene en cuenta, cómo puede ser el cuello de una remera en el caso de las personas que autopropulsan su silla, o el largo de ciertas prendas que si usas silla de ruedas se enrosca; lo mismo sucede con las personas que usan sonda vesical y tienen problemas con los pantalones. Más allá de ciertas particularidades entiendo que la industria de la indumentaria o de la moda generalmente responde a la norma, es decir, a corporalidades hegemónicas y todo lo que no responde a esa norma, queda afuera en opciones, variedades, etc; es lo que pasa con los talles, por ejemplo.


Respecto a la Ley de Talles, ¿qué falencias detectas que dejan a las personas con discapacidad excluidas?

Selediana: La Ley de Talles infelizmente no contempla la persona con discapacidad, lo que es un gran error, pues no es solo una cuestión de tamaños, sino de diversidad. Esto implica que hay un público que utiliza una moda pensada para el otro, en algunos casos prendas grandes, sin calce, incómodas, que generan vergüenza y excluyen a los que no están en los patrones sociales aceptados.


Vestir es un derecho, a pesar de ello sabemos que no todas las personas pueden elegir qué ponerse ¿Qué barreras atraviesa la persona con discapacidad al momento de vestirse?

Selediana: Pensar la moda como un fenómeno sociológico implica visualizar algunas dimensiones básicas, muy bien referenciadas en la teoría, pero que no se aplican a la discapacidad. Es ahí donde se perciben estas dimensiones como barreras. La primera es la imitación de un determinado patrón o tendencia, esto implica “estar a la moda”, como parte imprescindible para seguir a determinado grupo, interactuar y establecer comunicación con los demás. Las personas con discapacidad no tienen la misma facilidad y posibilidad de hacerlo, no les resulta fácil encontrar prendas y accesorios o establecer una comunicación en el proceso de compra. Otra dimensión es la elección, donde el simple acto de no poder elegir, ya segrega a la persona quien no puede “adecuarse” a determinado estilo, imitar o buscar diferenciarse. La funcionalidad/comodidad, es otra barrera, muy presente, es muy probable que en el proceso de compra no encuentren prendas de su agrado, que sean fáciles de colocar y quitar de manera independiente. Para la persona con discapacidad las demandas no siempre atienden a las propias expectativas, consecuentemente, la prenda genera insatisfacción con la imagen, influyendo en la autoestima e incluso en la calidad de vida.

Florencia: Las barreras pueden tener que ver con alguna incomodidad para poner o sacar algo; algo que queda largo, corto o incómodo. No creo que por ser lisiadas, lisiados o lisiades tengamos que tener ropa "para personas con discapacidad". Empezaría con tener probadores en dónde entre una silla de ruedas, por ejemplo. Después si hay cosas que resulta importante tener en cuenta cómo mencionaba antes, pero quizás eso exista y siga sin cumplirse la ley de talles. Por ende, muchas, muchos y muches lisiades, van/vamos a seguir sin poder hacer uso del derecho al vestir.


¿Qué rol cumplen los medios de comunicación en la configuración de una sociedad inclusiva?

Florencia: Los medios de comunicación forman opinión y establecen parámetros. La mayoría de los grandes medios reproduce la lógica capacitista de la persona con discapacidad a la que hay que tenerle pena, o admiración. Hay que señalar eso, para cuestionarlo pero principalmente para modificarlo. Les lisiades somos mucho más que las capacidades que tenemos o que "nos faltan".



¿Qué estamos haciendo para construir una sociedad donde las diversidades realmente se contemplen? ¿Qué estamos haciendo como diseñadoras/es, como comunicadoras/es, como profesoras/es, como funcionarios públicos, como ciudadanos? Habitamos una sociedad diseñada por y para un puñado de humanos hegemónicos, restringiendo y cancelando aquellos cuerpos que no entran en “la norma”.

26 de noviembre del año 2020 y aún se inhabilita a las personas con discapacidad de gozar del derecho a vestir, arrancándoles la posibilidad de utilizar el indumento como medio de expresión, reflejo de la identidad, herramienta de lucha y espacio de pertenencia.

Necesitamos informarnos, escuchar, des-aprender y diseñar desde el conocimiento una sociedad que respete la diversidad y lo refleje en cada recoveco del entorno que habitamos.


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