Victoria para Boris Johnson y el Brexit

Se confirmaron las predicciones y el primer ministro británico, Boris Johnson, logra una victoria enfática para el Partido Conservador, que resulta ser también una ratificación definitiva del Brexit.

Por Juan Pablo Ferrero

Se confirmaron las predicciones y el primer ministro británico, Boris Johnson, logra una victoria enfática para el Partido Conservador, que resulta ser también una ratificación definitiva del Brexit y el rechazo rotundo al programa alternativo de Jeremy Corbyn, líder del Partido Laborista. De este modo, Johnson pasa de comandar un gobierno de minoría con el que sólo supo acumular derrotas en el parlamento a uno de amplia mayoría (la mayor en 30 años) con el que podría hacer efectivo el Brexit a principios del año próximo.

Se trata de un momento histórico porque el resultado de la elección da un curso definido al nuevo lugar en el mundo que ocupará a partir de ahora el Reino Unido, apartándose del proyecto europeo donde jugaba un rol protagónico y acercándose más a los Estados Unidos con las desventajas que supone hacerlo como socio menor. Se cierra de este modo el debate sobre Brexit, monotema que tras el referéndum de 2016 dividió a la sociedad y dominó hasta el hartazgo la política británica.

Definir el curso del Brexit significa al mismo tiempo profundizar la demanda independentista escocesa, que votó por permanecer en Europa en forma rotunda. El Partido Nacionalista Escoces (SNP) aumentó su representación (obtuvo 46 de 56 bancas disponibles) lo que en la práctica lo convierte en el único partido político relevante en el territorio. Nicola Sturgeon, líder del SNP, apoyada en estos números, reafirmó la promesa de campaña de un segundo referéndum en 2020 (indyref2), lo que anticipa un conflicto constitucional sobre el cual las cortes deberán arbitrar y profundiza la distancia política entre Inglaterra, anti-europea, y Escocia, que quiere permanecer en la Unión Europea. Un dato no menor y que torna mas complejos los intentos independentistas escoceses es su pertenencia a la zona de la libra esterlina.

Jeremy Corbyn y el Partido Laborista recibieron una fenomenal paliza electoral, sumando la cuarta derrota al hilo. Entre los militantes se escuchan comentarios que van desde “fuck remainers” hasta “the end of history”. Lo primero refiere a cómo el Brexit funcionó como tema transversal tornando esta elección general en una suerte de nuevo referéndum sobre Brexit. Pero también habla del fracaso laborista en adoptar una posición clara a favor o en contra del Brexit. En efecto, Corbyn se declaró neutral y prometió un nuevo referéndum de ganar las elecciones. Por su parte, la idea del fin de la historia captura un sentimiento de profundo pesimismo que deja este viernes 13 acerca de las chances reales de éxito electoral de fuerzas progresistas no solo en el Reino Unido sino también en Europa. La propuesta laborista fue audaz porque propuso una estrategia para revertir las escandalosas desigualdades en un país rico. La esperanza que despertó en muchos sectores, sobre todo en los jóvenes que votaron en números record, resultó ser mas minoritaria de lo que se creía. Es el fin de Corbyn como líder del partido y habrá que ver cuánto queda en pie de corbynismo, el movimiento que desplazó exitosamente la influencia de Tony Blair y la “tercera vía” del partido.

Esta elección también significó una derrota para los liberales (Lib Dems) quienes, al contrario de los laboristas, hicieron del anti-Brexit su único tema de campaña. Ese potencial para representar a los pro-europeos se vio socavado por un sistema electoral que premia a los partidos mayoritarios, el fracaso de la campaña del voto táctico del que participaron Hugh Grant entre otros, y por un liderazgo visceral anti-Corbyn de Jo Swinson. Como resultado, la propia Swinson terminó perdiendo su banca en el parlamento poniendo fin a su brevísimo liderazgo partidario.

Por su parte, Boris Johnson y el Partido Conservador resultaron los grandes ganadores de esta contienda. Johnson construyó la victoria que no pudo lograr Theresa May (quien conservó su banca) hace dos años. Abrazado a Donald Trump, estableciendo puentes con el Brexit Party de Nigel Farage y con gesticulación nacionalista, aunque sin descuidar a los bancos y las élites, en contra de lo que muchos creían, Johnson logró doblegar a los moderados y tomar control del partido y de la agenda. A diferencia de Corbyn, pudo mostrar un discurso unificado sobre el Brexit, con el mentado “get the Brexit done”. Esta es también una victoria para el partido que en esta elección parece haberse convertido, por primera vez, en el partido de la clase trabajadora, tras penetrar la “muralla roja” del norte de Inglaterra, de histórica identificación electoral pero también cultural con los laboristas.

Para Bill Durodie de la Universidad de Bath, el resultado “es significativo porque confirma el referéndum de 2016.” Sin embargo, agrega, “el voto en esta ocasión fue más allá del Brexit, se trataba del futuro de la democracia misma, que, para muchos, se había convertido en el verdadero problema después de haber visto los intentos de tantos, incluidos los representantes parlamentarios elegidos, de frustrar la decisión original.” Tim Appleton, de la Universidad José Camilo Cela, coincide, “en el momento en que la izquierda deja de respetar los resultados de los votos democráticos (como era el primer referéndum), está perdida.” Para Charlie Lees de la Universidad de Flinders, “los votantes ya habían tomado una decisión sobre él [Corbyn]. Sus idas y vuelvas sobre Brexit le dieron permiso (a los remainers y leavers, pero especialmente a los leavers) para ir a otro lado [no votar laborista].” Para Peter Allen de la Universidad de Bath la elección sugiere un “rediseño significativo del mapa electoral”, sobre todo en lugares otrora considerados seguros para los laboristas, como Gales o el norte de Inglaterra.

Este resultado electoral confirma una tendencia mas general post crisis financiera global de 2009, evidente en el este de Europa y Estados Unidos y, crecientemente, en América Latina, de normalización de lo que hasta hace poco era considerado la derecha radical. El progresismo tiene la tarea urgente de volver a encontrar su alma, pero también sus mejores armas electorales para volver a competir por el poder.

#Integrante del departamento de Política, Lenguas y Estudios Internacionales, Universidad de Bath, Bath, Reino Unido. J.P.Ferrero@bath.ac.uk.

El lápiz verde