Washington y la apuesta al BID con la mira en Beijing

OPINIÓN. A nadie parece escaparle en Washington que ya no pueden continuar obviando la evidencia: sin una alternativa concreta, toda América Latina terminará inclinándose por Beijing.


Por Gonzalo Fiore Viani y Florencia Rubiolo


La decisión de Donald Trump de poner a Mauricio Claver-Carone a cargo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) parece ir en línea con sus preocupaciones de evitar un desembarco aún mayor de la República Popular China en América Latina. Sería la primera vez desde 1959 que un latinoamericano no estaría al frente del Banco. El BID, al ser un organismo financiero clave para los países latinoamericanos, detenta una posición estratégica que el gobierno de Trump no puede despreciar. De cara a un escenario extremadamente complejo en los países del continente a causa tanto de cuestiones estructurales como de la pandemia, el gobierno de Estados Unidos mira con preocupación que esto implique un fortalecimiento en los lazos de China con la región. El gobierno estadounidense avizora una crisis de financiamiento en América Latina que profundizará la disputa con China respecto de la influencia sobre los países del continente.

Existía una regla no escrita desde el final de la Segunda Guerra Mundial que establecía que el presidente del Fondo Monetario Internacional era un europeo, el jefe del Banco Mundial un estadounidense y el del BID un latinoamericano con un director ejecutivo designado por Washington. Al mandatario estadounidense, poco le importan las “tradiciones” en materia de política exterior.La decisión de Trump además frustra las expectativas del gobierno argentino y de su Secretario de Planeamiento Estratégico, Gustavo Béliz, que pretendía ser el nuevo presidente del organismo. No se trata, sin embargo, de un golpe contra Argentina, ya que Béliz goza de buena aceptación en el establishment estadounidense. La “vuelta a la doctrina Monroe, América para los americanos” de la que habla el ex Consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, en su polémico libro “The room where it happened”, parece retomar fuerza con este nuevo golpe de timón del presidente norteamericano.

La Casa Blanca no ha estado al margen de los desarrollos más recientes de la política china a nivel regional. Entre los pasos más contundentes y simbólicos de Beijing se destaca la Iniciativa de la Franja y la Ruta, también conocida como Nueva Ruta de la Seda, que puso pie en América Latina en 2018. El primer signatario de la iniciativa fue Panamá, y en la actualidad 19 países latinoamericanos han firmado su acceso a la misma. Argentina, Brasil y México figuran entre los aún reticentes a incorporarse de manera formal. Este proyecto es el corolario político a los múltiples y densos lazos que China ya consolidó con todos los países de la región.

En lo que respecta al sector bancario y financiero, la mega firma ICBC cuenta con gran participación en América Latina. La entidad bancaria cuenta con sucursales en México, Perú, Argentina y Brasil. Es con México con quienes tienen mayor actividad donde sólo en 2016, según datos oficiales chinos, el país latinoamericano exportó a los asiáticos bienes por una suma de 6 mil 713 millones de dólares, mientras que importó 74 mil millones de dólares. A su vez, la inversión del ICBC acumulada en Brasil según CEPAL es superior a los 300 millones. Su sucursal en Perú, aseguró un aumento de capital por 50 millones de dólares sumado al ya existente. En Argentina, sumado a sus filiales en las ciudades de Córdoba y Buenos Aires, la entidad bancaria abrió en 2018 una “sucursal inteligente” o “espacio digital full time”, ubicado también en Buenos Aires, donde todos los trámites pueden hacerse sin la necesidad de personal.

Uno de los núcleos de la disputa entre China y los Estados Unidos respecto de América Latina, es la batalla que se viene librando en Centroamérica y el Caribe. Aún quedan varios países en la región que reconocen a Taiwán: Honduras, Guatemala, Nicaragua, Haití, y los pequeños Estados de Santa Lucia, Belice, San Cristóbal y Nieves y San Vicente y las Granadinas. Sin embargo, teniendo en cuenta el nivel de financiamiento que los chinos son capaces de proporcionar, no habría que descartar que esta situación pueda llegar a cambiar en el mediano plazo. Convirtiéndose en un nuevo capítulo de la larga guerra comercial que el país asiático sostiene con los Estados Unidos.

Para tomar un ejemplo particular de la región: la inversión china en Panamá supera los 2,500 millones de dólares. Tan sólo en 2018 creció un 19%, mientras que se produjo un incremento del 6% en 2019. Esta se encuentra especialmente destinada a todo lo que tiene que ver con infraestructura y al sector financiero. El Bank of China, por ejemplo, está establecido desde hace más de 30 años en el país. A su vez, otras importantes entidades bancarias como el China Development Bank, el Exim Bank y el Banco Comercial e Industrial ya han establecido sus sucursales en Centroamérica.

El contexto de disputa entre los Estados Unidos y la República Popular China es amplio y no es de ninguna manera lineal. Se encuentra atravesado por una profunda interdependencia entre ambas potencias. En el escenario global y regional que se viene en el mundo pos pandemia, está claro que los países latinoamericanos se enfrentarán a una grave crisis de financiamiento. El gobierno de Donald Trump no está dispuesto a perder lo que consideran históricamente como su “patio trasero” a manos de su competidor más importante. A nadie parece escaparle en Washington que ya no pueden continuar obviando la evidencia: sin una alternativa concreta, toda América Latina terminará inclinándose por Beijing.

Sobre los autores

Gonzalo Fiore Viani es Abogado y analista político.  

Florencia Rubiolo es Investigadora Adjunta CONICET y Directora del Doctorado en Relaciones Internacionales, Universidad Católica de Córdoba. 


El lápiz verde