¿Una persona, un voto? Por qué los votantes fueguinos pesan más que los bonaerenses

Las provincias envían diputados al Congreso Nacional en función de su población. Pero la composición de la Cámara Baja no se actualiza desde el censo de 1980 y una ley de la dictadura beneficia a los distritos más chicos.


Uno de los fundamentos básicos de la democracia es que una persona equivale a un voto. Sin embargo, este principio no se cumple en la Argentina. Dado el sistema actual, el voto de los ciudadanos de las provincias más chicas tiene un peso mayor que el de las provincias grandes. ¿Cómo y por qué se da este fenómeno?

La distorsión se produce por el modo en que se traducen los votos en bancas en la Cámara de Diputados. La Constitución establece que cada provincia elige tres senadores por provincia, con independencia de su tamaño. En este órgano, la sobre-representación de los distritos más chicos está prevista en el diseño institucional.



En la Cámara Baja, las provincias deberían enviar representantes en proporción directa a su población, pero eso no ocurre estrictamente. El artículo 45 de la Constitución indica que la Cámara de Diputados se compondrá de “representantes elegidos directamente por el pueblo” de las provincias y de la ciudad de Buenos Aires “a simple pluralidad de sufragios” y que, “después de la realización de cada censo, el Congreso fijará la representación con arreglo al mismo”.

El problema es que la Cámara de Diputados está conformada según el censo de 1980 y la “Ley Bignone” de 1983. Es decir, se quedó congelada en el tiempo con 257 diputados, reflejando la distribución demográfica de principios de 1980. Esa normativa fijó una relación de un diputado nacional cada 161.000 habitantes y además estableció tres diputados extra por provincia y que ningún distrito tenga menos de cinco legisladores. En la práctica, favoreció a las provincias más pequeñas.

Como resultado, los distritos grandes están sub-representados y los chicos, sobre-representados en la Cámara de Diputados. Buenos Aires es la principal damnificada del actual diseño electoral. La Provincia representa al 37% de la población total del país, pero sus legisladores representan solo el 27,2% del total (70 diputados sobre 257). En el otro extremo, mientras Tierra del Fuego tiene el 0,31% de los habitantes totales de Argentina, envía el 1,9% de los diputados.

Tomando el censo de 2010, un diputado de la provincia de Buenos Aires representa a 223.215 habitantes, mientras que uno de Tierra del Fuego, a 25.441. Córdoba elige un diputado cada 183.826 habitantes, y Santa Cruz a uno cada 54.792.


El fallo de la Cámara Electoral


En julio del 2018, la Cámara Nacional Electoral remarcó que el Congreso debía modificar la integración de la Cámara de Diputados para corregir la sub-representación de las provincias que más crecieron en las últimas décadas. La conformación actual de la Cámara Baja, sostiene el fallo judicial, desconoce las variaciones demográficas acaecidas en el país durante casi 40 años” y, por lo tanto, “resulta claramente anacrónica”.

Según el cálculo de la Cámara Electoral, con la conformación actual en Diputados, la más perjudicada es la provincia de Buenos Aires, que debería sumar 27 diputados para equilibrar la proporcionalidad en la representación de acuerdo al censo 2010. En segundo lugar, Córdoba debería sumar 6. Luego vendrían Santa Fe (4), Salta (4) y Mendoza (3).

El fallo de la Cámara Electoral señala que el Congreso tiene discrecionalidad para decidir cómo ajusta su composición. Puede elevar el número actual de diputados (hoy es de 257), o reducir el contingente de las provincias más sobre-representadas.

Paradójicamente, uno de los distritos más favorecidos por la falta de actualización es la ciudad de Buenos Aires, que tiene 25 diputados, pero le corresponderían 21 si se asignaran tomando en cuenta la población del censo 2010.


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