Vota España: cuatro incógnitas electorales

Por: Javier Cachés

Este domingo se celebrarán elecciones generales en España, la cuarta economía de la zona euro. Según todos los sondeos, el partido socialista de Pedro Sánchez será la fuerza más votada. Pero su permanencia en el poder no está asegurada: en los sistemas parlamentarios, lo importante no es qué partido gana sino qué bloque alcanza la mayoría para gobernar.

Dado el alto nivel de fragmentación partidaria y volatilidad electoral de los últimos años, cualquier escenario es posible, desde la continuidad de la socialdemocracia hasta la conformación de un gobierno conservador que integre a la extrema derecha. Hay cuatro grandes incógnitas que el 28 a la noche, cuando se terminen de contar los votos, empezarán a tener una respuesta.

¿Se cerrará el ciclo de inestabilidad política inaugurado un lustro atrás? Desde las elecciones europeas de 2014, España atraviesa una etapa de agitación. La crisis económica se tradujo en crisis política y se llevó puesto el orden bipartidista heredado de la transición democrática. Pero si el viejo esquema que surgió del Pacto de la Moncloa está muerto, el nuevo equilibrio de poder no termina de nacer.

El desgaste de los partidos tradicionales, la emergencia de nuevas fuerzas y la creciente polarización dieron como resultado un juego político imposible. En años recientes, España quedó atrapada en un clima de incertidumbre permanente: estuvo 10 meses sin poder formar gobierno, Mariano Rajoy fue investido gracias a la abstención del PSOE y, tras un mandato breve, terminó destituido por una moción de censura que depositó a Sánchez en el poder.          

Los sondeos anticipan que habrá, nuevamente, un Congreso altamente fragmentado. En 40 años de democracia, España nunca tuvo gobiernos de coalición. Toda una rareza en Europa. Ese tiempo parece haber terminado. La capacidad de superar el bloqueo político de Madrid dependerá en buena medida de la disposición de los partidos a pactar. A priori, dos potenciales bloques podrían alcanzar la mayoría. El PSOE de Sánchez aspirará a liderar un gobierno progresista con Podemos y el apoyo táctico de las bancadas nacionalistas vascas y catalanas. Por su parte, el triunvirato de derecha (Partido Popular, Ciudadanos, Vox) intentará replicar el acuerdo de Andalucía y formar gobierno a escala nacional. El primer escenario parece más probable que el segundo. Todo dependerá, en última instancia, de la aritmética electoral.

¿Cómo se distribuirán los votos en el electorado de derecha? En la década de los ´90, José María Aznar había logrado reunir bajo la etiqueta del PP a todo lo que estaba a la derecha de la izquierda: desde el neofranquismo hasta los reformistas moderados. En esta campaña electoral se asiste a la descomposición de estas familias ideológicas. El Partido Popular pierde hegemonía entre el votante conservador y se perfila para sufrir un retroceso notable de escaños legislativos.

El relevo de Rajoy por Pablo Casado dio lugar a una radicalización del PP. Con un discurso basado en valores morales y posiciones patrióticas más duras, el nuevo secretario general empezó a moldear un partido de derecha menos acomplejado y más intolerante. Algo parecido ocurre con Ciudadanos, de Albert Rivera, que cada vez refuerza más su componente conservador y nacionalista y atenúa su carácter liberal. El corrimiento a la derecha tanto del PP como de Ciudadanos se explica, en cierto punto, por la irrupción de Vox, el partido de Santiago Abascal que acusa a los izquierdistas de comunistas, a los independentistas de terroristas y a los inmigrantes de transgredir las pautas culturales hispánicas y occidentales. España era hasta ahora el único país grande de Europa que no contaba con una fuerza de extrema derecha con arraigo nacional. Desde este domingo, dejará de jactarse de ello.

El tercer interrogante gira en torno a Podemos. ¿Cómo impactará la guerra fratricida que protagonizó en los últimos meses su cúpula dirigente? El partido surgido al calor de las protestas de los indignados en 2014 atraviesa su hora más difícil. La formación de Pablo Iglesias, que supo fantasear en el anterior ciclo electoral con superar al PSOE y tomar el poder por asalto, detuvo su fase ascendente y hoy se prepara para ser, en el mejor de los casos, socio minoritario de la socialdemocracia. Según las encuestas, verá reducido su contingente legislativo a alrededor de la mitad. Entre otras cosas, la retracción electoral de Podemos desnudará el agotamiento del liderazgo centralizado de Iglesias.

Por último, ¿qué incidencia tendrán los comicios en la causa del independentismo catalán? La agenda electoral estuvo signada por el conflicto separatista. La campaña se desarrolló en paralelo al inicio del juicio contra las autoridades soberanistas. El modo en que se reconfigure el mapa de poder condicionará las negociaciones futuras.

Las principales formaciones políticas descartan reconocer cualquier curso de acción que valide la vía independentista. Pero en el medio hay matices. Un hipotético gobierno de Sánchez respaldado por Podemos incrementaría los incentivos para encontrar una solución negociada. El bloque de derecha, por su parte, pontifica la unidad de España y está resuelto a superar el desafío catalán con los palos y las togas. Mientras tanto, los independentistas apuestan a la fragmentación: en un parlamento de bancadas múltiples, pueden volver a ser claves en la conformación de mayorías. La división del poder de Madrid fortalece la posición del secesionismo catalán.

España acude a las urnas en un contexto de atomización partidaria, polarización e inestabilidad política. No es un caso aislado. Una dinámica similar se reproduce en gran parte de los países desarrollados. Bruselas examinará con especial interés el nivel de descontento y apatía ciudadana expresado en el proceso electoral español: puede ser un espejo que adelante lo que ocurra dentro de un mes a nivel continental, cuando se lleven a cabo las elecciones al parlamento europeo.

El lápiz verde